Inversión y despilfarro
Uno de los graves problemas que confronta el país es la confusa visión respecto de los términos inversión y despilfarro. Quienes guían el país, penoso es admitirlo, sembraron las desconcertantes concepciones que por estos tiempos encierran ambos términos. De ahí que por esta época se maquine crear otro banco destinado a darle apoyo a la agricultura. ¡Como si no bastase lo que existe!
La idea, ¡santo cielo! se gesta en el mismo Banco Agrícola de la República. Se entiende que éste debe funcionar, exclusivamente, como banca de financiamiento para deudores sin historial crediticio. O como banca pignoraticia sobre sembradíos y cosechas. Y esta idea es correcta. Lo terrible es que se piense en otro banco de primer piso. Éste habría de actuar frente a los empresarios agrícolas cuyos bienes de capital y sus sembradíos- sirvan de garantía a los préstamos que se les otorguen.
No estaremos, si los aficionados a la adopción acelerada de todo cuanto se proponga como novedad, sino asistiendo a la reedición del Banco de Desarrollo Agropecuario. Este primer piso ya existió, y fue sustentante paralelo del seguro agrícola. Hubo instantes de dificultades para conformar su consejo directivo. Bajo la nueva legislación bancaria, los integrantes de este consejo eran compromisarios penales y financieros de sus operaciones. No eran accionistas del mismo, pues era banco público. Y no siéndolo, y sujeta la gestión de la entidad a un decreto del Poder Ejecutivo, nadie quería asumir ese compromiso.
Tras una historia de escaso brillo, iniciada en el período gubernamental 1982-1986, debió ser adosado al Banco de Reservas de la República. De manera que, sin mayor pena ni gloria, casi sin que nos diésemos cuenta, este primer piso desapareció. En realidad no ha desaparecido, pues el Banco de Reservas otorga préstamos a inversionistas del sector agropecuario. De manera que, bajo el concepto de multibanca con que se nos cargan por estos tiempos numerosos gastos de los bancos, este piso existe.
Lo que debía existir, eso sí, es una clara concepción de lo que es el Banco Agrícola de la República. Y de las responsabilidades del sector público con la producción de bienes primarios para la alimentación, la industrialización y la exportación. Para ello, por supuesto, hemos de recuperar la visión conceptual del vocablo inversión sobre todo, inversión pública. Y deslindar los amplios terrenos que van del gasto de capital y su contraparte de los gastos operativos o corrientes, al despilfarro.