Guardianes de la verdad Opinión
Rafael Acevedo Pérez

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Luego de que en años recientes las manifestaciones de las minorías Woke pusieran de manifiesto se hizo evidente lo que tiempos atrás ya se había denunciado: la penetración astuta y silenciosa de la ONU y otros organismos internacionales y estatales en grandes países. Lo cual no ocurrió en RD porque el oportunismo populista, el analfabetismo masivo, las miserias sectoriales y la poca vergüenza se apoderaron del Estado dominicano. Grupos internacionales de ilícito comercio. El incipiente crecimiento económico y, concomitantemente, el efecto demostración de nuestros compatriotas y familiares en New York, el consumismo se abrió paso a toda entre nuestras clases medias y populares. La multiplicación de los medios publicitarios hizo el resto.

El hedonismo, sibaritismo, epicureísmo y otras formas antiguas de llamar el placer sensorial asociado al disfrute y consumo de bienes, incluidos los más perversos, tiene una larguísima historia.

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La afición al deleite de consumir y otras conductas sensualistas, suele estar acompañadas de conductas socialmente irresponsables, psicológicamente perversas y hasta espiritualmente degradadas.

Pensadores cristianos de relevancia, tipo, Bill Graham, han advertido que el consumismo es una forma de ateísmo, o sea, a menudo inconsciente, se origina, alimenta o acompaña una falta de interés en el futuro espiritual. Similarmente en lo que respecta a su prójimo y al futuro de su país, de su sociedad.

El mayor causante ha sido la maquinaria propagandística del márquetin de productos de consumo masivo, abusivamente invasivo de los medios de comunicación, hoy día alimentados por la Inteligencia Artificial, diseñando modos cada vez más individualizados de la relación vendedor cliente, y, entre la necesidad y la oferta, con productos cada vez más cercanos a la satisfacción individual y exclusiva de cada cliente.

Este tipo de fenómeno suele acelerar el abandono de la búsqueda de significación y de conexión con la familia y con la vida espiritual.

El hombre actual ha estado demasiado a menudo siendo victimado por las redes sociales y sumergido en la anomia, embebido en la busca de lo que la sociología ha denominado “símbolos de estatus”, que le permiten a los usuarios o portadores de estos símbolos lucir, creerse y hacer creer que son poseedores de posiciones y roles sociales relevantes.

Desde la infancia, abundan las conductas similarmente adictivas y evasivas para los que no han conectado tempranamente con el amor paterno y familiar ni con la Inteligencia Espiritual, o con la Fe.

Manías infantiles como chuparse los dedos, morderse las uñas y muchos otros mecanismos de evasión y auto defensa, cuando no encuentran rutas más edificantes, suelen enganchar con el alcoholismo, la drogadicción y la hiper sexualidad.

Cuando se pierde el rumbo espiritual, el laborantismo, el activismo, el deporte y la religiosidad irreflexiva, que Robert Merton llamó “ritualismo”, desvían el sentido y objetivo de la conducta y derivan hacia prácticas y rituales carentes de finalidad, perdiéndose de vista el camino.

A menudo, ese es el destino especialmente de los que no han intentado o logrado enganchar con Dios, y han perdido el interés en la búsqueda. Un precio cruel, y demasiado alto.

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Rafael Acevedo

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