En primera persona
De Corpito y ‘La comunidad mulata’ a Paul Giudicelli
Tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, luego de varios meses convulsos, políticamente, comenzó la llegada de los exiliados políticos del régimen dictatorial de 30 años y muchos sacerdotes deportados de la vecina Cuba, en su mayoría vinculados al nazi-fascismo huyendo al régimen de la revolución cubana...

Retrato
Por ONORIO MONTÁS
¨Nací y me crié en el barrio La Esperilla, en Padre Las Casas y, finalmente, en San Juan Bosco, al cambiarle el nombre a la calle Pepillo Salcedo por San Juan Bosco como una forma de Trujillo congraciarse con la Iglesia católica a petición de monseñor Ricardo Paolo Pittini Piussi, quien fue nombrado por el papa Pío XI, arzobispo de Santo Domingo y primado de América, desde el 8 de octubre de 1935 hasta la hora de su muerte el 10 de diciembre de 1961, seis meses después del asesinato de Trujillo.
Monseñor Pittini, único sacerdote salesiano que siempre recuerdo, visitaba todos los viernes los colegios salesianos María Auxiliadora y el Instituto Técnico Salesiano (Itesa) que estaba alojado en el mismo colegio Salesiano para oficiar misa en la iglesia San Juan Bosco, a todos los alumnos y la comunidad.
Tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, luego de varios meses convulsos, políticamente, comenzó la llegada de los exiliados políticos del régimen dictatorial de 30 años y muchos sacerdotes deportados de la vecina Cuba, en su mayoría vinculados al nazi-fascismo huyendo al régimen de la revolución cubana...
A pesar de ser un adolescente tuve la oportunidad de conocer, por mi militancia política en el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, a varios dirigentes que habían regresado de un largo exilio como fruto de su oposición a la dictadura que había sufrido de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo Molina. Entre esos dirigentes políticos conocí y escuché en su residencia al doctor Juan Isidro Jiménez Grullón, acompañando a mi hermano Luis A. Montás, quien era miembro del Comité Central del 14 de Junio, en varias oportunidades, quien residía en una enorme casona de madera en la Gustavo Mejía Ricart, esquina Manuel de Jesús Troncoso, en las afueras de la ciudad, y al doctor Pedro Andrés Pérez Cabral (Corpito), quien residía en la calle Galván esquina Moisés García, durante poco tiempo, pues volvió al exilio tras el derrocamiento del gobierno de Juan Bosch. Corpito, un abogado con un gran poder de comunicación, me impresionó enormemente.
Mi reencuentro con Corpito Pérez Cabral en Venezuela
Corría el año 1971, a la mente inquieta de creadora de Ángel Emilio Miolán Reynoso, de quien fuimos amigos desde el 26 de setiembre de 1963, se le ocurrió celebrar la semana dominico-venezolana en Caracas Venezuela, y yo lo acompañaba.
Uno de los dominicanos exiliados de casi toda la vida lo era Pedro Andrés Pérez Cabral (Corpito). Lo visitamos en su enorme residencia en un barrio exclusivo de Caracas. Don Ángel y él eran viejos amigos del exilio antitrujillista.
Corpito, como se hacía llamar, narrador, abogado, político, periodista, educador, se graduó Licenciado en Derecho de la Universidad de Santo Domingo y de Doctor en Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela. Fue un opositor al régimen de Trujillo, vivió la mayor parte de su vida en el exilio en Venezuela. Decapitada la dictadura, retornó a su país natal, donde fundó junto al profesor Dato Pagán Perdomo el Partido Nacionalista Revolucionario y volvió al exilio tras el derrocamiento del primer gobierno electo por el voto popular tras el asesinato del Rafael Leonidas Trujillo. Tenía un minúsculo partido político junto al profesor Dato Pagán Perdomo, geógrafo, arqueólogo y antropólogo el Partido Nacionalista Revolucionario (PNR) del cual fue su vicepresidente al regresar del exilio.
El hilo social literario o filosófico entre Corpito y Paul Giudicelli comienza a raíz de la publicación de la novela Jengibre, en 1940, en la que Corpito aborda el fenómeno social de la opresión del obrero y del campesino, además de la cercanía por parte de Guidicelli de otras obras literarias como Over (1939), de Ramón Marrero Aristy; Los Enemigos de la Tierra (1936), de Andrés Francisco Requena; La Mañosa (1936), de Juan Bosch; Cañas y Bueyes (1936) de Francisco Moscoso Puello y de los artículos de periodistas opositores al régimen de Trujillo, tales como: Ramón Grullón Martínez y su publicación ¨Por la Democracia¨, y el periodista vegano Julio César Martínez; esto según lo atestiguara Ramon Francisco en su acostumbrada tertulia en la Zona Colonial.
Las inquietudes literarias y filosóficas del pintor fue un vínculo entre Corpito y este que transcendió más allá del ámbito nacional por concebir una obra que reflejaba el compromiso entre el arte, lo social, histórico y antropológico.
Corpito, conocedor y consciente de eso, tan pronto pisó suelo dominicano después de su exilio desde 1939, vía el escritor Ramón Francisco reunió una buena parte de otros escritores, literatos intelectuales para conformar un círculo de amigos en el país con el propósito de desarrollar una estrategia con la obra del pintor Giudicelli y que ésta fuera exhibida y conocida en universidades y museos internacionales.
Comité gestor
Corpito, a finales del año 1961, conformó un comité con personalidades de San Pedro de Macorís, entre ellas, Freddy Gatón Arce, Felipe González, Pedro Mir y otros como Humberto Soto Ricart, Enrique Vidal Vidal, Dato Pagán, Heriberto de Los Santos, Máximo Grullón de La Rocha, cuyo centro de operación estaba ubicado en la Calle María Nicolasa Billini No. 1, Esq. Emilio Prud´Home, con la finalidad contratar al pintor Giudicelli para realización de un conjunto de obras pictóricas que pudiesen ser instaladas en oficinas de instituciones gubernamentales tales como, la oficina de la Rosario Dominicana, Azucarera Haina y Fasaco cuya sede estaban ubicadas en Av. Máximo Gómez y otras obras para ser exhibidas en escenarios internacionales. Esta iniciativa de los amigos del pintor fue concebida para resarcir su labor creativa de artista emblemático de la tradición pictórica del arte dominicano, quien no había sido tomado en cuenta por el régimen trujillista para adquirir sus obras e instalarlas en oficinas gubernamentales, por una retaliación por ser desafecto al régimen y ser un artista de espíritu crítico comprometido y no plegado como intelectual a los intereses del régimen.
En dicho comité se asignaron responsabilidades, Enrique Vidal Vidal, quien para la época era el administrador de las empresas que más tarde se convirtieron en Corporación Dominicana de Empresas Estatales (Corde), fungió como financiador del proyecto (hizo el primer aporte en efectivo) entregando materiales textiles y orden de compras para la Ferretería Manríquez para la adquisición de otros materiales para el taller del artista.
Como coordinador cultural de proyecto estaba Humberto Soto Ricart; en el área de logística y traslado de obras estaban Heriberto de Los Santos y Máximo Grullón; para el escenario internacional Corpito se encargaba de hacer las coordinaciones en centros culturales de Rusia, Italia y Venezuela.
El encuentro y los acontecimientos
Cuenta Corpito que cuando estuvo por primera vez en el taller de Giudicelli, observó con avidez, la cantidad de notas críticas que hacía el pintor sobre temas culturales, artísticos y de literatura reseñados en los periódicos de la época. Sus conclusiones, subrayados y notas críticas que decían, ¨complaciente, avanzado, decorativo, alcahuete, genuflexo, etc,”. Eso, dice Corpito, me simpatizó porque Giudicelli era el pintor del descenso y me animó a la idea de ayudar al artista a expandir su obra.
Yo, que había estudiado al pueblo dominicano, vi en Paul Giudicelli a un creador nato que funde en su obra los tres elementos de nuestra conformación como pueblo: lo aborigen o ancestral, lo afroantillano y el mulataje a través de sus diversos lenguajes plásticos. Y lo idealicé a él y su obra en Francia o Italia, en la Universidad de Padua.
En mis anotaciones de lo conversado con Corpito en Venezuela, me dijo que esa universidad se parecía en el espíritu y lo filosófico a Giudicelli. El símbolo de dicha universidad es una cabeza de un buey y tiene su sede en el palacio de Bo, cuyo propietario era un carnicero. Una universidad con una rica historia.
Primera universidad en darle un título a una mujer. en Filosofía, primera en gestionar un jardín botánico y nueve museos. En 1943, su rector invita públicamente a los estudiantes a revelarse contra el fascismo. Única en Italia en recibir la medalla de oro al valor militar por sus actividades en las luchas de liberación contra el nazi fascismo.
Corpito me relató eso porque justamente él había viajado a Italia al principio del mes de septiembre del 63, a esa universidad, después de las elecciones de diciembre del 62, a cumplir un compromiso académico, y estando en Italia le dieron el golpe de Estado a Juan Bosch. Le pusieron un impedimento de entrada al país, dicen que Donald Reid Cabral, su enemigo político. Trató de regresar al país por barco, pero no lo dejaron. Cuando la prensa trató de tomarle una declaración desde la proa del barco dijo: “Soy hombre de tierra firme y no doy declaraciones en el agua”, teniendo que regresar a Venezuela y comenzar un nuevo exilio forzado de donde nunca volvió.
Miolán celebró dos ¨Semanas del Amistad Dominico-Venezolana¨ y las dos oportunidades recibió el apoyo solidario del doctor Pedro Andrés Pérez Cabral (Corpito). En una de esas oportunidades me organizó una exposición fotográfica en el Círculo Militar de las Fuerzas Armadas sobre paisajes dominicanos. Corpito era un enamorado de su país, en una oportunidad nos invitó a don Ángel y a mí junto al gobernador de Caracas el doctor Diego Arria a ¨Colonia Tovar¨, una comunidad alemana de exiliados nazis que se habían refugiado en Venezuela, y él tenía la idea de que en Constanza o Jarabacoa se podría desarrollar un proyecto turístico por las temperaturas existentes en esa época, a pesar de que en nuestro país lo que existía era una gran comunidad judía.
Así quedó acéfalo y truncado el proyecto con la obra de Giudicelli, ensombrecido aún más con los acontecimientos políticos de la época y la inesperada muerte del pintor poco tiempo después.
El comité de apoyo formado por Corpito esperó y estuvo atento al regreso de este mientras las pinturas aguardaban su destino final almacenadas en la Emilio Pru’d Homme esquina María Nicolasa Billini, bajo la custodia de Heriberto de los Santos y Máximo Antonio Grullón de la Rocha.
Fue después de morir Corpito y por iniciativa de la señora Ángela Valera Hidalgo, esposa de Enrique Vidal Vidal, y con la mediación de Carlos Hidalgo, que el señor Máximo Antonio Grullón se acordó un arreglo económico y se definió la propiedad de las pinturas realizadas y que se preservan inéditas.
No es fácil recopilar información cuando ya se han ido los protagonistas y no han dejado testimonio escrito.
Los testimonios orales de amigos y relacionados es la única fuente para recrear los hechos y sacar a colación la narrativa.
Los únicos vivos son Eugenio Pérez Montás, y con Máximo Grullón de la Rocha y con él hemos podido recrear y construir la historia de esa iniciativa de Corpito con la pintura de Giudicelli.
El infortunio de sus vidas, lo convulso de los acontecimientos políticos de los primeros años de la década del sesenta, truncaron aquella hermosa iniciativa que quedó sepultada en el olvido y que como testigo silente quedaron las obras pictóricas realizadas por el pintor, las oficinas de la Rosario Dominicana, para la Azucarera Haina y para la Fábrica de Saco y Cordelería (Fasaco), empresas que, según se decía, regenteaba para Trujillo, Enrique Vidal Vidal, quien fuera animado y reclutado para el proyecto como aportador de fondos y material textil, por su gran amigo Ramón Francisco, ambos vinculados al área de la administración y la contaduría. Asistido por Humberto Soto Ricart, Contín Aybar y Freddy Gatón Arce, construyeron la narrativa y los temas de las pinturas a realizar, según me contó Corpito en Venezuela. Para la época, el pintor estaba en su plena madurez como creador y pudo crear obras con profundo simbolismo y complejidad pictórica.
Dijo que en las discusiones de esa narrativa no participaba
mucho por no coincidir demasiado con ellos en el taller del artista, porque junto a Doi Gautier, eran un trío muy “fino y delicado” y que el artista sabía manejar mejor por su capacidad de resiliencia.
Por eso había otro espacio de reunirnos, que era la casa de Heriberto de los Santos por el frente de la Emilio Prud’Homme y por la María Nicolasa Billini, vivían los Grullón De La Rocha. Esa esquina era más estratégica, contaba Corpito. Ahí había vigilancia permanente y control para depositar y guardar las pinturas.
Datos:
Para esta crónica, conversé con el arquitecto Eugenio Pérez Montás, el doctor Thimo Pimentel, doctor José A. González, el pintor Carlos Hidalgo y Máximo Grullón.