Reflexión
¡Humildad!
En Santiago 4:6 se establece que Dios se opone a los soberbios y asigna su gracia a los humildes. La referencia remite a la condición humana y al valor de la cercanía, dándole con el látigo crítico a los que se resisten al trato directo.

Humildad
En Santiago 4:6 se establece que Dios se opone a los soberbios y asigna su gracia a los humildes. La referencia remite a la condición humana y al valor de la cercanía, dándole con el látigo crítico a los que se resisten al trato directo. Y en países como los nuestros, el ejercicio público tiende a distanciarse del ciudadano y, de forma poco saludable, instala una lógica de separación de la base social, profundizando una visión instrumental entre clase gobernante y electores. Aunque los tiempos difíciles ameritan una mayor amplitud y tolerancia, los gobernantes deben colocar los oídos en el corazón de la gente.
Por eso, la cercanía se torna esencial, y exige abandonar la errónea idea de que las mayorías políticas constituyen el pasaporte por excelencia para actuar con niveles de arrogancia que resultan alarmantes. De lo que se trata es de hacer útil la noción de mayoría electoral, habilitando fórmulas de cogestión y creando un ambiente de colaboración efectiva. El país está por encima de todos.
La apuesta al colapso como recurso del derribo político retrata una modalidad propia del siglo 19. Al final, pierde la nación, y de lo que se trata es de alentar vías civilizadas de mejorar sustancialmente el modelo democrático y transmitir al ciudadano que las discrepancias propias no pueden asumirse de obstrucciones malsanas.
Los avances democráticos no tienen punto de retorno. Por eso las apuestas por crecimiento económico, estabilidad, ocupación laboral, inversión extranjera, calidad salarial, transformación tecnológica, mejoría del modelo educativo deben estar por encima de las refriegas coyunturales. Y los eventos que incentivan discusiones inteligentes entre exponentes de los sectores políticos, sociales o económicos no pueden ser la excepción sino regla. Así, ganamos todos.
Desde una reflexión racional, corresponde observar los altísimos niveles de abstención y desdén de una ciudadanía que muestra poco entusiasmo por las opciones formales.
Es ahí que descansa el hastío y afán por una clase dirigente que se cree poseedora absoluta de la verdad.
Finalmente, se trata de abrir paso a modalidades que permitan estructurar consensos en temas de nación, manteniéndolos al margen de las pasiones que convierten el disenso en capital electoral.
El momento exige conciencia de las urgencias ciudadanas y de la necesidad de mejorar el modelo político. El ejercicio del poder demanda más humildad y mayor capacidad de comprender a los que piensan y actúan diferente.