Un liderazgo naïf

Un liderazgo naïf
Cuando una persona de cualquier esfera social crea propuestas generadoras de cambios estructurales para su país, esa figura de innovaciones se convierte en un símbolo de influencia y en un modelo a seguir; de repente, es más que un líder, ahora es un modelo de inspiración.
El papel de un líder no es actuar como un payaso, haciendo reír a los demás para aumentar su popularidad, su prioridad es generar confianza y cambios en su entorno.
Un reformador, activista o visionario que ejerza su papel de forma estricta debe estar dispuesto a ser tildado de naïf, de ingenuo o de tonto. Cada líder debe estar dispuesto a pagar un precio muy alto cuando actúa de forma responsable y consecuente, al tejer una real transformación para su contexto social. El liderazgo de Estado (liderazgo político), los líderes religiosos y los empresarios deben tomar una posición vertical y decisiva para resolver los problemas que hemos arrastrado desde el período Post Trujillista; y para eso, necesitamos líderes naïf, que se muevan basados en el interés común, que sean creíbles y que puedan creer que los cambios son posibles y necesarios.
Necesitamos retornar al liderazgo vocacional, y esquivar de forma tajante las acciones dañinas que ya se han incorporado a la cultura dominicana. Debemos volver a una ingenuidad intencional. El término ingenuo en francés es naïf y en inglés es naive, y realmente lo que significa es una persona espontánea, sincera, hasta cierto punto transparente; ser naïf no es ser tonto o ser imbécil; los artistas plásticos del movimiento naïf a veces carecen de formación académica, pero sus obras poseen el mismo grado de aceptación y generan un sentir de tranquilidad interna. Debemos extrapolar esa realidad artística a esos que ejercen un liderazgo en la sociedad dominicana. Estamos sediento de un liderazgo naïf (ingenuo), que tome decisiones basada en una vocación de servicio, cuando actuamos de forma sincera, espontánea y hasta casi románticos e imaginativos nos convertimos en líderes transformacionales, porque comenzamos a ver más allá de lo cotidiano, de lo común y de lo vulgar. Ver un poco más lejos nos ayuda a entender los procesos caóticos que venimos arrastrando durante décadas; podemos citar casos como el congestionamiento en las ciudades más pobladas. También podemos señalar el abandono de muchos municipios o parajes ubicados en las franjas del lado fronterizo.
Los cambios se generan en el corazón, en la mente y en la voluntad, pero debemos volver a soñar. Si no hay sueños, no existen las transformaciones. Hay que revivir el ser naïf en la arena del poder. Cuando logremos esos cambios de paradigmas, entonces entenderemos de “forma naïf” que es posible resolver el tránsito, el congestionamiento y la emigración de los pueblos pequeños hacia las grandes ciudades en busca de mejoría económica. “De forma naïf” vamos a entender que nuestros pueblos fronterizos han sido olvidados, que no existe una política de desarrollo integral para evitar y mermar la emigración hacia las ciudades grandes. “De forma naïf” llegaremos a la conclusión que debemos aplicar una real democracia que impacte a todos los municipios, parajes y secciones de forma equitativa y sin distinción. “De forma naïf” actuaremos para capitalizar los espacios invisibles, olvidados y escondidos por los gobiernos, nos referimos a la mayoría de los municipios que sólo existen para sumar los votos y para demarcar el territorio dominicano. “De forma naïf” hay que iniciar en los 48,000 kilómetros cuadrados una política de oportunidades, donde cada ciudadano, sin importar dónde esté, tenga acceso a los bancos, a las artes, a una buena educación, que puedan trasladarse a un centro universitario. ¡Verdad que suena naïf! Pero realmente eso es la real democracia, oportunidad para todos y con todos.
“De forma naïf” debemos entender que para descongestionar el tránsito en la metrópoli más moderna y dinámica del Caribe, Santo Domingo, no basta fabricar más metros, túneles, elevados; lo que sí debemos de hacer es generar una política para motivar a los que viven en hacinamiento para que regresen a sus pueblos de origen, motivados por nuevas oportunidades económicas y educativas diseñadas por el gobierno.
Es que esos que han corrido a la dejadez de los gobiernos, hoy son hacinados y se olvidaron de su real esencia en busca de bienes y, sin saberlo dejaron de ser personas para convertirse en objeto cosificado; por ellos, por esa gran mayoría, debemos volver a la ingenuidad, a la sensibilidad política, ¿y por qué no?, de eso se trata la vida, la política, la religión, el mundo empresarial. Se trata de obtener poder para hacer cosas que dejen un legado. Acumular bienes y dinero para construir espacios que rompan el ciclo de pobreza y vencer el mal con el bien. Debemos volver a un liderazgo naïf.