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Intervención de EE.UU.

Venezuela, su laberinto y sus nudos

La agresión imperialista a Venezuela es absolutamente inaceptable, como lo son las muchas que a diario se cometen en otras regiones.

Arresto de Nicolás Maduro

Arresto de Nicolás Maduro

César Pérez
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La intervención militar de EE. UU. contra Venezuela no solo ha potenciado enormemente la crisis general en que ha vivido ese país durante más de una década, sino que ha situado como uno de los puntos centrales de discusión política de la actualidad. 

Igualmente, evidencia que en este mundo sin reglas mínimas ningún país está libre del capricho y la propensión al abuso en que históricamente ha discurrido la historia de los imperios y de las grandes potencias. La forma y contenido de la agresión militar empuja a ese país hacia un laberinto mucho más profundo del que se encontraba antes de ese hecho.

La agresión imperialista a Venezuela es absolutamente inaceptable, como lo son las muchas que a diario se cometen en otras regiones. A tal efecto, recordemos que, al momento de la agresión, el gobierno no era reconocido como legítimo por Brasil, México, Colombia y Chile España, etc. Varias de izquierda, incluyendo al Partido Comunista de Venezuela, demandan “la libertad plena de los presos políticos y atender la exigencia de familiares, organizaciones sociales y políticas que han luchado por su liberación e ir mitigando el dolor causado a miles de familias venezolanas que se encuentran enfrentando esa dura e injusta situación”. El gobierno, ahora de la intervención, ha comenzado a liberar presos políticos, tanto nacionales como extranjeros.

Esos presos y esas organizaciones de la oposición irrumpen en el nuevo cuadro político que habrá de diseñarse en ese país. Son sectores con los que hay que contar en la búsqueda de una salida. Un intento de salida en que las fuerzas del régimen se sometan al invasor para prolongarse y mantenerse el poder sería simplemente mantener la crisis, continuar el desangramiento de un país cansado y en sostenido deterioro. Ese es un nudo que hay que desatar para salir del laberinto. Tampoco puede hacerse una transición encabezada por Corina Machado, descalificada por sus incalificables posiciones y actitudes.

El gran dilema es que un gobierno basado en un híbrido: madurismo/invasores, que es lo que existe hasta hoy, no es viable. Tampoco uno hegemonizado por la oposición mayoritaria que, si bien validó su condición de tal en las pasadas elecciones, por la complejidad del momento, no está en capacidad de llevar a puerto una transición. Es un laberinto insondable fruto de políticas y actitudes extremas de las principales fuerzas envueltas en esta crisis. Eso lo advirtieron los gobiernos progresistas de la región cuando en su momento exigieron una salida pactada y democrática. Manteniendo la coherencia exigen ahora una salida en el mismo sentido que antes lo hicieron.

Maduro y su compañera deben regresar a su país, pero demandar que sea para volver a una presidencia no legítima, más que un despropósito es un infantilismo sin ningún viso de realidad, se convertiría en otra derrota de ese sector de las fuerzas progresistas sin sentido de la realidad. Salir de la crisis significa negociar, siendo conscientes de que a los sectores que se debe apoyar son aquellos que realmente les importa la democracia, no los negocios ni las materias primas, pero negociar. No hay otra vía. Lo demás es nostalgia, ilusión.

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César Pérez

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