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Reflexión

De las quejas al lamento

Las quejas constituyen parte de la experiencia humana, una forma de validar la frustración, impotencia, percepción de injusticia. Se manifiesta inconformidad ante dificultades económicas, sociales, personales.

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Seguro, amigo lector que, durante el transcurso de sus años habrá conocido personas que se caracterizan por iniciar con una queja el contacto con familiares, amigos, compañeros de trabajo: “Aquí, en lo mismo, todo lo tengo que hacer yo, nadie me ayuda”; “Esta vida es un sacrificio, todo me sale mal”; “No puedo con todo esto, nadie me considera”; “Este calor no lo soporto”; “Esos benditos motores con su ruido!”; “No duermo bien, me levanto de mal humor, y eso que aún no he llegado al trabajo”.

Las quejas constituyen parte de la experiencia humana, una forma de validar la frustración, impotencia, percepción de injusticia. Se manifiesta inconformidad ante dificultades económicas, sociales, personales. Sin embargo, cuando esta se convierte en un hábito persistente puede dejar de ser un mecanismo adaptativo, transformándose en un factor que perpetúa el sufrimiento, impactando a quien la emite, su entorno familiar y social.

Este patrón tiene efectos claros: refuerza una visión negativa de la realidad, disminuye la percepción de autoeficacia, genera desgaste emocional en quienes le rodean y limita la capacidad de identificar oportunidades de mejoría.

En el entorno familiar puede generar: tensión, agotamiento emocional y distanciamiento afectivo. En el laboral puede percibirse como falta de compromiso o actitud negativa, afectando la dinámica de equipo, las oportunidades de crecimiento.

La queja crónica se sostiene en tres elementos: focalización en lo negativo, externalización de la responsabilidad, ausencia de acción concreta. Cuando se vuelve patológica es persistente y desproporcionada, presenta múltiples contextos (hogar, trabajo, relaciones), genera deterioro funcional o interpersonal, se acompaña de síntomas afectivos (irritabilidad, desesperanza, ansiedad).

Los siguientes rasgos suelen estar presentes en la persona con queja patológica: predomina el “no tengo, “no puedo”, “no me sale”, minimiza o ignora aspectos positivos de su vida, dificultad para reconocer logros o avances, no hay evolución hacia soluciones o toma de decisiones, busca desahogo, pero no transformación.

Mientras que el lamento es la respuesta normal del dolor, emociones y confusión que se siente cuando se pierde una persona o algo. Es parte natural de la vida, una repuesta típica a la muerte, divorcio, pérdida de trabajo, tener que alejarse de familiares y amigos, o la pérdida de 

la salud debido a una enfermedad.

La persona puede sentir un vacío, como si la vida hubiese perdido sentido, golpe mortal. Pueden aparecer síntomas como: náuseas, falta de aire, temblores, boca seca, dificultad con el sueño y alimentación. Cuando finaliza es un proceso que casi siempre exige aceptar la pérdida y adaptarse. La vida continúa a pesar de todo, hay que seguir adelante.

Desde la psiquiatría, las quejas expresan: sensación de pérdida de control, baja percepción de autoeficacia, necesidad de validación emocional no satisfecha. El abordaje no debe ser confrontativo sino orientador: reestructuración cognitiva, desarrollo de habilidades de afrontamiento, entrenamiento en regulación emocional. El objetivo no es suprimir la queja, sino transformarla.

Quejarse es humano, pero permanecer en la queja es limitante. Reconocer cuándo este patrón deja de ser una válvula de escape y se convierte en un obstáculo es fundamental para el bienestar individual y colectivo. Transformarla en acción no implica negar la realidad, sino asumir una postura más consciente, activa, esperanzadora.

Una persona que vive en el lamento, no se define por lo que le ocurre, sino por cómo interpreta y comunica su realidad de manera persistente. Identificarla a tiempo evita que se convierta en un estilo de vida que limite el bienestar propio y de quienes le rodean.

Recuerde, quejas y lamentos todos podemos tener, pero nada nos debe impedir superarlos.

Sobre el autor
Julio Ravelo Astacio

Julio Ravelo Astacio

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