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Nuevo gabinete: entre aciertos, errores y castigos

Entre los aciertos destacan Eduardo Sanz Lovatón en Industria, Comercio y Mipymes y Gloria Reyes en el Ministerio de la Mujer.

Palacio NAcional

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El presidente Abinader apuesta a la recomposición de su gabinete, lo que equivale decir decir, la renovación de su gobierno.

A veinticinco meses de las elecciones y a 28 meses de la toma de posesión de un nuevo mandatario, un mínimo error es mortal y un acierto difícilmente capitalizable políticamente. Es la naturaleza adversa de los segundos mandatos. Las personas están menos dispuestas a acreditar la versión oficial y tienden a asociar sus problemas y frustraciones personales –en una economía con un alto componente informal y que aún no retoma los niveles tradicionales de su crecimiento– con los problemas del país y personificarlos en los ostentadores del poder.

Entre los aciertos destacan Eduardo Sanz Lovatón en Industria, Comercio y Mipymes y Gloria Reyes en el Ministerio de la Mujer, pasaron la prueba de fuego al combinar la eficiencia con la transparencia; por eso permanecen y van a posiciones relevantes.

En cambio, Tony Peña Guaba –lamentablemente para el legado que pesa sobre sus hombros– debería replantearse sus objetivos. No queda claro si la salida de él y la entrada de Geanilda Vásquez en el Gabinete de Políticas Sociales será ir de Guatemala a Guatepeor o Guatemejor; el tiempo dirá.

Otras figuras como Mario Lama salen por la puertecita de atrás, seriamente cuestionado por su pésima gestión en el Servicio Nacional de Salud.

Ito Bisonó, con una gestión incolora en Industria y Comercio, hoy tiene la vara demasiado alta. Tan alta que desde ya su popismo –por no utilizar otra palabra por respeto a los lectores– le hará imposible superar. Ni en juventud, ni en eficiencia ni energía ni trasparencia superará la gestión histórica de su predecesor, Carlos Bonilla. Quien sale por la puerta grande.

Aquí quiero detenerme porque no estamos hablando de un hecho cotidiano, ordinario y común en la jungla política dominicana. En los países desarrollados los políticos agotan un ciclo en el poder o la oposición y luego regresan a sus quehaceres privados: la academia, la empresa, consejos de administración, consultorías, ONG’s, o cualquier otra actividad.

En República Dominicana donde el caudillismo está enraizado en los distintos estamentos sociales, los políticos se eternizan y cuando están en el ejercicio gubernamental tienen demasiados incentivos para seguir “subido en el palo”. ‹‹Es mejor estar arriba con presión que abajo con depresión›› suelen decir. Por eso valoro ese gesto de desprendimiento como un acontecimiento extraordinario el hecho de que una figura como la de Carlos Bonilla, quien logró transformar el Instituto Nacional de la Viviendas en el Ministerio de la Viviendas y Edificaciones; presentara su renuncia para dedicarse a su familia y regresar a sus quehaceres privados.

Uno de los pocos servidores públicos que puede exhibir con orgullo la creación del Ministerio de la Vivienda y Edificaciones. Récords en la construcción de más de diez mil nuevas viviendas y el mejoramiento de más de 58 mil.1,300 camas hospitalarias. Centros de diagnóstico y atención primaria. Hemodiálisis. Construcción de cárceles y obras deportivas. Centros regionales de la universidad autónoma de santo domingo (UASD); en fin, una obra que le dio sustento material al gobierno del cambio. Poner todo eso a un lado y no dejarse seducir por los cantos de sirena de las simpatías de su gestión que expresan las encuestas como uno de los funcionarios más eficientes es muy contrario a la naturaleza política de la fauna dominicana.

El ejercicio del poder tiende a deformar la psiquis, quien camina desde las alturas del poder observa una realidad muy distinta al que ve desde las gradas. Algunos le llaman el Síndrome de Hubris. Fíjense que por ahí anda uno que no lo han saciado ni tres períodos gubernamentales… Por eso mientras a los emperadores romanos se embriagan de sus victorias y le vociferaban desde el pueblo “ave César”, un esclavo le susurraba discretamente al oído “memento morí”, recuerda que eres mortal.

En definitiva, los cambios que no están exentos de errores premian la eficiencia y experiencia de algunos funcionarios, y también castigan la incompetencia, la imprudencia y el desparpajo de otros que han reprobado en su paso por el Estado.

Sobre el autor
Julio Alberto Martínez Ruíz

Julio Alberto Martínez Ruíz

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