Guardianes de la verdad Areíto

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Hace poco escribía en este mismo suplemento (2/08/25), que el autor de novelas “históricas” que refiere sucesos contemporáneos se arriesga al juicio no sólo de ciertos protagonistas que todavía viven, siguen activos o podrían ser testigos, para ser preciso, de la súbita desaparición y posterior asesinato del profesor Jesús de Galíndez, cuya “historia” novelada relata Manuel Vázquez Montalbán en su exitosa Galíndez (Santo Domingo: Editora Taller, 1990, 346p.).

Acontecimiento, hoy histórico, ocurrido entre New York y Ciudad Trujillo en la primavera de 1956, menos de cincuenta años antes de la primera edición de la ficción “histórica” de Vásquez Montalbán.

Galíndez es un relato “histórico” contemporáneo que, a pesar de su relativa actualidad, tiene la particularidad, además de haber alcanzado el nivel de “histórico, sin que queden testigos del plagio, torturadores ni asesinos del exiliado vasco en República Dominicana. Ninguno sobrevivió mucho tiempo al nefando crimen.

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Entre la muerte de Trujillo en mayo de 1961 y septiembre de1 1967, los protagonistas de ese crimen habían fallecido “trágicamente”.

La novela de Vásquez Montalbán es una novela “histórica” contemporánea que muestra cómo la tesis de Galíndez en Columbia University (New York), La era de Trujillo, lo condena a muerte; es evidente igualmente que La ética de la resistencia, la investigación que hace Muriel Colbert, con fines de publicación, vendría a ser la misma novela Galíndez que, como es de rigor en toda buena novela, explica sus mecanismos.

En Galíndez La era de Trujillo, su tesis, por un lado; La ética de la resistencia, del otro condenan a muerte a ambos personajes. De cómo fue secuestrado, torturado y desaparecido Galíndez sólo podemos conocer la versión novelada de Vásquez Montalbán, la que Muriel Colbert tampoco pudo determinar al correr la misma suerte del objeto de su investigación dejando la posibilidad a Ricardo, su compañero sentimental, de investigar la desaparición de su amiga, al interesarse también por el famoso cold case internacional y por consiguiente que la “historia novelada” de Galíndez se sume a la de Colbert y de ese modo volveríamos al punto de partida.

La excelente novela “histórica” de Vázquez Montalbán pone en escena un momento de la política internacional del Caribe, cuya historicidad se revela por los diferentes contratiempos que sufre la investigación de Colbert y por la insistencia de los servicios secretos americanos para impedir que esa investigación prosiga o saque a flote ciertas verdades: “Este asunto no puede eternizarse y no se puede crear el más mínimo factor desestabilizador en Santo Domingo, con un presidente ciego y a punto de pasar a mejor vida” (p.99).

La documentación utilizada por el novelista español para construir su Galíndez es enorme. La percibimos en la medida en que la lectura del texto avanza. Los detalles salpicados de referencias reales, para que la ficción tome el relieve de la historia, sobre todo cuando se trata de personajes cuyas referencias reales son evidentes como bien logradas por Vázquez Montalbán.

Galíndez la historia novelada de ese acontecimiento histórico dominicano reciente había sido tratado en La fiesta del rey Acab (1959), por Enrique Lafourcade y la muerte de Trujillo en La fiesta del chivo (2000), por Vargas Llosa. Para los escritores dominicanos, Trujillo es una tarea un poco cuesta arriba. Los descendientes de altos funcionarios de la dictadura, así como de los complotados participan activamente en la vida social, económica y política dominicana; esas “limitaciones” podrían afectar considerablemente sus textos y reducirlos a simple arreglo de cuentas “históricas”. La literatura no demuestra, muestra, como solía repetir Alejo Carpentier. Cuando literatura y política se mezclan la literatura deja de ser arte y resulta panfleto.

Galíndez se desarrolla y construye sobre la base de la escritura como condena a muerte. Jesús de Galíndez fue condenado por su tesis La Era de Trujillo. Esa condena es explícita: “Pero es que usted”, le dice Trujillo, “se ha puesto en la boca a mi mujer, a mi madre, a mi padre, a mi Ramfis y como usted en la boca lleva mierda, pues con la mierda en su boca se ha quedado” (p.214).

Muriel Colbert fue asesinada por su investigación sobre la desaparición de Galíndez, La ética de la resistencia. Investigación que también se resumiría en las páginas de La ética de la resistencia. Suerte de prolepsis a la intención de Ricardo, el amigo de Muriel, de abrir el caso. Ya antes, Voltaire-Angelito había anunciado esa posibilidad. Lo que es lo mismo que anunciar otras novelas: “Rojas [pseudónimo de Galíndez en el FBI] otra vez. Es el muerto sin sepultura. Es como una maldición. Cuando no se entierra a un cadáver, anda errante y reaparece cuando menos lo esperas” (p.193).

Ahora bien, ¿cómo una simple investigación universitaria puede adquirir el valor de novela? ¡Imposible! diría cualquier neófito en literatura. Sin embargo, la investigación de Muriel Colbert abre las escotillas de la narración. Las peripecias y tropiezos de Muriel durante los meses de trabajo, entrelazados con episodios de la vida de Galíndez en Santo Domingo, su secuestro hasta el “proceso” a que, según el narrador, fue sometido por Trujillo y sus esbirros, sirven de base al armazón narrativo de la novela.

En toda novela se describe o se hace un viaje, sostiene Michel Butor. En Galíndez se atraviesa el Atlántico y el Caribe varias veces. Travesías realizadas, en un primer tiempo, por Galíndez en busca de refugio y, por qué no, de la muerte. Luego, en la ficción, Muriel Colbert sigue las huellas de su personaje desde el país vasco, pasando por Madrid, Santo Domingo, New York y Miami, como se lo exige su investigación. Es ese periplo el que pone en escena la vida política de Estados Unidos, del Caribe y de España: Galíndez era español, fue secuestrado en New York y asesinado en Santo Domingo. Por otra parte, Ricardo es el personaje —también español— que deja abierta la novela con sus intenciones de elucidar la desaparición de su amiga (cfr.344). Sus intenciones podrían considerarse como una condena a muerte avant la lettre.

Sobre el autor

Guillermo Piña Contreras

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