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Qué se dice

Indignación colectiva

Sobre todo después de las declaraciones de la Ministra de Interior y Policía, Faride Raful, advirtiendo que el desorden “de muchos motoristas no puede seguirse permitiendo”. 

Deity Carlos Abreu Quezada

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Indignación colectiva.- Vistas las reacciones en medios de comunicación tradicionales y las redes sociales, como parte de la “indignación colectiva” que ha provocado la muerte en Santiago del chofer de un camión compactador de basura a manos de una turba de motoristas, cualquiera pensaría que esa fue la gota que derramó el vaso, que por fin habrá una respuesta firme y contundente desde la autoridad para ponerle coto a los desmanes de los motoristas y su privilegiada condición de chivos sin ley que no respetan nada ni a nadie. Sobre todo después de las declaraciones de la Ministra de Interior y Policía, Faride Raful, advirtiendo que el desorden “de muchos motoristas no puede seguirse permitiendo”. Pero en ninguna parte de esas declaraciones dice qué hará el Gobierno para someterlos a la obediencia de la ley, como al resto de ciudadanos y ciudadanas de este país.

”Tenemos que trabajar en la fiscalización para que las motocicletas se ajusten a las leyes. Nosotros hacemos un esfuerzo a través de la Digesett con la Policía Preventiva para que eso ocurra con el calibraje y con el tema de las carreras clandestinas, que los hemos logrado controlar”. Y es probable que eso sea verdad y que, ciertamente, han logrado reducir a su mínima expresión ese problema, pero esos mismos agentes no mueven un dedo para enfrentar la pesadilla cotidiana que representan los motoristas para los que andamos por esas calles de Dios poniendo a prueba el temple de nuestros nervios. ¿Por qué no los fiscalizan? ¿Por qué permiten que violen la luz roja de los semáforos delante de sus narices? Hace mucho que los motoristas se constituyen en turba, todos a una, cuando alguno de ellos sufre un accidente del cual, por supuesto, no tuvo la culpa sino quien no supo eludir su temeridad suicida, por lo que era solo cuestión de tiempo para que cruzaran los límites. Esta vez la lotería fatal “le tocó” al chofer Deivi Abreu Quezada, pero todos estamos en ese globo, Faride, mientras puedan burlarse de la ley y el orden sin ninguna consecuencia.

Sobre el autor
Claudio Acosta

Claudio Acosta

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