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Según lo que cuentan los periódicos la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), el sindicato mas grande y poderoso del país, volvió a salirse con las suyas, pues logró boicotear el reinicio de la docencia, que el Ministerio de Educación convocó para el pasado martes seis de enero, bajo el alegato de que a los maestros el Estatuto del Docente les garantiza diez días laborables durante el feriado navideño, que según los cálculos del profesor Eduardo Hidalgo concluía el pasado miércoles siete. Día en el cual, tal y como reseñan las crónicas periodísticas, la asistencia de los alumnos fue muy pobre, sea por pura dejadez de los padres o porque han renunciado a sus responsabilidades dejándose arrastrar por el relajo que tienen los maestros. ¿Resultado? Por culpa de ese tirijala se perderá casi una semana enterita de clases, lo que evidentemente no le importa a la ADP, como se ha encargado de demostrarnos con su luchismo insensato y su poco empeño en cumplir con sus responsabilidades básicas, pero lamentablemente también por culpa de padres que no acaban de entender lo importante que es la educación para darles la oportunidad a sus hijos de tener una vida mejor que la que ellos han tenido.

Pero de ahí no pasarán las cosas, por lo que lamentarse, así sea de manera pública como hago hoy aquí, tiene los mismos efectos prácticos para las autoridades del Ministerio de Educación que escuchar llover, lo que en estas tropicales tierras es lo mas natural del mundo y no le quita el sueño a nadie.

Eso significa tener que reconocer, de manera dolorosa, que la calidad de la educación pública dominicana, el futuro de nuestra población mas pobre que es la que manda sus hijos a las escuelas, está en manos de un sindicato de maestros al que no le importa no estar a la altura de ese compromiso sagrado. Lo que se agrava con el hecho, mucho mas doloroso todavía, de que ninguna autoridad que merezca exhibir ese nombre parece dispuesta a plantarle cara a pesar de todo lo que está en juego.

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Claudio Acosta

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