Luis Abinader
Presidente: ¡No acepte un tercer período!
Luis Abinader, en cambio, ha prometido no buscar otro mandato.

Luis Abinader
La evidencia comparada de la región muestra un patrón: la reelección prolongada tiende a tensionar la calidad democrática, incluso cuando llega por vía electoral. (Kellogg Institute For International studies)
América Latina ocupó un lugar central en la tercera ola de democratización. A partir de finales de los años 70, la mayoría de los regímenes militares y otros tipos de autoritarismos que dominaban la región fueron reemplazados por regímenes democráticos, o al menos electorales.
Se rumorea que se está gestando un movimiento para promover un tercer período presidencial para Luis Abinader. La justificación: el Partido Revolucionario Moderno (PRM) no tiene un relevo competitivo frente al seguro candidato opositor, Leonel Fernández, líder del Partido del Pueblo (FUPU). Pero esa excusa, disfrazada de pragmatismo, es el preludio de una peligrosa tentación: eternizarse en el poder.
Ese modelo de Balaguer, perpetuado mediante fraudes y reformas a la medida, fue replicado sin rubor por líderes como Leonel Fernández y Danilo Medina. Ambos intentaron abrir la puerta a un tercer período, con resultados divisivos y costosos para la institucionalidad. Incluso Hipólito Mejía admitió que fue un error abrir la posibilidad de reelección sin límites claros.
El politólogo Gedeón Santos lo advirtió en su artículo titulado: “Terceros períodos consecutivos y gobiernos fallidos” (Listín Diario, 16/01/2016): todo gobierno atraviesa una curva emocional con la ciudadanía —del enamoramiento a la frustración. Forzar un tercer mandato no solo desafía esa lógica, sino que acelera el desgaste, la desilusión y el riesgo de ruptura institucional.
En nuestro régimen presidencialista, el poder ejecutivo concentra una legitimidad directa que, sin contrapesos, puede derivar en caudillismo. La historia dominicana lo ha demostrado: Balaguer, con sus reformas a la medida; Leonel y Danilo, con sus intentos divisivos; Hipólito, con su arrepentimiento tardío. Todos, seducidos por el espejismo de continuidad, terminaron atrapados por sus propias ambiciones.
Luis Abinader, en cambio, ha prometido no buscar otro mandato. Ha dicho: “No volveré a ser candidato... es mi palabra, es mi compromiso y será parte de mi legado”. Incluso ha propuesto blindar la Constitución contra futuras reelecciones, para evitar el surgimiento de un “Trujillo del siglo XXI”.
Pero las señales preocupan. El eslogan “el cambio sigue” puede convertirse en un caballo de Troya. Si se usa como pretexto para otra reforma constitucional, se pondría en juego no solo el capital político acumulado, sino también la credibilidad de quien prometió ser diferente.
Presidente, no se deje arrastrar por el cálculo electoral ni por los cantos de sirena del poder sin fin. La historia no perdona a quienes, pudiendo retirarse con dignidad, optan por la puerta trasera. La verdadera grandeza está en saber cuándo decir basta.
Presidente Abinader, escuche la historia; no tiente su destino. La mejor forma de proteger su legado es cerrando esa puerta definitivamente. El cambio no puede ser una marcha electoral hacia el retroceso. El cambio debe ser una convicción democrática.
La consecuencia más frecuente es la erosión progresiva de la democracia, especialmente en sus dimensiones institucionales: separación de poderes, controles, pluralismo y competencia electoral. Esto se observa en los análisis regionales sobre la “tercera ola democrática” y sus retrocesos posteriores.
¡Presidente, no acepte un tercer período!