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Celebre es el Telegrama Largo de George Kennan, quien, siendo jefe adjunto de la misión de su país en Moscú, envió este en 1946 al Departamento de Estado, proponiendo una política de contención del expansionismo de la Unión Soviética, propuesta que luego publicaría como artículo en la revista Foreign Affairs y que serviría de base a la doctrina Truman y el plan Marshall, iniciando así la Guerra Fría.

Guardando las distancias, porque ni somos la potencia estadounidense ni esta es nuestro principal adversario sino, muy por el contrario, nuestro más importante aliado político y socio comercial, podría decirse que “El regreso de Monroe: República Dominicana ante la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Trump”, un magnífico position paper de la autoría de Josué Fiallo, una de las cabezas mejor montadas de nuestro país en el campo de las relaciones internacionales, la diplomacia, las políticas públicas y el derecho público, debería tener el mismo impacto en la postura de la República Dominicana frente a la nueva política exterior de los Estados Unidos.

Confieso que he leído este informe partiendo del prejuicio de que, como dice Juan Rulfo, “no se puede contra lo que no se puede”. Y es que los dominicanos, hijos del Caribe, precisamente antillanos, que vivimos en esta “frontera imperial”, especie de “laboratorio donde los imperios ensayan su poder y su decadencia” (Juan Bosch), distrito municipal de esa América que, a su vez, es provincia de un Occidente que, en su originario solar europeo, hoy se ve abandonado por la nación líder de la histórica alianza euroatlántica, para la que somos su “patio”, no podemos hacer lo que no podemos hacer. Como no somos ni México o Brasil, tan solo podemos nadar hacia -y tratar de pasar por debajo de- la nueva ola Monroe, sin morir en el intento.

Sin embargo, Fiallo, de modo objetivo, realista y crítico pero positivo, ve no solo riesgos sino también oportunidades. Por eso postula continuar siendo un aliado y socio de Estados Unidos confiable y preferente, sin caer en el vasallaje, que conlleva miseria y humillación; permitir la inversión china en sectores no estratégicos; exigir compensación financiera donde desmontemos capacidades productivas por exigencias del gobierno estadounidense; impedir que el país sea “centro de procesamiento o depósito humano para deportaciones haitianas provenientes de Estados Unidos”; luchar por la extensión de los programas HOPE/HELP que crean empleos formales en Haití y disminuyen la presión migratoria hacia nuestros país; apostar desde el Estado y el sector privado por el nearshoring pero reclamando inversión estadounidense junto con la dominicana en nuestras infraestructuras (puertos, carreteras, redes); e institucionalizar un lobby estratégico de la diáspora dominicana para influir en las decisiones y los procesos electorales estadounidenses; entre otras propuestas.

Creo que este documento -que ya se usa para el entrenamiento del cuerpo diplomático de Bahamas, según leo en LinkedIn- será muy útil para el presidente Luis Abinader, quien mantiene relaciones excelentes con el presidente Donald Trump y su gobierno, y el canciller Roberto Álvarez, pragmático y profundo conocedor de los entresijos de Washington. Frente a Estados Unidos, de lo que se trata es, como afirma Fiallo, “decir ‘si’ con precio, y ‘no’ con argumentos”. Ganaremos el juego si logramos que nuestro aliado pague “el costo real de la lealtad que exige”.

Sobre el autor
Eduardo Jorge Prats

Eduardo Jorge Prats

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