Salud
Medicina: el futuro es hoy
El futuro es hoy; el ayer es antigüedad. La marcha acelerada del milenio nos obliga a redoblar el paso, al tiempo que vivimos conscientes de que la vida es un continuo aquí y ahora

Medicina
La revolución tecnológica y científica vivida en la última década no puede compararse con el ritmo del pasado, tanto en lo concerniente a las innovaciones como en la implementación de los nuevos descubrimientos. Un ejemplo de ello es la aplicación de la nanotecnología, tanto en las investigaciones diagnósticas como en los modernos tratamientos de enfermedades infecciosas, agudas, crónicas, degenerativas, neoplásicas, hereditarias, ambientales y otras de naturaleza mixta.
Los trastornos propios del embarazo, que involucran a la madre y al producto, pueden investigarse desde los análisis genéticos de los progenitores, la fecundación, la implantación y el desarrollo intrauterino del feto y la placenta, hasta el parto, el alumbramiento y el período neonatal. La lactancia materna, los programas de inmunización y las curvas de crecimiento de la niñez pueden monitorearse mediante algoritmos ajustados a los componentes hereditarios, ambientales y socioculturales.
Los bancos de datos y el uso que de estos hace la inteligencia artificial permiten predecir y manejar los males que puedan generarse durante el proceso vital.
Los patrones epidemiológicos de la pubertad permiten aplicar programas educativos preventivos de accidentes y trastornos emocionales, que suceden con mayor frecuencia en esta etapa de la vida. Los hábitos alimentarios, la actividad física, el manejo del estrés, evitar la contaminación ambiental y renunciar al tabaco, al alcohol y a las sustancias adictivas ayudan a reducir una enorme carga de afecciones que disminuyen la calidad y la cantidad de vida individual y colectiva. La educación debe ser un proceso continuo desde el nacimiento hasta nuestro deceso. Sabemos que las enfermedades resultan de la concatenación de una serie de factores orgánicos, sociales, ambientales y ecológicos.
Los chequeos anuales que incluyen examen físico, análisis de laboratorio, ecocardiograma, radiografías y evaluación emocional deben ser una rutina de vida. Generalmente, los males detectados en su inicio permiten un manejo exitoso con un restablecimiento completo de la salud. Las condiciones sociales de la persona, así como el ambiente laboral y familiar, juegan un rol fundamental en el mantenimiento de la homeostasis individual. El estilo de vida que la modernidad nos impone acarrea peligros que debemos tener en mente si queremos evitar el agotamiento físico, mental y emocional. Las horas de sueño y la calidad de este son de una importancia capital. Hoy sabemos que mientras dormimos se repara la estructura y la función cerebral. Dormir un promedio de ocho horas diarias se considera el tiempo fisiológico apropiado para un equilibrio óptimo de nuestro sistema nervioso central.
El abuso en el uso de pantallas de móviles y computadoras añade un nuevo mal en la era de la modernidad del siglo XXI. Desde los infantes hasta los adultos mayores, todos se ven afectados por el tiempo y la frecuencia con que pasan sus ojos y mentes fijos en los teléfonos inteligentes. El “scrolling” con el dedo sobre la pantalla del celular o de la tableta está convirtiendo en zombis a mucha gente. Psicólogos y psiquiatras tienen un amplio campo por investigar.
El futuro es hoy; el ayer es antigüedad. La marcha acelerada del milenio nos obliga a redoblar el paso, al tiempo que vivimos conscientes de que la vida es un continuo aquí y ahora. Las plantas y los animales no conocen el futuro; para ellos todo es hoy, aquí y ahora. La salud es un tema de vida o muerte en el presente.