La temeridad del dominicano en la Restauración

Fabio-Herrera-Minino
Muchas veces el dominicano es por naturaleza temerario y casi nunca piensa con serenidad y por impulso actúa y logra sus objetivos que a veces lo benefician a él o lo perjudican cuando se trata de casos en donde se afectan los intereses nacionales.
Somos improvisadores por naturaleza y casi nunca nos percatamos de las consecuencias de esa conducta temeraria. Sin embargo, hasta ahora en el transcurso de la vida republicana, nos ha dado resultados con decisiones de actuar sin pensar los peligros que encierran determinadas acciones.
Desde el trabucazo de Mella hasta el levantamiento de Capotillo fueron eventos donde la desesperación de lograr la libertad para no estar ni sometidos a los haitianos ni a los españoles. Fueron movimientos hijos de la desesperación de vernos esclavizados por un pueblo tan salvaje como los haitianos y unos angustiados españoles buscando restaurar su orgullo de imperio ya en decadencia.
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Fue interesante el ver que un conglomerado humano, que hasta hacía seis años era enemigo jurado de los dominicanos, que se había independizado en 1844, para 1861 buscó el entendimiento para enfrentar al enemigo común que eran los españoles. Era el imperio español buscando reverdecer sus glorias, opacadas con los problemas que atravesaban en Cuba y otras partes del continente.
El territorio haitiano a partir de 1861 se convirtió en el refugio de los dominicanos cuando los españoles ocuparon el país en una desgraciada anexión promovida por grupos que no creían en la viabilidad de una nación dominicana libre y soberana. Desde el territorio haitiano los dominicanos tuvieron la base para sus planes e iniciar sus incursiones en contra de los españoles. Estos debían enfrentar muchos obstáculos principalmente las condiciones insalubres del territorio causante de cientos de bajas en las filas españolas diezmadas por todo tipo de enfermedades tropicales.
Los enemigos del 1844 se convirtieron en los aliados del 1861 ya que los haitianos temían que la bandera de España en la isla significaría un retorno a los tiempos que ellos habían eliminados en 1801 especialmente la esclavitud de tan nefastas consecuencias para ese país donde la negritud era predominante. Sin embargo, los dominicanos restauradores tuvieron su apoyo de los que años antes eran irreconciliables enemigos enfrentados en cruentas batallas donde los dominicanos por su impulso y temeridad aplastaron a los haitianos cada vez que intentaban llevar a cabo invasiones tumultuosas para recuperar lo que ellos creían era de su propiedad. Los dominicanos aplastaban las invasiones y rápidamente los derrotaban tales como en Las Carreras, 30 de marzo, Santomé o la Estrelleta eran derrotados en todos los lugares del suelo dominicano que quedaba bañado de la sangre haitiana con sus cuerpos atravesados por el machete dominicano o la lanza de los improvisados pero valientes soldados que supieron labrar el nombre de la temeridad y valentía del dominicano en los lugares donde corría la sangre de los combatientes.
Las invasiones haitianas al oriente de la isla española eran repelidas con un valor inédito de los soldados dominicanos improvisados que enfrentaban un cuerpo militar de tropas entrenadas por los franceses que para 1801 fueron expulsados del occidente de la isla después de una terrible masacre de la población blanca que le había dado riquezas notables a esos 20 mil y tantos kilómetros cuadrados que España les había cedido a Francia en 1697 mediante el llamado tratado de Ryswik .