#SinFiltro: Profesional vs excelencia profesional ¿Cuál es tu elección?

Dayanara Reyes Pujols
Ser un profesional ya no basta. Hoy, más que nunca, en un mercado laboral competitivo y saturado de títulos, hojas de vida y perfiles similares, la excelencia profesional marca la diferencia entre alguien que simplemente cumple… y quien realmente destaca, crece y deja huella.
Todos conocemos a ese profesional “natural”: el que hace lo necesario para quedar bien. Llega (casi) a tiempo, responde lo justo, cumple con lo asignado y nada más. Su prioridad es no quedar mal, pero rara vez da un paso adicional. Esta persona existe en todos los sectores, y aunque se mantiene, rara vez avanza.
En cambio, el profesional de excelencia: llega a tiempo, incluso con margen, cuida los detalles, porque sabe que ahí está el diferenciador, da la milla extra, sin que se lo pidan, se capacita constantemente, aún sin que su rol lo exija, se reinventa, cuando es necesario, adaptándose a nuevos contextos y herramientas.
Este profesional no solo cumple, se anticipa, propone y brilla. Y por eso, tiene más visibilidad, más oportunidades, y más proyección profesional. El talento es importante, sí, pero la actitud es lo que realmente crea ventaja.
El equilibrio también suma
La excelencia profesional no significa vivir en piloto automático o en estado de agotamiento crónico. El mundo actual –más consciente de la salud mental– también valora el equilibrio entre productividad y bienestar. Quien gestiona su tiempo, prioriza su descanso y respeta su vida personal, suele tener mejor enfoque, mayor creatividad y mayor resistencia a la frustración.
No se trata de vivir para trabajar. Se trata de trabajar bien, con estrategia, para poder vivir mejor.
La excelencia también es regional
En países de América Latina, donde muchas veces impera la improvisación o la informalidad, los pequeños detalles hacen grandes diferencias.
Lynda Rodríguez, experta dominicana en etiqueta y protocolo internacional, lo resume de forma contundente:
“Con tan solo ser puntuales en República Dominicana, ya estamos marcando una diferencia, dado que en este país se es impuntual.” Y es que Lynda lleva más de una década formando profesionales en América y Europa, ayudándolos a proyectar una imagen coherente, cuidada y profesional. Desde su agenda personalizada con recomendaciones de comportamiento, hasta sus talleres presenciales, ha enseñado a cientos que la excelencia empieza en lo básico: cómo hablas, cómo llegas, cómo actúas.
Otro ejemplo es Jacques Giraud, venezolano y experto en productividad personal. En sus conferencias y libros ha sido insistente en la idea de que la organización es poder. ¨Quien domina su tiempo, domina sus oportunidades¨. Su fórmula incluye:
- Visualizar la semana y el mes, no solo el día.
- Ordenar la agenda por impacto, en vez de urgencia.
- Identificar tareas claves y proteger el tiempo para ejecutarlas sin interrupciones.
Estos referentes latinoamericanos nos recuerdan que la excelencia no es solo un concepto europeo o estadounidense. También se construye en nuestro contexto, desde nuestras debilidades y fortalezas culturales.
Productividad ≠ títulos
Un informe del Banco Mundial (2015) advertía que, pese al aumento de graduados universitarios en América Latina, la productividad no había crecido al mismo ritmo. ¿Qué falta entonces? En palabras simples: actitud, enfoque, disciplina y reinvención constante.
¿Y tú, de qué lado estás?
Ser profesional es un punto de partida. Pero no es suficiente.
La excelencia profesional requiere tomar decisiones conscientes, construir hábitos sostenibles, y asumir que el éxito no llega con el diploma… sino con la forma en que te comportas cada día.
Porque mientras muchos simplemente “cumplen”, unos pocos brillan. Y esos pocos son los que marcan la diferencia.