Guardianes de la verdad Opinión

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JOSE BAEZ GUERRERO
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Después de votar, o de no hacerlo, será el dominó, el sancocho y los tragos, por más ley seca que se quiera imponer.

¿Y a quién se le ocurre un viernes en que no se trabaja sin el romito o cerveza que lubrica los festejos? Lo difícil será aguantar el calor, tan inapropiado para la ingesta de caldos calientes. Pero de que el sancocho va, va…

Desde pequeño he oído que el sancocho típico dominicano fue inventado para aprovechar la carne de res y los víveres, de modo que con poca cosa se pudiera alimentar a la tropa. A los oficiales se les daba la carne y a los soldados los víveres.

Es curioso que en otros países hay historias parecidas acerca de sus “ajiacos”, versiones distintas de un mismo invento.

Los franceses, que con merecida fama se consideran árbitros en los mejores asuntos de cocina, tradicionalmente han clasificado a las sopas en dos tipos, las claras, como el consomé, y las espesas, como las cremas de auyama o berro. Pero las espesas poseen varias otras sub clasificaciones, según cómo se espesen. A mi siempre me ha extrañado que, con tanto calor como tenemos en el verano, a los dominicanos no nos haya dado con comer gazpacho, como hacen los españoles para enfriarse al comenzar una comida, o sopas igualmente frías como la vychisoisse, una rica crema de puerrón, cebolla, mantequilla, crema y papas, que pese a su gálico apelativo, fue inventada a principios del siglo XX por un chef en Nueva York. Pese a que los dominicanos vivimos de espaldas al mar, una de las más populares sopas criollas es la de pescado.

Usualmente se hace con una sola clase de pez, pero bien pudiéramos desarrollar una “bouillabaise” criolla, añadiendo mariscos y otras delicias del mar. La bouillabaise es una sopa tradicional de Marsella, cuyo nombre es la combinación de los verbos “bullir” o hervir y “abaisar” o reducir, del provenzal antiguo.

Cuatro ingredientes indispensables para una buena bouillabaise son la rayadura de cáscara de naranja, el laurel, la albahaca y el azafrán. Hay tantas recetas como cocinas marsellesas, aunque el origen de esta sopa se atribuye a los griegos que fundaron Marsella seis siglos antes de Cristo.

En la mitología romana, Venus dio a Vulcano una bouillabaise tan rica que lo durmió, para así ella retozar con Marte.

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