Vivir y morir soñando
SERGIO SARITA VALDEZ
Siempre desde muy niño me ha hecho fiel compañía la auto impuesta misión de intentar averiguar el o los orígenes de todas las cosas. De ahí que tan pronto aprendí a leer y escribir mantuviera presente en la mente el contenido del primer libro bíblico, el génesis. Como consecuencia de esa idea fija y perpetua hube de pagar con la piel de mis glúteos y espalda, a la tierna edad de cinco años, la osadía de haberle desarmado a mi difunto padre un radio alemán de pila seca, tratando infructuosamente de ubicar el lugar donde se escondían dentro de aparato electrónico, tanto el locutor narrador de los juegos de béisbol como los peloteros de las novenas en duelo.
Cinco décadas después de aquel inolvidable incidente sigo buscando, esta vez en el cerebro humano, los orígenes del pensamiento y de las emociones. Fue probablemente obra del azar el que durante una caminata, y sumergido en el bullicio de la Feria del Libro, mis ojos se posaran, a manera de garfio, sobre el título del libro El cerebro y el mito del yo, de la autoría del Dr. Rodolfo R. Llinás, neurofisiólogo, director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. Mayor curiosidad hubo de despertarme el prólogo de dicha obra, escrito por el laureado Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, compatriota del investigador.
No bien llegué a casa cuando con inmenso entusiasmo inicié la agradable faena de leer dicho ensayo. En el trabajo se desarrolla la tesis de que ha sido la necesaria y continua locomoción la que obligó al animal a tener que predecir el porvenir inmediato, a fin de poder sobrevivir en el ambiente, para ello desarrolló el cerebro. Este órgano noble cerrado recrea en su estructura interna el mundo exterior mediante informaciones suplidas a través de los sentidos, lo que a su vez le permite dar una respuesta adecuada a las cambiantes situaciones temporo espaciales que continuamente se generan. Indica el científico que El futuro se planea extrapolando, según lo que se piensa que sucederá si las cosas continúan presentándose de cierta manera. Pero cuanto más lejano el futuro de la extrapolación, mayor la posibilidad de cometer errores.
Llinás se apoya en la concepción evolucionista y la selección natural para interpretar el surgimiento y posterior diferenciación del sistema nervioso central. Hablando de las unidades estructurales cerebrales nos dice: Una vez evolucionadas, las neuronas constituyeron la estructura central de todos los cerebros en todas las formas animales: transmiten información, construyen, soportan y memorizan el mundo interno, mundo compuesto de neuronas que simula la realidad externa apropiándose de sus principios operativos, para después volver a introducir en el mundo exterior el producto de la cognición por medio de los movimientos que denominamos la conducta.
Más adelante continúa: A pesar del saludable respeto que tengo hacia la evolución, he llegado a creer que ésta puede explicarse básicamente como un producto de la Ley Universal de la Pereza. Esta ley ordena la comodidad y la utilidad: la vía de menor resistencia. La luz es gratis (me refiero a la luz del sol). No nos cuesta nada. ¿Y qué sucede? La naturaleza aprovecha que la energía luminosa es gratis y fácil de absorber. Además, soporta plantas que producen su propio alimento y activa parches en la piel que se convierten en ojos capaces de generar imágenes del mundo externo. Todo esto resulta de haber tomado la vía de menor resistencia. Tomar lo útil, descartar lo inútil y, sobre todo, evitar riesgos.Una imagen es una simplificación de la realidad. El cerebro constantemente simplifica la realidad, más aún, simplifica el mundo externo pero en forma muy útil.
En otro capítulo explica: La capacidad de abstracción del sistema nervioso es fundamental tanto para la creación de la imagen de sí mismo como para adquirir la posibilidad de cancelar o modificar los patrones de acción fija. Estas abstracciones escapan hacia el mundo externo, ya que deben ser entendidas, aprendidas y luego comunicadas a través de la mímica…El lenguaje hablado, al contrario de la prosodia corporal o de la gesticulación facial, amplifica enormemente el ámbito de la comunicación, así como el rango de los sentidos.
En torno a la conciencia colectiva nos dice nuestro investigador: El concepto de conciencia colectiva no es nuevo. El resultado de unas elecciones se toma como un mandato del pueblo que representa la decisión colectiva de la gente. Las ventajas de interactuar con un número aún mayor de mentes y las experiencias de cada una de ellas serían muy provechosas para la interiorización, pues el sistema nervioso atiende en particular a estímulos novedosos, convertidos en propios a través de la repetición…Lo que queda en la mente es lo que se repite, y la impresión este conocimiento evolucionó debido al remolino repetitivo de la información en muchas mentes, antes que en la propia.
Puesto que en el cerebro anidan nuestras inquietudes, anhelos, desvelos, esperanzas y sueños quiero cerrar trasmontándome unos cuatro siglos atrás, es decir, principio del siglo XVII, cuando el inmortal y clásico poeta madrileño Don Pedro Calderón de la Barca, en su comedia La vida es sueño, nos legó estos inolvidables versos: Sueña el rico en su riqueza,/ que más cuidado le ofrece;/ sueña el pobre que padece/ su miseria y su pobreza;/ sueña el que a medrar empieza,/ sueña el que afana y pretende,/ sueña el que agravia y ofende,/ y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son,/ aunque ninguno lo entiende./ Yo sueño que estoy aquí/ de estas prisiones cargado,/ y soñé que en otro estado/ más lisonjero me vi./ ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.