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En la Quinta Dominica ¡Rosalba Hernández! ¡Imágenes de una dialéctica de ida y vuelta!

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Rosalba Hernández (1968), está de vuelta luego de una estancia en Italia que le ha permitido sacudir y refrescar sus perspectivas estéticas y espirituales. Además de diversas e ineludibles razones de índole familiar, el trasfondo catalizador de esta nueva escalada italiana, fue la especie de paisaje tóxico, desatado por los túrbidos procesos eleccionarios 2019-2021 y 2021-2023 del Colegio Dominicano de Artistas Plásticos. Ambos procesos del Codap, fueron cuestionados por sus graves irregularidades organizativas y de resultados.

Entonces, nuestro solárium artístico y cultural devino en cortafuego del garrotazo y el fastidio. Y Rosalba Hernández, como el mismo Sócrates cuando fue incriminado por asebeia (impiedad o irreverencia hacia los dioses del Estado) y de pervertir con sus ideas a los imberbes de Atenas, fue infamada de sacrílega ante la corroída cripta artística local. Como sabemos, de las penas posibles, el más famoso de los filósofos, escogió la cicuta (pócima letal oficial), pues rehusó el destierro como el castigo más funesto para un pensador.

Pero Rosalba Hernández no cree en los menjurjes letales al instante de capear los azotes de la mediocridad, la hipocresía y la borrosidad estructurales del presente. Ante estas y otras calamidades del folklore posmodernos y la rizomática anomia social contemporánea, ella opta resuelta por su mística dialéctica de ida y vuelta; por la identitaria e irreductible constante del Caribe de la fuga y el retorno.

Persistencia ontológica y ancestral que se cumple y diferencia en las pruebas límites de la trashumancia y el desarraigo, asumidas con frutos radiantes y trascendentales por axiomáticos exportadores de la imaginación como Jaime Colson (1901-1975); Clara Ledesma (1924-1999); Luichy Martínez Richiez (1928-2005); Silvano Lora (1931-2003); Iván Tovar (1942-2020); Ada Balcácer (1930); Manuel Montilla (1948); Alonso Cuevas (1953); Dionis Figueroa (1956); Radhamés Mejía (1960) y Chiqui Mendoza (1964), entre otros.

Y para precisar la tensión única del salto propicio y virtuoso de Rosalba Hernández sobre sus propias certezas o expectativas profesionales y sobre las limitaciones crónicas de nuestra insularidad sociopolítica y espiritual, prefiero la palabra autoexpatriación ya que en la misma resuena el término “patria”, motivo radical y pasional de su praxis vital cotidiana y su poética creadora.

Pero la patria rebasada y conjurada por Rosalba Hernández no es la patria soñada de Duarte y sus trinitarios o la patria restaurada de Luperón ni la patria amada de los inmolados, madrugadores y cabales dominicanos de ayer y hoy, sino la patria renegada, despojada, devorada, burlada, burlesca y puteada de la clase política, los endémicos tragaldabas de la codicia y los burócratas improductivos de turno.

La autoexpatriación o fuga lúdico-crítica y progresiva de Rosalba Hernández no es escape sórdido hacia los facilismos egoístas y desolados de la amnesia, la indolencia o el desquite. Precisamente, este íntimo inciso se torna irrebatible ante sus trabajos recientes incluidos en la exposición “Todo lugar es ahora”, abierta desde la noche del pasado jueves 17 de julio en el Centro Cultural Quinta Dominica, localizado en la calle Padre Billini #202 de la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

“Todo lugar es ahora”, curada y museografiada con esmero por Alescar Ortiz, está integrada por 20 trabajos, entre pinturas sobre tela y dibujos en técnica mixta sobre papel y en los cuales Rosalba Hernández accede a unos niveles inéditos de libertad estética y gracia expresiva, mediante un regio dominio de los pigmentos, el color, la forma y el espacio, hasta lograr una fluidez de aires, ritmos, visajes, sugestiones y seducciones de insólito y fascinante potencial imagético.

En sus trabajos recientes, Rosalba Hernández arrecia el proceso de tamizaje de una espectrologia poética cegadora, encarando con lúcida osadía conceptual y reflexiva, problemáticas de turbadora actualidad por su potencial trágico y aflictivo como la enajenación individual y colectiva; las guerras preventivas; la violencia policial; el terrorismo; la inseguridad ciudadana y los siniestros tejemanejes de la máquina del deseo, propios de un tiempo humano desalmado…

Sobre el autor

Amable López Meléndez

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