Tensión con EE.UU.
Venezuela: cuando el derecho se rompe, el petróleo habla
Cuando un poder prueba que puede actuar así en un país, la tentación es obvia: seguir.

Maduro
Hoy no escribo con la comodidad de la teoría. Escribo con la incomodidad de la memoria latinoamericana: esa que nos recuerda que, cuando el mundo poderoso decide “resolver”, rara vez pregunta primero por el bien común… y casi nunca paga después la factura humana.
A Nicolás Maduro lo capturaron en una operación militar estadounidense en Caracas y hoy está detenido en Nueva York, a horas de comparecer ante un tribunal. Hasta ahí, muchos dirán: “por fin”. Yo también sé —y nadie debería relativizarlo— que Maduro no es defendible. Pero el problema no es solo quién cae: es cómo cae… y qué modelo se instala para los demás.
La señal más cruda: 32 cubanos muertos
Hay un dato que no es propaganda ni rumor: Cuba confirmó 32 de sus ciudadanos muertos (miembros de fuerzas armadas e inteligencia) durante la operación. ¿Y qué nos dice eso? Dos cosas.
Primero: que Maduro confiaba más en su escolta cubana que en su propio entorno.
Segundo: que, si esa escolta fue la más golpeada, el “factor sorpresa” huele a entrega interna. Porque a un presidente no se le llega “a la habitación” sin que alguien, adentro, haya abierto puertas que nunca debieron abrirse.
La sucesión exprés: Delcy se queda
Y aquí viene lo que a mí me enciende todas las alarmas institucionales: en ausencia de Maduro, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó que Delcy Rodríguez asuma como presidenta encargada para “garantizar continuidad administrativa”.
O sea: cae el hombre, pero el aparato queda. Cambia la cara, no necesariamente el sistema.
Mientras tanto, el expediente que se ha hecho público (y que circula en tribunales) incluye a Maduro, Cilia Flores, Nicolás Maduro Guerra (“Nicolasito”) y también a Diosdado Cabello, entre otros. Y Cabello, lejos de llamar a una confrontación total, ha pedido calma, acusando “secuestro”.
Eso no suena a épica; suena a negociación. Y cuando hay negociación, siempre hay una pregunta que debemos hacer: ¿qué se pactó y a cambio de qué?
“Algo habrá que hacer…”: la doctrina del próximo objetivo
Lo más inquietante es la velocidad con la que el “caso Venezuela” se convirtió en método exportable.
Reuters reportó que, tras lo ocurrido, Trump volvió a decir que con México “hay que hacer algo” y habló de “sacar a los carteles”.
Cuando un poder prueba que puede actuar así en un país, la tentación es obvia: seguir.
Y el clima se termina de pudrir cuando el lenguaje baja al barro. En Colombia, Elon Musk soltó un “plata o plomo” en un cruce con Gustavo Petro: una frase asociada al terror narco, al chantaje y a la muerte.
Yo pregunto: ¿en qué momento aceptamos que multimillonarios y presidentes hablen como jefes de banda y no como servidores públicos?
De Caracas a Groenlandia: la política de las cañoneras está de vuelta
Si alguien cree que esto se limita a América Latina, mire el mapa: Dinamarca y Groenlandia han tenido que salir a decirle a Trump que deje de “amenazar” con tomar Groenlandia, y Reuters reportó incluso el nombramiento de un enviado especial.
No es un capricho geográfico: es geopolítica de recursos y control estratégico.
Y entonces Trump repite “petróleo” como mantra.
Aquí es donde el discurso se traiciona solo. En el mismo contexto en que su administración llama a esto “misión de aplicación de la ley”, Reuters reporta a Trump exigiendo “acceso total” al petróleo venezolano y diciendo que EE. UU. “correrá” el país.
Si eso no es una confesión de intereses, ¿qué es?
La democracia no se “administra” desde afuera como si fuera una franquicia. La democracia se construye con reglas, garantías, elecciones verificables, justicia que no sea espectáculo y una transición que no huela a tutela.
Y nosotros, desde el Caribe, ¿qué aprendemos?
Aprendemos que el mundo está entrando en una fase en la que los minerales críticos y la energía mandan. Y por eso lo digo con claridad dominicana: por aquí no solo hay playas.
El propio Estado dominicano ha informado avances en exploración de tierras raras en Pedernales, con expectativas de determinar reservas hacia 2026.
¿Vamos a esperar a que otros “descubran” nuestro valor estratégico y nos lo conviertan en agenda ajena?
¿O vamos a construir desde ya un Estado que cuida, que blinda su soberanía con instituciones, transparencia y participación?
Mi conclusión (sin anestesia):
Maduro no es defendible.
Pero romper el derecho internacional para sacar a un malo abre la puerta a que mañana se rompa para someter a un incómodo.
Y cuando el poder mundial empieza a hablar de “hacer algo” con países enteros, lo que vuelve no es la democracia: vuelve la política de las cañoneras.
La salida con bien común no es reemplazar un mando por otro, ni callar a la oposición democrática, ni “negociar” transiciones con petróleo sobre la mesa. La salida es —si de verdad les importa Venezuela— una ruta corta, verificable y blindada hacia elecciones libres, con observación internacional creíble, garantías a todos los actores democráticos y cero tutelas extranjeras.
Porque hoy aplauden muchos desde el exilio. Pero el bien común no vive de aplausos: vive de reglas.
Y las reglas, cuando se rompen, nunca se rompen “solo una vez”.