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Encuentros. Hurgando en mis raíces: El Tao Te Ching o la armonía del ser

Encuentros. Hurgando en mis raíces: El Tao Te Ching o la armonía del ser

Encuentros. Hurgando en mis raíces: El Tao Te Ching o la armonía del ser

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“El honor y la deshonra son igualmente temibles. La celebridad es una gran desgracia de la vida. ¿Qué significa el honor y la deshonra son igualmente temibles? Significa que las personas, arriesgándose, luchan por su honor y luego temen perderlo. ¿Qué significa que la celebridad es una gran desgracia en la vida? Significa que tengo una gran desgracia porque estimo mi nombre… Por eso, la persona sabia nunca procura enaltecerse. Ella solo sirve abnegadamente a otras personas y así puede vivir entre ellas en paz. Ella no lucha contra nadie por nada, y por tanto, es invulnerable”, Ta Te Ching, lección 13. En el artículo de la semana pasada iniciamos una presentación del libro fundamental de la filosofía taoísta. En esta entrega seguimos ampliando la presentación de este pequeño y fundamental manual para vivir una vida mejor. Defendían la vida simple y atacaban duramente el deseo de poder y riqueza. Por esta razón decían que para combatir la falsedad y la hipocresía, era mejor “ser sencillo y bondadoso, moderar los deseos terrenales y liberarse de las pasiones perniciosas”, (lección 19). Interesante es saber que hace 2,500 años existía la preocupación sobre el tema de la ambición humana. El deseo desmedido por la riqueza y el poder. Por eso defendían la vida simple, y la armonía con la naturaleza. Defendían al ser que defendía más las riquezas espirituales que las materiales: “Contentándote con poco, lograrás mucho. Persiguiendo mucho, te desviarás del camino. La persona sabia atiende este precepto…”, (lección 22). El sabio, afirmaban, no era el que más conocimiento tenía, sino el que sabía vivir. Definían que la persona que se aferraba a la sabiduría… “no se considera como la única que tiene la razón, y por lo tanto, ve claro. Ella no tiene sed de honor, pero las personas le honran. No busca ser una autoridad, pero las personas le siguen. No lucha contra nadie, y, por lo tanto, es invencible. No siente la autocompasión y, por lo tanto, puede perfeccionarse con éxito. Solo aquel que no procura estar delante de todos puede vivir en armonía con todos…. Es luminosa, pero no busca brillar No se alaba, pero aún así le respetan No se enaltece y, por tanto, siempre le tienen en mucha estima, (lección 22). El dejar ser y el dejar fluir constituyen dos de los principios fundamentales. Partiendo de ellos, Lao Tsé afirma en el libro, y específicamente en la lección 23, que todo pasa, que nada es eterno: “El viento fuerte no sopla toda la mañana; la lluvia intensa no dura todo el día. ¿De quién depende esto? Del cielo y la tierra. El cielo y la tierra, aunque son grandes, no pueden engendrar nada eterno, mucho menos el hombre.” En las diferentes lecciones aparece de forma constante la preocupación sobre el arte del buen gobierno. Los taoístas consideran que los líderes son esenciales para la dirección de la sociedad. Le aconsejan que sean como los niños: puros y cariñosos. Quizás porque muchos de los emperadores chinos eran crueles y autoritarios, abogaban por la NO VIOLENCIA. Defendían el hecho de que la mejor batalla era aquella que no se libraba. Decían que el ejército no podía tener el poder político, pues en aquellos lugares que eran gobernados por generales imperaba la devastación. “Y después de las guerras, llegan los años de hambre. Un caudillo sabio nunca es belicoso. Un guerrero sabio nunca se enfurece. Quien sabe vencer al enemigo no ataca. Quien ha vencido se detiene. Esta persona no se permite ejercer violencia sobre el enemigo derrotado. Después de obtener, no se enaltece. Vence y no se siente orgullosa de esto…”, (lección 30). La filosofía taoísta insiste en que es importante y necesario conocerse a sí mismo para poder comprender y conocer a los otros. En la lección 33 el Tao Te Ching es categórico cuando afirma que aquel que conoce a las personas puede considerarse como alguien razonable, pero el que se conoce a sí mismo es iluminado; porque “aquel que puede conquistar a los enemigos es fuerte. Aquel que se ha conquistado a sí mismo es poderoso”. Y, en la lógica contradictoria del pensamiento taoísta, el Tao Te Ching afirma que muchas veces los que ganan son los débiles, venciendo a los más fuertes. Por esta razón abogan por la NO ACCIÓN y EL NO SER. Afirman que el agua vence a la piedra. Que la fuerza se defiende con lo blando: “Sin salir de su patio, la persona sabia llega a conocer el mundo… Ella no viaja lejos para conocer más. Ella no viaja, lo sabe todo; y aunque no mira, puede calificarlo todo; y aunque, en apariencia, está inactiva, lo alcanza todo. Ella en su corazón encuentra todo lo necesario”, (lección 47). El sabio, sigue diciendo Lao Tsé, no tiene motivos para ser egoísta. Su obsesión es estar de acuerdo con los intereses de los demás. A los buenos y a los malos, se les debe desear el bien. Ser honesto es la clave del Tao, por eso hay que ser honesto, incluso con el deshonesto, (lección 49). Y así como abogan por la NO ACCIÓN, defienden el silencio, o como ellos dicen el diálogo sin palabras: “¡No hay manera de transmitir la verdad sólo a través de las palabras!”, (lección 56). El libro Tao Te Ching habla de dos elementos esenciales Tao y Te. Decían que la actividad de ambos ayuda a los espíritus, incluso de aquellos que tienen bajos niveles de desarrollo, con el fin de que se cumplan los destinos que merecen, (lección 60). Por lo que pude deducir de la lectura del libro, el Tao es el camino y el Te es el poder del espíritu. Quizás por esa razón aparece de forma constante la frase del “poder del Te”, pues constituye la fuerza para seguir y decidir. Finaliza este pequeño libro con la lección 81, que concluye y plantea la esencia de esa filosofía de la vida que aboga con la complementariedad del yin y del yang, de los opuestos, que no son contradictorios, sino dependientes uno del otro: Las palabras precisas no son necesariamente elegantes. Las palabras bonitas no siempre son dignas de confianza. El bondadoso no es necesariamente elocuente. El elocuente puede ser malvado. Aquel que sabe no discute; aquel que no sabe, discute. La persona sabia no es egoísta; ella actúa por el bien de los demás… La persona sabia también actúa sin violencia y no le hace daño a nadie con nada. sangbenmukien@gmail.com mu-kiensang@hotmail.com mu-kiensang@pucmm.edu.do

Sobre el autor

MU-KIEN ADRIANA SANG

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