Crisis
Cuba al diván
El gobierno de Cuba debe saber que en la supervivencia se deben aprender tres cosas: cómo resolver los problemas, cómo proteger las vulnerabilidades y cómo aumentar los ingresos.

Cuba
Duele reconocerlo, Cuba vive momentos críticos. Peor que la crisis de los 90 con el desplome de la Unión Soviética. Literalmente se encuentra en las patas de los caballos, o sea, en el medio del conflicto geopolítico de un mundo tripolar, donde cada potencia busca beneficios: energía, metales, tecnología, crecimiento, control geográfico y menor confrontación si no les lesionan sus intereses.
El gobierno de Cuba debe saber que en la supervivencia se deben aprender tres cosas: cómo resolver los problemas, cómo proteger las vulnerabilidades y cómo aumentar los ingresos. Es decir, los conflictos y las pérdidas se deben resolver con un cerebro reflexivo, analítico, con juicio crítico y habilidades para vivir el presente, “el aquí y el ahora”.
Sin embargo, Cuba luce atrapada dentro del sesgo de normalidad, o sea, “intenta minimizar el impacto de algo que amenaza y confronta el sistema de creencias que han creado para encontrar sentido a sus vidas y conectar con el mundo actual”, visto desde la neuropolítica. Han preferido recurrir al pasado: “la resistencia sin sentido, la respuesta a la defensa y la confrontación de la “patria libre” “victoria o muerte” de las décadas de los 60.
Lamentablemente el mundo cambió, no hay ideología, ni internacionalismo, ni antiimperialismo, ni anticapitalismo. Existe libre mercado, competitividad, tecnología, apertura global, transculturación, inteligencia artificial, consumo y economía abierta para generar riqueza, exportación y niveles de confort en la vida contemporánea de un occidente hedonista, inmediatista y del presentismo social.
Lo que sobrevive cuba es una pobreza y una desesperanza, acompañada de una nostalgia de un pasado que cultivó una identidad y un espíritu de vivir la dignidad de ser libre y no ser desiguales. Pero las utopías, los paradigmas, las ideologías y cultura son dinámicas, cambiantes y frágiles como la vida misma.
La ayuda internacional no podrá mantener, ni sostener la crisis energética, el abandono de la agroindustria, el turismo, la manufactura, la exportación, la falta de divisas, la inversión extranjera, el crear empleo, riqueza, vida digna y desarrollo sostenible para los cubanos.
La ausencia de metacognición en la lectura del presente es continuar el discurso del bloqueo, pero Europa dejó de invertir, los asiáticos y parte de Latinoamérica no le interesa vender o hacer negocios debido a lo complejo y difícil de la política cubana frente a la inversión extranjera.
Si las autoridades cubanas se acuestan en el Diván, y a través de las palabras razonan, liberan todo lo del inconsciente colectivo, evacuan su dolor, su sufrimiento, su rabia y su ira; pero también dejar el pasado para enfocarse en el presente y estar dispuesto a “dejar ir cosas”, “dejar llegar otras” “cerrar procesos”, reflexionar para crear nuevas circunstancias, ser flexible, aceptar pérdidas, aprender a ceder y perder para ganar.
El desgaste de Cuba es multifactorial, las causales de la disfuncionalidad también son internas debido al dogmatismo, la visión vertical y el acatamiento social por la represión, la hostilidad y la persecución al disenso de los cubanos, donde la generación joven y adultos nacieron y se desarrollaron bajo el modelo de la revolución.
Nadie quiere ni desea guerra en Cuba, ni ocupación militar extranjera. A toda Latinoamérica le duele Cuba, por su solidaridad, su amistad y porque compartimos la misma historia, cultura, lengua y hábitos.
Los líderes inteligentes y sabios son los que saben llevar el barco puerto seguro cuando hay tempestad, antes que el barco se hunda.