Guardianes de la verdad Opinión

Concesiones mineras

La tierra no se vende dos veces

San Juan no está protestando. Está avisando.

Aguas contaminadas presa de Hatillo.

Aguas contaminadas presa de Hatillo.

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Cotuí habló. Maimón habló. Loma Miranda habló. Hatillo habló. Bonao habló. Los Haitises hablaron. Ahora habla San Juan. Y la próxima provincia ya tiene expediente abierto en algún despacho.

La minería no nos ha hecho mejor nación, ni más ricos, ni más independientes. Nos ha hecho un país más frágil, más perforado, más desconfiado y acostumbrado a que le expliquen su propia desgracia en PowerPoint.

El oro se va en avión. La duda se queda bebiendo agua con la gente.

Ahora dicen que solo son estudios. Que el proyecto será subterráneo. Que será responsable. Que tendrá bajo impacto. En este país, muchas desgracias empezaron como estudio. Aquí todo es responsable antes de firmarse. Después nadie fue. Nadie vio. Nadie autorizó. Nadie sabía.

El funcionario se vuelve prudente. El empresario se vuelve técnico. El comunicador se vuelve patriota. Y el pueblo, como siempre, se queda con la factura.

Esto es una isla. Aquí no sobra nada. No sobra agua, ni montaña, ni tierra fértil. El que firma una concesión sin entender eso no negocia con una empresa. Negocia contra el territorio.

Sin agua no hay valle. Sin valle no hay comida. Sin comida no hay país. Y el que no entienda eso no está hablando de desarrollo. Está hablando disparates con corbata.

En mi propio barrio, de clase media, el agua no llega ni al tinaco. Vivimos contando cubetas como si estuviéramos en guerra. Como si almacenar agua fuera normal. La clase baja ni siquiera raciona, porque no tiene qué racionar. Eso pasa antes de la próxima mina. ¿Alguien hizo la cuenta de lo que viene después?

No me hablen de minería responsable en un país institucionalmente irresponsable.

Aquí todavía no podemos garantizar agua en los barrios, pero quieren convencernos de que podemos garantizar una minería impecable. No hemos podido frenar los camiones que sacan arena de los ríos. No podemos fiscalizar ni un colmado, pero nos piden fe para fiscalizar una minera.

Hay que tener una fe muy grande, o un interés muy claro, para vender esa película sin morderse la lengua. Fe no falta. Lo que falta es vergüenza.

Hay comunicadores diciendo que sin esa mina San Juan se muere. Como si los sanjuaneros llevaran siglos esperando un hoyo en la tierra para empezar a vivir. Como si la provincia que alimenta a media isla necesitara que le llegara una empresa a descubrirle el progreso.

San Juan no necesita tutores ni que le hablen como a menor de edad. Sabe lo que vale su tierra. Y sabe, sobre todo, lo que vale su agua.

El que defienda esa mina tiene una tarea sencilla. Que muestre la lista. La de pueblos dominicanos donde llegó la minería y la gente quedó mejor.

No con discursos. Con nombres. Con lugares. Con agua.

Esa lista no existe.

Un país que firma sin medir no negocia. Regala. Después le llama crisis a la factura.

San Juan no está haciendo ruido. Está levantando acta.

Cuando una provincia agrícola tiene que cerrar calles para defender el agua, el problema no está en la calle. Está en el despacho.

La tierra no se vende dos veces.

Primero la vende el funcionario.

Después la paga el pueblo.

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Gabriel del Gotto

Gabriel del Gotto

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