“Me pegaron porque me porté mal”

Tahira Vargas
El pasado 29 de septiembre se celebró “el Día Nacional de los Derechos de las Niñas y los Niños”. A pesar de que se ofrece información mediática y campañas sobre los derechos de la niñez, tanto en la familia, escuela, comunidad y toda la sociedad, los niños y las niñas no son considerados como sujetos de derecho y en muchos casos se tiende a identificar la conciencia de derecho como “rebeldía” o como “amenaza a la autoridad”.
El pasado sábado 27 de septiembre publicamos un artículo sobre el maltrato a niños y niñas en los centros educativos y su legitimación como forma de corrección.
Esta práctica tiene como uno de sus principales soportes las familias. Padres, madres, niños y niñas perciben la violencia física, verbal y psicológica presente en las llamadas “pelas” como algo “normal” y muchas veces “necesario”.
Niños y niñas en diversos estudios cualitativos en comunidades rurales y urbano-marginales justifican los golpes que reciben de las personas adultas si estos se producen como consecuencia de “malas conductas”.
“Uno se merece las pelas porque si uno se porta mal los padres tienen que pegarle a uno”. “Me dieron muchos fuetazos con una correa y yo me lo merecí porque me porté mal”.
En estas expresiones se muestra una tendencia a legitimar las pelas. Esta legitimación de las pelas en niños y niñas tiene implicaciones como las siguientes:
– Vulnerabilidad frente al abuso y a la violencia. El niño o niña que desconoce de sus derechos y se mantiene legitimando la violencia que recibe de padres/madres y de sus maestros/as se mantiene en un círculo de miedo que afecta su desarrollo integral y su capacidad para enfrentar situaciones de riesgo.
– Reproducción del perfil agresor y violento. Se observa a niños y niñas justifican la violencia reproduciéndola hacia hermanitas y hermanitos más pequeños.
– Inhibición del desarrollo del ejercicio ciudadano. Una persona que en su niñez y adolescencia no se hace consciente de sus derechos y deberes y no sabe diferenciar uno de otro, no logra exigir sus derechos frente al Estado y a otras instituciones y sectores de la sociedad y no integra el ejercicio ciudadano a su cotidianidad.
La violencia no tiene justificación de ninguna índole.
Lograr que la población infantil se empodere frente a sus derechos debe ser una tarea permanente del sistema educativo, el Estado y todos los sectores de nuestra sociedad.
Mientras nuestros niños y niñas sean víctimas de abuso y a su vez lo legitimen, el círculo de violencia se convierte cada vez más en una espiral que afecta a toda la sociedad.