En memoria de Lucas Castillo

Chichí de Jesús Reyes
Chichi de Jesús Reyes
El morir, cuando se ha ganado un poco de amor, es tan apetecible como vergonzoso e inútil es salir de la vida sin haber merecido, con la bondad y la solidaridad, el descanso de ella. Estas lapidarias palabras corresponden al apóstol cubano José Martí, y en ellas, precisamente, pensé mientras en la funeraria escuchaba los testimonios que sobre el amigo Lucas Castillo Peña, ofrecían familiares, amigos y compañeros de trabajo… y de tertulia.
¡Qué derroche de afectos, de cariño, de amor hacia esta persona! Cuánta admiración, aprecio, reconocimiento y respeto hacia este inolvidable compueblano, fallecido en la tarde del sábado pasado.. . Lucas era un ser excepcional, con una alta calidad humana, amigo, solidario y dueño de una envidiable vocación por la alegría, por la vida.
A la hora de abandonar el mundo terrenal era delegado ante la Junta Central Electoral por el Movimiento Cívico Renovador (MCR) que preside el general Radhamés Zorrilla Ozuna, con quien laboró en el Instituto de Estabilización de Precios (Inespre). Sencillo, humilde y defensor de los más débiles, era un ser inimitable que supo granjearse el cariño y las simpatías de cuantos le trataban.
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Mis relaciones con Lucas se establecieron en nuestro pueblo natal, Higüey, a principios de los años 70, cuando ambos hacíamos las veces de mensajeros. El en una oficina que en la calle Duvergé tenía la empresa distribuidora de carne Torito Dominicano, y yo en las oficinas legales del Notario Público, Manuel Emilio Mariñez, Adolfo Valdez Martínez y Adolfo Caraballo. Los vínculos se ampliaron cuando fijamos residencia en Santo Domingo, amistad que se mantuvo inalterable hasta la hora de su sentida muerte. Los restaurantes Iberia y el Boga Boga eran los puntos de encuentro que por largo tiempo mantuvimos.
Hermano, Lucas: qué orgullosos nos sentimos de haber disfrutado del rico privilegio de tu amistad y te aseguro que en los próximos días le diré a tu compañera Vivian; a tus hijos y a tus nietos que yo, desde afuera, pero de intruso en tu intimidad, sé que tú los adorabas.