Guardianes de la verdad Opinión
Maribel y Antonio Espaillat salen de la audiencia con Miguel Valerio.

Maribel y Antonio Espaillat salen de la audiencia con Miguel Valerio.

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Lo que mal comienza mal termina, dice una conocida expresión, que si viene al caso aquí es porque hoy toca escribir sobre un sistema de justicia que cuando le toca juzgar los grandes casos de corrupción pública, esos en los que los millones de pesos defraudados al erario se cuentan por miles, se empantana, se “enchiva”, y no camina para alante ni para atrás. Y todo eso, gracias a un recurso del que abogados y jueces han abusado hasta el hartazgo: el reenvío. Que fue precisamente lo que ocurrió durante la primera audiencia del juicio preliminar contra los hermanos Antonio y Maribel Espaillat, acusados de homicidio involuntario en la tragedia de Jet-Set, donde fallecieron 236 personas y centenares resultaron heridas.

¿Causa de este primer reenvío? Por alguna razón que nadie se ocupará de verificar, el juez habría dejado de notificar la acusación a algunas de las partes querellantes, razón por la cual aplazó para el lunes 16 de marzo la celebración de la próxima audiencia. Eso motivó que algunas de las personas que se apostaron desde temprano frente al Palacio de Justicia, muchas de ellas familiares de las víctimas, empezaran a vociferar que ya empezaron las “tácticas dilatorias” para que el caso se olvide y quede impune. Es el momento de señalar que aunque ese fuera el deseo de los que hoy están sentados en el banquillo y sus costosos abogados, de lo que pasó en Jet-Set no nos vamos a olvidar nunca, simple y sencillamente porque hay dolores que duelen para siempre, heridas que nunca cierran y ausencias que trascienden generaciones. Pero solo los jueces lograrán evitar que esas “tácticas dilatorias”, que conocen muy bien porque llevan demasiado tiempo haciéndole el coro a sus promotores, consigan que ese caso no solo pase a la historia por la cantidad de víctimas y querellantes sino también por que a quienes tocó juzgarlo no supieron estar a la altura de las circunstancias; de lo que la sociedad dominicana, profundamente lacerada, esperaba de ellos: justicia.

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Claudio Acosta

Claudio Acosta

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