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Los hechos históricos manipulados

Los hechos históricos manipulados

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Eso de manipular los hechos históricos para la posteridad, no es exclusivo de nuestros escritores con ínfulas de historiadores, sino que es una constante que se extiende a los demás países de la Tierra. Muchas veces, se hace difícil desempolvar esos hechos reales de la maleza de los falsos, con que se han cubierto muchas proezas o fiascos humanos.

Y en eso de acomodar la historia, los intelectuales norteamericanos son apasionados con la manipulación de la historia, como lo fue el asesinato de John F. Kennedy y de aquel debate del ataque japonés a Pearl Harbour. Conociendo que los japoneses iban a atacar, el Gobierno de Roosevelt dejó que se produjera el holocausto para poder cambiar la opinión a los norteamericanos que, con su aislacionismo, no querían participar en la guerra en Europa contra los alemanes. Solo un hecho de tal contundencia, que arrasara con la vida de miles de soldados y marinos, dejando destruir la flota del Pacífico, era que Estados Unidos se pondría en pie de guerra y con una sola voz demandarían la declaración de guerra a escasas horas del ataque del 7 de diciembre de 1941.

Y así, hay muchas desviaciones de la verdad, que se oculta con malicia en las informaciones maquilladas que se ofrecen sin poder llegar a los documentos, que cuando caduca su tiempo de confidencialidad revela muchas verdades, pero siempre ocultan algo y parcialmente solo se puede reconstruir la historia.

Uno de los personajes más sobre estimado y laudado ha sido Desiderio Arias, que como dice José Báez Guerrero fue un vulgar bandolero, que a cada gobierno le armaba su guerrilla, exigiendo la compensación por sus hechos y se permitía rodear las oficinas gubernamentales para que le dieran su peaje millonario, aun cuando formaba parte en el gabinete de esos gobiernos de la época de Concho Primo; por sus continuas turbulencias se precipitó la ocupación norteamericana de 1916 hasta acabar asesinado por Trujillo.

Los hechos de los 31 años fueron acomodados por los historiadores complacientes de la era. Por igual, los hechos acaecidos desde mayo de 1961 hasta junio de 1966 han padecido las interpretaciones más variadas en que, cada quien, si es de formación marxista, acomoda los hechos de forma que la verdad se sepulte para siempre, enalteciendo personajes sin calidad para considerarse como apóstoles de la Patria. Queda como algo anecdótico y de difícil rastreo, para evitar que muchas heroicidades caigan en el descrédito o se diluyan cuando se descubren los beneficios que recibieron a cuenta de sus sacrificios por la Patria.

La madeja de la verdad ha sido acomodada en la historia reciente, tejiéndose en torno a dos períodos fundamentales de la etapa moderna, como fue el período después de la muerte de Trujillo en 1961, hasta el inicio del Gobierno de Balaguer en 1966. A cada momento aparecen libros muy bien escritos encerrando falsedades que se presentan como verdades para evitar el colapso de los falsos héroes. También hay escritores que se involucran en esos hechos como si fueran determinantes en los resultados, muchos de los cuales se hace difícil comprobar y se les acepta con una pisca de duda.

Y de esos hechos, los que más se han acomodado al gusto de los historiadores escritores y opinantes han sido los que rodearon al fracaso del Gobierno del profesor Juan Bosch. En esos hechos se evade y se oculta la realidad, surgiendo cada año nuevas heroicidades, surgiendo personajes alegando que estaban presentes la noche del 24 de septiembre de 1963, en momentos que el presidente Bosch estaba decidido a renunciar. Esa noche se les ordenó a los presidentes de las Cámaras Legislativas presentarse al Palacio a recibir instrucciones de una convocatoria de las mismas para la mañana siguiente, con el fin de conocer de la renuncia presidencial. El sector de los militares confabulados, al darse cuenta de los propósitos del profesor Bosch, acudieron a la oficina del presidente para comunicarle que estaba depuesto, detenido y mantenido en su despacho hasta que fue llevado horas después a una de las habitaciones del tercer piso del Palacio, y dos días más tarde fue embarcado para la isla de Martinica.

Sobre el autor
Fabio Herrera Miniño

Fabio Herrera Miniño

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