Trump y su arma más letal… aranceles

Ronny de la Rosa
El 2 de septiembre de 1945, al firmar Japón la carta de rendición, culminó uno de los episodios más fatídicos de la historia reciente, poniendo fin a la Segunda Guerra Mundial, pero iniciando así, otros ciclos importantes, como el de la Guerra Fría (1947) o incluso el uso de aranceles como arma de intimidación.
El periodo de finales de los años 40 sentó las bases para un ciclo de estrategias geopolíticas y desconfianza total, entre dos bloques: el primero, liderado por Estados Unidos (Occidente); el otro, por la Unión Soviética (Oriente), frentes que, aunque pelearon juntos, jamás llegaron a gustarse uno al otro.
Sin embargo, como compartían la gloria de derrotar al enemigo común, tras la caída de la Alemania Nazi de Adolf Hitler, estaban obligados a convivir en una especie de “fraternidad forzosa”, que décadas después, ha dejado sus huellas en la alta diplomacia mundial.
La Guerra Fría se caracterizó, entre otras tantas cosas, por el uso constante de tácticas de persuasión como estrategia política; algo así como utilizar a Arnold Schwarzenegger, en sus tiempos de juventud fisicoculturista, para enfrentar una turba de enanos… todos lo piensan para atacar al más grande y eso le da cierta ventaja, aunque en ocasiones esa fuerza sea producto de esteroides.
El estratega chino Sun Tzu, por su parte, cientos de años antes, plasmaba en su libro El Arte de la Guerra, una frase que resuena en las estrategias diplomáticas en nuestros tiempos y que ha sabido acuñar a la perfección el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump: “Lo supremo en el arte de la guerra, es someter al enemigo sin luchar”.
Basados en esa premisa beligerante y actualizándose a nuestros tiempos, el inquilino de la Casa Blanca ha encontrado una herramienta más potente que un misil, un arma tan poderosa, que tiene de rodillas, incluso, a sus íntimos amigos europeos.
Aranceles… Porque hablar de aplicar alzas en las tarifas de productos importados, hace que cualquier país se detenga a escuchar las directrices del presidente Donald Trump, ya que, de no seguirlas a cabalidad, pudiera recaer sobre ellos el látigo de la venganza.
El presidente estadounidense ha encontrado una forma elegante de forzar el juego a su favor, aunque esto no le funcione igual frente a su némesis, un gigante llamado China, que solo ha hecho crecer y crecer en los últimos 60 años.
Aunque muchos han criticado la imposición de una tarifa base de un 10% y otras adicionales para sus “enemigos”, que alcanzaron un límite total de un 140% (si se suman los aranceles anteriores), en el caso específico de Pekín, la realidad es que ha logrado contener otras amenazas externas, que afectan sus políticas internas.
“¿No vas a recibir tus inmigrantes? 35% de aranceles para ti; ¿Vas a cooperar con China y Rusia?, 25% adicional para ti; ¿No vas a mostrar tu apoyo público a mi gestión? A ti te pondré otro 25% más” y así, se reparte el pastel impositivo.
Pero ¿qué sucede con países emergentes tradicionalmente aliados?
Para ellos, aunque aplique el 10% global, dependerá de qué tan fuerte es su vínculo con China, o que tanta presión ejerce sobre su gestión.
Este lunes afiló sus colmillos contra los BRICS, el grupo multinacional conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a quienes ve como una amenaza real, que ha incrementado su esfera de influencia, acercándose a aliados históricos de Washington.
“Cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS pagará un arancel adicional del 10%. No habrá excepciones a esta política», amenazaba Trump, justo cuando los miembros de este bloque realizaban una cumbre en Brasil.
Esto es un claro mensaje de que le incomoda el crecimiento de este bloque, que representa, en términos generales, cerca del 39% de la población mundial (35% solo entre China y la India) y alrededor del 35% del PIB global.
A esto se le suma la incorporación de entidades bancarias destinadas a financiar proyectos, necesarios para países en desarrollo e incluso en grandes potencias, aunque en ocasiones representa un caramelo envenenado.
Sin embargo, Washington tiene muchos más frentes abiertos, pero al menos de momento, los aranceles como arma amenazadora le otorgan las llaves a Donald Trump para hacer que los demás negocien bajo sus condiciones, lo que aumentará su hegemonía y por supuesto, su esfera de influencia.