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Las falacias de Manuel Otilio Pérez y Pérez sobre Bobadilla como redactor único de la Manifestación de 16 de enero de 1844

Manuel Otilio Pérez y Pérez es ser mejor ingeniero que aficionado a la historia y su inquebrantable obstinación regionalista y mentalidad de parroquia al tratar por todos los medios a su alcance de imponer a la sociedad dominicana la primera falacia de un Tomás Bobadilla redactor único de la Manifestación del 16 de enero de 1844.

Manuel Otilio Pérez y Pérez

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§ 1. Si algún mérito le reconozco a Manuel Otilio Pérez y Pérez es ser mejor ingeniero que aficionado a la historia y su inquebrantable obstinación regionalista y mentalidad de parroquia al tratar por todos los medios a su alcance de imponer a la sociedad dominicana la primera falacia de un Tomás Bobadilla redactor único de la Manifestación del 16 de enero de 1844, el creador y ordenador del Estado dominicano, el fundador de la República y el único padre de la patria, pero sin aportar ninguna prueba documental sobre sus afirmaciones dogmáticas y sin someter a crítica las afirmaciones de las fuentes de los discursos que cita como su “verdad” irrebatible. Como aficionado a la historia, el primer defecto del artículo de Pérez y Pérez titulado “Bobadilla: autor, redactor y primer firmante del Manifiesto (sic) del 16 de enero de 1844”, publicado en Areíto, sábado, 17 de enero de 2026, pp. 6-7 es que no señala los nombres de los adversarios a quienes trata de refutar.

§ 2. La segunda falacia reside en que no existe en los procesos independentistas del continente americano una sola Constitución que haya sido redactada por un solo hombre, porque se trata de procesos históricos colectivos bañados por conflictos de intereses clasistas y hay, teóricamente, que incluir a todo el mundo, menos a los esclavos (Estados Unidos, Haití, las repúblicas iberoamericanas y las revoluciones europeas, Inglaterra con la Carta Magna y la revolución de 1643 de Cromwell, Francia en 1789, Italia con Garibaldi, la república de Weimar, la Constitución de Núñez de Cáceres en 1821, para citar solamente estos ejemplos). Solo la Constitución de Atenas fue redactada por un solo hombre, Aristóteles, pero se trata aquí de un acto solipsista de teoría sin lucha de clases ni proceso histórico, sino que se trató de un modelo ideal del Estagirita. Ni siquiera la Constitución de Licurgo, en Esparta, fue un acto solipsista, pues fue redactada a petición del Consejo de los Ancianos o Asamblea, que en griego llamaban la Bulé.

§ 3. La tercera falacia del artículo de Pérez y Pérez radica en que asume como verdaderos, sin prueba histórica documental, todos los discursos de los historiadores dominicanos que han afirmado que fue Bobadilla el redactor único de la Manifestación de 16 de enero de 1844. Para despejar esta incógnita, lo primero que debe hacerse es encontrar la primera prueba documental de 1844 que afirme que fue Bobadilla el redactor único de dicha Manifestación. En consecuencia, los historiadores del siglo XIX y del XX que afirman que fue Bobadilla el redactor único de ese discurso separatista dicen lo que saben, pero no saben lo que dicen y se repiten unos a otros sin aportar prueba documental.

§ 4. José Gabriel García (contador y militar), contemporáneo de los trinitarios y de los restauradores observa una posición de cautela y no menciona ningún nombre como redactor único de la Manifestación. Los demás epígonos, incluidos los hijos de José Gabriel García (contador y militar) fueron Leónidas (abogado) y Alcides (médico y profesor de la Normal) y se aventuraron a afirmar que fue Bobadilla (abogado), pero sin aportar pruebas oral o escrita. La caterva de seguidores de este discurso sin prueba documental oral o escrita fue inaugurado por Manuel Ubaldo Gómez y Moya (en 1913), Casimiro de Moya (en 1913) y Bernardo Pichardo (en 1921), además de otros “historiadores” anteriores a Emilio Rodríguez Demorizi (abogado) y sus textos de 1938, 1943, 1950, 1977, 1976 y 1980 titulados Discursos de Bobadilla, “Hojas de Servicios de Tomás Bobadilla” (Clío 88, años1950), El Acta de Separación dominicana…, Francisco del Rosario Sánchez y La Constitución de San Cristóbal.

§ 5. Estos “historiadores” no eran historiadores académicos ni historiadores de oficio, sino que en sus horas libres, casi todos abogados, se dedicaban a escribir lo que ellos consideraban que era historia dominicana: Manuel Ubaldo Gómez (abogado y maestro), Casimiro de Moya (político y abogado), Bernardo Pichardo (posible abogado graduado de la Sorbona becado por Ulises Heureaux, periodista y alto burócrata) y los demás aficionados a la historia dominicana novelada, muy criticada acerbamente por Jimenes Grullón (médico) y que Manuel Otilio (ingeniero) les cita como argumento de autoridad, pero sin prueba documental. Todos escribieron de oídas, repitieron lo dicho por sus venerados maestros y creyeron los testimonios orales de ancestros, familiares y amigos: los García, padre (contador y militar), y los hijos García Lluberes, Leónidas (abogado) y Alcides (médico y profesor de la Normal), Rodríguez Demorizi (abogado), Vetilio Alfau Durán (licenciado, doctor en filosofía y abogado), Manuel Marino Miniño Marión-Landais (músico y compositor), Víctor Garrido Puello (abogado), Manuel Arturo Peña Batlle (abogado), Colección de Leyes, Wenceslao Vega de Boyrie (abogado), Juan Isidro Jimenes Grullón (médico), Ramón Lugo Lovatón (abogado), Tribunal Constitucional (sus miembros son abogados), Joaquín Balaguer (abogado) y Juan Bosch (político, escritor).

§ 6. La cuarta falacia de Manuel Otilio está basada en la manipulación de las citas de los textos de los historiadores que califico de empíricos o espontáneos, como los filósofos de Louis Althusser y en los cuales funda Pérez y Pérez el argumento de autoridad de su tesis sobre la autoría única de la Manifestación de 16 de enero de 1844 por parte de Bobadilla. En efecto, casi todos los historiadores espontáneos citados por Manuel Otilio son abogados, no académicos ni profesionales graduados con licenciatura, maestría, doctorado en historia o especialidad en una cualquiera de sus disciplinas auxiliares. Solo no tienen la profesión de abogado, Jimenes Grullón, médico y político, aficionado a los temas históricos; Bosch, político y escritor de ficciones aficionado a los temas históricos; Frank Moya Pons, doctor en historia por la Universidad de Columbia; Orlando Inoa, sociólogo graduado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con maestría en historia del Caribe por la Universidad de la Florida, recinto de Gainesville; Roberto Cassá, licenciatura, maestría y doctorado en historia; y, Manuel Miniño Marión-Landais, músico y compositor de profesión, folklorista y profesor de la UASD.

§ 7. ¿De qué manera oculta y manipula Pérez y Pérez las citas de los historiadores que no favorecen su punto de vista y solamente cita las que convienen y refuerzan su obsesivo provincianismo? (Él y Bobadilla son neiberos y, al parecer, Manuel Otilio se propone crear un padre de la patria único para el país que suplante a Duarte, Sánchez y Mella y no le basta con los prohombres de Neiba que lucharon por la independencia y la Restauración). La primera deshonestidad intelectual del artículo de Pérez y Pérez es que no coteja ni compara las afirmaciones del historiador haitiano Madiou y su fuente de base: Los “Sucesos políticos de 1838-1846” del magistrado domínico-haitiano Manuel Joaquín del Monte, quienes afirman que, ayudado por Mella, y manuscrita por el secretario del mártir de El Cercado, Manuel Dolores Galván Rodrgíuez, fue Sánchez quien redactó la Manifestación del 16 de enero de 1844 (consultar dicha misiva en La Cuna de América, de la fecha citada). Ni contrasta Manuel Otilio la fuente oral de Eustaquio Puello, hijo de Gabino, quien afirma que su padre le aseguró que fue Galván Rodríguez quien copió a mano la Manifestación dictada por Sánchez. Mucho menos cita Manuel Otilio la carta de Galván Rodríguez publicada en La Cuna de América de 27 de febrero de 1923 en la que reitera que fue Sánchez quien le dictó el texto de la Manifestación de 16 de enero de 1844. La referida carta, dirigida a José Ricardo Roques, debió permanecer por casi 20 años en los archivos de este periodista, porque Galván Rodríguez murió en 1898. Ni discute Pérez y Pérez las objeciones comparatistas de Balaguer acerca de la declaratoria de independencia de Núñez de Cáceres y la Manifestación de 1844, como tampoco problematiza la posición filológica de Víctor Garrido Puello sobre la improbabilidad de que fuera Bobadilla el autor de dicha Manifestación. Ni justiprecia Manuel Otilio el principio de la duda cartesiana con respecto a la mentira, las ideologías y los intereses de toda índole que encierran los discursos de los sujetos que afirman que fue Bobadilla el redactor único de la Manifestación.

§ 8. Peor aún, Pérez y Pérez, que no es historiador, sino un aficionado casado con una única versión sobre la autoría de la Manifestación de 1844, él copia las citas que insinúan subliminalmente que fue Bobadilla el autor de la Manifestación, cuando en realidad no dicen eso, tal el caso de la cita tomada del tomo I de Colección de Leyes 1844-1847. Tampoco está claro que la cita copiada de Peña Batlle este afirme que Bobadilla fue el redactor de la Manifestación de 1844. De igual manera, Manuel Otillio manipula la cita que de Ramón Lugo Lovatón y más abajo, de su propia cosecha, afirma que fue Bobadilla el redactor de la Manifestación, insinuando que la frase es de Lugo Lovatón, cuando en paridad de verdad es este historiador quien, en su obra en dos tomos, Sánchez, da por sentado que fue el mártir del Cercado quien redactó la Manifestación de 1844. Tampoco problematiza Pérez y Pérez la afirmación de que fue a solicitud de Mella a Sánchez de que se le entregó una copia de la Manifestación a Bobadilla para que dijera si estaba bien en forma y fondo o adolecía de algo. Tampoco explica Manuel Otilio la ausencia de Bobadilla el 28 de febrero, enviado junto a Manuel Jimenes a una misión a Boyá y Bayaguana por la Junta Provisional de Gobierno encabezada por Sánchez y que fue a su regreso que se disolvió dicha Junta y se creó la primera Junta Central Gubernativa, cuya presidencia le cedió Sánchez a Bobadilla para conciliar con el sector hatero. Según Duarte, ese fue el primer gran error de Sánchez, lo cual condujo, ante la traición de Bobadilla, de entregar la península de Samana a Francia a cambio de protección. Esto produjo la remoción de los traidores que apoyaron ese acto antipatriótico. ¿Fue para entregar la república a una potencia extranjera que se fundó la República?

§ 9. Una quinta falacia y una completa distorsión de la historia es afirmar en el artículo de marras que Bobadilla, en su calidad de presidente, era el jefe de los trinitarios que formaban parte de la Junta Central Gubernativa. Los miembros eran representantes de las clases hatera y comercial (mercantil) y como tal encarnaban las luchas y contradicciones de esos dos sectores en pugna. Y manipula Pérez y Pérez de nuevo la historia al afirmar que Bobadilla envió una carta a Duarte y le envió a buscar a Curazao donde se había exiliado a causa de la persecución desatada por Charles Herard contra los trinitarios y Bobadilla no hizo nada por impedir esa acción, porque era funcionario del gobernó haitiano. Fueron Mella y Sánchez quienes le comunicaron en carta firmada por Bobadilla, pero la abrieron para estampar su firma en dicha misiva y ofrecer a Duarte, mediante la pluma de los dos patricios, la noticia de la independencia. Pero peor aún, Manuel Otilio afirma, muy orondo, que Bobadilla les otorgó los grados militares a los trinitarios cuando en realidad esa fue una decisión de los trinitarios al hacer el Juramento de sangre. Ahí fue Duarte nombrado general y jefe de la conspiración para acabar con el dominio haitiano y Duarte otorgó los grados militares a los demás trinitarios. Al contrario, Bobadilla, como presidente de la Junta Central Gubernativa, se opuso y no reconoció otros grados otorgados por los trinitarios a algunos de sus compañeros.

§ 10. Y aquí viene lo peor: Que Bobadilla es el redactor y el ejecutor de la resolución de Santana que declaró traidores a los padres de la patria y a otros trinitarios bajo pena de muerte si pisaban el territorio dominicano. En su calidad de Ministro de Justicia interroga condena a María Trinidad Sánchez a la pena de muerte, según se lo confesó a Sánchez en Santomas Antonio Abad Alfau, ejecutor del asesinato del patricio en El Cercado, San Juan de la Maguana, el 4 de julio de 1861 y cuyo cadáver volteó, pateó y le espetó la frase: “Ríete ahora, negrito”. Por esta razón no volvió al país luego de marcharse a España con los derrotados. Si volvía al país, debía saldar esta deuda. La confesión que le hizo a Sánchez en Santomas no me la creo, hasta que se demuestre lo contrario. Esa confesión tuvo el propósito de hundir a Bobadilla, caído en desgracia con Santana en 1847 debido a su acusación temeraria de malversación de fondos al ministro de Hacienda Ricardo Miura. (CONTINUARÁ).

Sobre el autor

DIÓGENES CÉSPEDES

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