El desnudo en público: ¿Involución o evolución de la conducta humana?

desnudez
En la época primitiva los humanos se conducían bajo el régimen de algunos códigos de conducta y que por estar organizados en las tribus respondían a las condiciones climáticas y necesidades básicas de alimentación y protección del cuerpo. Para cubrirse en épocas de frio se las ingeniaban fabricando taparrabos, chaquetas de cuero de animales y de hojas de plantas. Las mujeres usaban las “naguas”, especie de delantal, mostrando sus senos al aire libre. En el caso de los aborígenes canarios, en tiempo de lucha iban desnudos para una mayor agilidad. Algunos usaban una media capa en la espalda confeccionada de tripas de cabra. La vestimenta fue adquiriendo carácter necesario según las épocas climáticas y el nivel cultural de las civilizaciones.
En la historia de la Edad Media el desnudo se caracterizó en muchas culturas tolerado por parámetros aceptables, para fines de escultura, pintura y estudio del cuerpo humano.
En la esfera de lo religioso algunos pasajes de la biblia condenan la desnudez o la retirada de una vestimenta del cuerpo, basados en contextos diferentes. En Levítico 18 (V.6-18), por ejemplo, e Isaías 20 (V.1-8). En algunos casos la desnudez aparece como castigo a aquellas personas que desobedecían las reglas. Jean-Claude Bologne, en su libro “Historia del Pudor” plantea que la carne es símbolo de vulnerabilidad, opuesta al espíritu, es la parte vil, vergonzosa del hombre, sede de la tentación y el sufrimiento y la muerte. La desnudez mostrada venía siendo un castigo basada en la humillación posar desnudo a un condenado, atarlo a la picota, es reducirlo a su parte sufriente. Los condenados aparecen desnudos frente a los alegres vestidos.
En la actualidad vemos en distintos medios de comunicación, en espectáculos y shows a los artistas nacionales y extranjeros utilizando atuendos ceñidos o poca vestimenta. Desde bikinis hasta posar semidesnudos y desnudos, mostrando el pecho, pubis y algo más. Las noticias se llenan de sensacionalismo mostrando las fotos de artistas internacionales como Miley Cyrus, Justin Beiber, fenómenos que han adquirido popularidad en un amplio sector de la juventud, así como artistas posicionados como Cristian Castro. A nivel nacional se muestra a las artistas urbanas Amara «La negra» y «La Materialista» con atuendos y bailes eróticos que muchas niñas y jóvenes imitan.
Ante estas conductas de la poca ropa o desnudez en público, podemos cuestionar la actitud, sobre todo en los jóvenes, viendo normal la exhibición del cuerpo sin atender a las reglas establecidas en el status quo de la sociedad. Intentamos entender por qué sujetos que han atendido a patrones de conductas generados desde el seno familiar por su trayectoria hasta llegar a la adultez, se rigen por los otros patrones comerciales y obvian la visión de lo permitido y lo no permitido quedando predominante las reglas que benefician sus intereses en contratos laborales. Un artista debe cumplir al pie de la letra lo que manda dicho contrato, ya que tiene penalidades a su falta. El deseo de fama y fortuna los obliga a aceptar “cambios” de imagen, de personalidad, estilo y hasta de visión del “ser”, es ajeno a su identidad. Deja de ser su “yo” para ser su “otro”, deja ser persona que denominamos “sencilla”. “normal”, obedeciendo a la creación de esa imagen que vende y se comercializa al público determinado que espera crear influencia y poder sobre el mismo. Ser aplaudido, alabado, e idolatrado es su meta máxima.
La idea del triunfo en el artista va estrechamente ligado al juego de la doble moral, al uso de poca vestimenta, de símbolos y objetos lo convierten en el estereotipo idóneo a imitar, o para competir en el mercado, deben de crear o inventar para mantener activo el público cautivo. El factor “imagen” tiene doble filo en aquellos jóvenes que quieren ingresar al mercado laboral y si no están bien vestidos ni tienen un historial de personalidad con reputación y prudencia, pierden oportunas posibilidades, independientemente de su nivel de preparación académica y de inteligencia.
El uso de la vestimenta sucede también en algunos miembros de la iglesia, sea de cualquier secta, es decir, utilizamos una determinada vestimenta cuando estamos en el templo y otra fuera para cumplir con las normas que se establecen en estas instituciones.
Lo legalmente establecido en público debe tener control en las autoridades responsables, pero por ejemplo, cuando estamos en la playa vemos extranjeros que toman el sol desnudo y semidesnudo. Para las autoridades esto pasa por alto, aunque el Ministerio de Turismo se haya pronunciado sobre el castigo cuando se promociona que la República Dominicana no es una isla de sexo y que la ley prohíbe la prostitución y castiga a las prostitutas, por eso quien vende turísticamente la isla como meta de sexo, ofende gravemente la imagen y la moral de la nación. Además advierte de que todo aquel sorprendido practicando actividades dolosas en el contexto turístico, será castigado severamente con todo el peso de la ley dominicana”. Aquí, si es un bañista criollo lo penalizan. Otra manifestación que se da respondiendo a los parámetros de andar desnudo es ser indiferente cuando se trata de una persona con problemas mentales.
Entender que somos sujetos libres como ciudadanos integrantes de la sociedad, regidos por patrones, adquiriendo unos hábitos y costumbres, nos llama a considerar que debemos aportar en la evolución de la conducta humana. Nuestros pensamientos, actitudes y manifestaciones deben poseer un grado de discernimiento de los principios éticos que se han transmitido de generación en generación como coherente y universal.
Nuestra conducta ante la desnudez no debería reñir en actos que provoquen distorsión, irrespeto a nuestro cuerpo y mucho menos al de los demás, respetando lo público como normativo en el orden de convivencia y produciendo elementos de reflexión sobre el rescate de valores que determinan las actitudes maduras, coherentes y responsables de la integridad física y humana.