Guardianes de la verdad Opinión

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Gran parte de la humanidad recuerda mañana la resurrección de Jesús, el que resucitó a Lázaro. El mismo Jesús que le dijo al paralítico “Levántate y Anda” y que pasó cuarenta días ayunando en el desierto antes de salir a su vida pública, en una especie de cuarentena como la que hoy nos mantiene paralizados por la pandemia que nos azota y las disposiciones adoptadas para combatirla.

Una pandemia cuyos daños se han magnificado por la falta de previsión: De un servicio adecuado de inteligencia sobre lo que acontecía en el mundo, de disposiciones para evitar contaminarnos y propagarlo y en la reserva de recursos para combatir un virus tan agresivo y vengativo que se lleva a quienes lo denuestan.

Esa imprevisión no puede repetirse ante posibles consecuencias económicas, sociales y políticas de la pandemia; previniendo que las consecuencias de la paralización de la actividad productiva que nos han impuesto, expresada en desempleo y disminución de remuneraciones, no sean peores que los de la pandemia misma; sin contar con los efectos sicológicos del confinamiento.

La OMT citó recientemente que el pasado mes se perdieron 200 millones de puestos de trabajos en el mundo. En nuestro país, al Ministerio de Trabajo anunció que la cesantía, apoyada por el gobierno con su programa FASE, cubrió la tercera parte (33%) de los empleos formales. Sumados al 57% de informalidad que incluye jornaleros y chiriperos, se concluye que el 90% de los puestos de trabajo quedarán postrados por las disposiciones adoptadas relacionadas con la emergencia y cuarentena.

El accionar gubernamental ha priorizado la línea social -mayor cobertura del asistencialismo y a proteger empresas y trabajadores de la cesantía – cuando lo pertinente hubiera sido evitar la cesantía y hacer menos necesario el asistencialismo.

Incluso, actividades productivas mas resistentes a las disposiciones gubernamentales, como la agropecuaria, pueden verse afectadas por la paralización económica via disminución de demanda y falta de mercado de sus productos, la mayoría perecederos, como consecuencia de menores empleos e ingresos.

El propio éxito de las disposiciones para evitar la propagación del virus se pone en riesgo por el desempleo/subempleo y falta de ingresos: ¿Resistirá una persona quedarse en su casa si no tiene como llenar los estómagos vacíos de los suyos?. Y si, aún teniendo dinero, no tiene como y donde adquirir alimentos y medicinas suficientes.

Debemos aplicar a la economía, desde ahora, para no caer en otra imprevisión, el imperativo del resucitado: “Levántate y Anda”

Mas aún por que el asistencialismo gubernamental es transitorio, dos meses, no pudiendo ser de otra forma dado los riesgos deficitarios financiados con emisiones monetarias; potencialmente provocadoras de devaluación/inflación que añadiría un componente a la crisis.

Las autoridades deben mirar la vertiente productiva. Que esas 40,000 empresas cesanteadas vuelvan a producir. Garantizar que nuestra agropecuaria tendrá mercado. Que nuestras industrias, incluyendo construcciones y zonas francas, encuentren fórmulas para volver a operar, organizando su producción evitando aglomeraciones y garantizando distanciamiento. Que nuestra infraestructura turística encuentre forma de reconvertirse.

Levantar y poner a andar la economía requiere accionares gubernamentales mas allá de las financieras y tributarias adoptadas, ciertamente atinadas.

Requiere de las autoridades abandonar ese espíritu de autosuficiencia y absolutismo que lo ha caracterizado al tomar unilateralmente sus disposiciones sin la debida consulta con las fuerzas activas de la nación. Y establecer mecanismos de concertación y cogestión conjuntamente con agentes productivos que han dado testimonio de iniciativas y espíritu de cooperación.

Solo así podremos evitar una imprevisión económica proporcional a la sanitaria.

Y levantarnos para andar hacia senderos que eviten consecuencias sociales y políticas peores que la pandemia.

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