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Periodismo

Seamos como Edith Febles

Pero Edith, como las plantas de monte seco, crece donde la quieran arrancar

Edith Febles

Edith FeblesFuente externa

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Dicen en los campos que hay mujeres que nacen con un temple especial, como si en el tuétano llevaran una brújula que siempre apunta hacia lo justo. Y cuando pienso en ese tipo de mujer, la figura que me llega como estampita de un pueblo entero es la de Edith Febles, seibana de voz clara y corazón entero, que aprendió desde muchacha, en los pasillos humildes de Radio Seibo, que el periodismo no es oficio de relajo, sino servicio público, casi un sacerdocio laico que se ejerce con la lengua afilada y la conciencia limpia.

Edith es como esas matas de guayaba que crecen en los linderos: nadie las sembró, pero ahí están, firmes, dando fruto, aunque les tiren piedras.

La próxima semana trae dos efemérides hechas a su medida: el 9 de diciembre, Día Internacional de la Lucha contra la Corrupción, y el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. Y digo que parecen hechas para ella porque encarna ambos principios como pocas figuras en nuestro paisaje mediático: denunciar sin miedo y defender sin descanso. Por eso, desde el Consejo Nacional de Participación Ciudadana, del cual formo parte, aprobamos reconocerla. No por simpatía, que ella no milita en complacencias, sino por lo que representa: una mujer íntegra, periodista rigurosa y defensora inclaudicable de derechos, justicia y dignidad.

A Edith la conocí primero por el sonido de su voz en CDN Radio, y luego por sus trazos en El Caribe, en La Z101 FM, y en Grupo SIN. Pero la vi por primera vez en persona el 11 de diciembre de 2015, cuando descendía las escaleras tras despedirse de El Despertador, junto a Marino Zapete. Yo para entonces estaba coordinando la comunicación del movimiento social Poder Ciudadano, que organizaba las cadenas humanas, presencié aquella escena como el cierre de un capítulo en la lucha cívica. Esa dupla periodística había expuesto uno de los entramados más nauseabundos de la administración pública: las mafias de la OISOE.

La indignación creció tras el suicidio del joven ingeniero en la sede de esa institución, y el gobierno de Danilo Medina, sintiéndose cercado por la verdad, empujó la salida de esas voces incómodas del aire. Entre escalones y convicción entendí que Edith no retrocede: cambia de trinchera, pero no de principios. Y lo confirmó después, cuando destapó los concursos amañados de fiscales orquestados por el exprocurador Jean Alain Rodríguez. Aquellas investigaciones incomodaron al poder nuevamente, y en agosto de 2018 presionaron otra vez para sacarla del programa Enfoque Matinal en CDN.

Pero Edith, como las plantas de monte seco, crece donde la quieran arrancar. Hoy tiene doble salida diaria: dirige El Día por Telesistema Canal 11, y conduce La Cosa Como Es en el canal 45. Es una de las poquísimas mujeres negras en roles directivos de los medios dominicanos; una presencia que rompe techos sin pedir permiso.

Este año intentaron ensuciarla con campañas malintencionadas, queriendo empañarla junto a otros periodistas honrosos. Pero la gente no es tonta, sabemos cómo funcionan los malhechores: “al que le tumban la vuelta, busca cobrársela con quienes no entraron en contubernio”. Toda esa infamia solo recordó la importancia de su voz. Porque Edith desentierra cloacas, y las cloacas, cuando sienten luz, bombean lodo.

También encendió alarmas en el caso SeNaSa, revelando prácticas de clínicas, funcionarios y galenos que, bajo sacos bien plancha’os, actuaban como rateros de cuello blanco contra el erario y la salud de la gente más vulnerable. Gracias a su seguimiento e investigaciones, el país comenzó a entender quiénes han jugado sucio.

En un país donde demasiados aprenden a vivir mirando hacia otro lado, Edith recuerda que el silencio ante lo injusto se convierte en complicidad. Y que estas dos efemérides, la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos se junten en una misma semana no es casualidad, sino un recordatorio que visibiliza que hay quienes sostienen ambas causas con terquedad y valentía.

La labor de Edith abraza a mujeres, jóvenes y niñas; a campesinos, migrantes, empobrecidos y a toda persona que clame justicia. Su periodismo es un puente entre la verdad que duele y la esperanza que salva.

Celebro que contemos con una seibana tan auténtica como el mabí de su tierra, fuerte y reconocida por su calidad en los hogares dominicanos. Porque este país merece más gente que alce la voz y menos que agache la cabeza. Por eso, hoy más que nunca, seamos como Edith.

Sobre el autor
Ramón Stalin Montero Santiago

Ramón Stalin Montero Santiago

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