La neurología y literatura moderna (2)
El pasado domingo comentamos una conferencia dictada por la neuróloga Marcia Castillo, donde relacionó la literatura con la neurología. Mencionó a Antonio Jobo Antunes (1942) escritor portugués, candidato al Premio Nobel de Literatura, quien es psiquiatra de profesión. En sus novelas, muestra numerosas insatisfacciones existenciales, principalmente en su primera obra Memoria de elefante, rechazando la acción de los psiquiatras carceleros y en su descripción de esos personajes decepcionados, muestra un estado depresivo.
Se refirió la expositora a la novela Tristana de Benito María de los Dolores Pérez Galdós (1843-1920), el mayor representante de la novela realista de la España del siglo XIX, quien escribió: Una vida llena de trabajo con una debilidad nerviosa y debilidad en los párpados. Solo podía abrir los párpados un poco y con dificultad. Apunta a varias patologías neurológicas, desde Miastenia Gravis, neuropatía o depresión. En la obra Alicia en el país de las maravillas, del inglés Lewis Carrol, son numerosos los síndromes neurológicos descritos, uno es conocido como Síndrome de Todd, en reconocimiento al psiquiatra John Todd, que lo describió en el 1955. Son síntomas que se expresan con trastornos complejos de la percepción visual, que incluyen: alteraciones en la forma (metamorfopsia), tamaño (macropsia), distorsión de la imagen corporal (macro y micro somatognosia, dualidad física o somatosíquica), se pueden producir en el contexto de crisis migrañosas, con drogas alucinógenas, con algunos fármacos, epilepsia, esquizofrenia y aneurismas cerebrales. Lewis Carrol, es el seudónimo por el que es conocido en la historia de la literatura Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), diácono anglicano, matemático, fotógrafo y escritor británico, él fue diagnosticado como epiléptico. Tal vez usó drogas mayores, pues las describe muy bien en el personaje del Sr. Dogson, al hablar del opio y las setas.
Mencionó a Charles Dickens, el novelista neurólogo (1812-1870) famoso escritor inglés, uno de los más conocidos de la literatura. Está enterrado en la esquina de los poetas en la Abadía de Westminster. Si usted visita Londres, no deje de ver su museo en la 48 Doughty Stress, en el corazón de Blomsbury; ahí está la mesa donde escribió a Oliver Twist y Nicholas Nickleby. Un anciano en un bar, con los ojos inmóviles, fijos, con una marcada retracción de los párpados como si estuvieran clavados en la frente, un volumen de voz muy bajo, movimientos lentos , sencillamente estaba describiendo un paciente con Parkinson avanzado. En su obra Los papeles póstumos del Club Pickwick escribió: Joe, el niño gordo, fluctuaba entre períodos de gran somnolencia y otros en que despertaba sólo para comer con gran gula. Es la clásica descripción de un paciente que padece el Síndrome de hipoventilación y obesidad, en los que hay una respiración deficiente, lo que conlleva a bajos niveles de oxígeno y niveles más altos de dióxido de carbono en la sangre. En la obra La pequeña Dorrit, el Señor Pancks: Un joven muy inquieto, produce con frecuencia vocalizaciones inapropiadas, que consisten en una voz inusualmente aguda o la emisión imprevista de gritos . Esta es la descripción del Síndrome de Gilles de la Tourette. Alude en David Copperfield, distonías y el síndrome de las piernas inquietas. Vemos cómo los grandes escritores, que han sufrido y observado las enfermedades, son capaces de estrechar esa simbiosis descriptiva entre literatura y medicina. ¡Maravilloso!