El brujo y el aprendiz
BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Para su película «Fantasía» Walt Disney invitó al maestro Leopold Stokowsky a dirigir la orquesta en la composición musical del francés Paul Dukas, escrita sobre la balada «El aprendiz de brujo» de Johann Wolfgang von Goethe.
Aquella mujer que desesperada por la sequía encendió la gran cantidad de velas que entonces se compraba con dos pesos, terminó ahogada en su propia mágica religiosidad, en el célebre cuento de Juan Bosch. El pueblo dice con propiedad y experiencia: «el hablador y el cojo no llegan lejos sin ser descubiertos». Los norteamericanos acostumbran buscar un pretexto para justificar acciones que entienden odiosas y que serán objeto de rechazo.
Por eso volaron el acorazado Maine en la bahía de La Habana para iniciar la guerra contra España, quedarse con Puerto Rico y Filipinas y acogotar a Cuba con la enmienda Platt.
En 1965, los mismos yankis, dijeron que venían al país a salvar vidas, ante el incontenible Movimiento Constitucionalista que tenía en ese momento el respaldo de la mayoría del pueblo, de los militares y policías.
Ahora sabían que ya no había armas de destrucción masiva de las que ellos enviaron a su carnal Saddam Hussein para la guerra contra Irán, pero de todos modos invadieron Irak para jugar con el precio del petróleo y tener para sí los beneficios de los combustibles.
Dado que el hombre pone y Dios dispone, las apuestas pueden resultar buenas, cuando hay ganancias, o malas, cuando hay pérdidas.
A este gobierno le pasa como al aprendiz de brujo que convierte una escoba en criada para que eche el agua con la que limpiarán el laboratorio, pero al aprendiz no le habían enseñado cómo se paraba el agua y mientras más agua echaba más agua surgía.
Sí, el pueblo dice que: «a las tres es la vencida».
Lo primero: negar que el huracán George casi estaba sobre la isla y no abrir los refugios para que los pobres se alojaran debidamente. El gobierno sabía que George golpearía fuertemente nuestro país.
Lo segundo: no avisar a tiempo que la tormenta tropical Noel traía mucha agua y vientos fuertes que provocarían daños graves. El gobierno sabía que Noel golpearía fuertemente nuestro país.
Y, tercero, ante las aguas de la tormenta Olga dejar el desagüe de la presa de Tavera para cuando los resultados serían catastróficos, provocar un diluvio hacia Santiago y todo el llano que pasa por Villa González hasta Villa Vázquez y Montecristi. El gobierno sabía que actuar tarde provocaría una tragedia de proporciones mayúsculas, nunca vista.
El gobierno se muda para Santiago después de haber provocado la tragedia, después del palo dao, algo que no debió ocurrir de actuar a tiempo.
Ocurre como en la película de Disney que el agua se para cuando llega el brujo.
Lo peor de todo es la irresponsabilidad. Llegar al ritmo de aquel aire de la década de 1940 que dice: yo no sé nada/yo llegué ahora mismo/si algo pasó/yo no estaba aquí/que si me dijeron…
Cierto, usted no estaba allí pero ¿dónde estaba? Su obligación era prevenir. En ningún caso su obligación ha sido dejar pasar para luego actuar, eso se llama irresponsabilidad aunque ustedes no lo sepan o se hagan los chivos locos.
Lo cierto es que nadie sabe cuál es el límite de la maldad.