Influencia cubana y foquismo en 1J4
A los fines de ubicarnos “en la realidad histórica que se vivía en esos tiempos” del 1j4 de Manolo y de Minerva, resulta fundamental explicarles “a los jóvenes de hoy aquel momento dominicano y de América Latina mientras transcurría el ascenso de Fidel y la Revolución Cubana desafiando al imperio que siempre nos creyó en su patio y en obediencia absoluta”, tal como lo explica el militante catorcista Raúl Pérez Peña, quien señala que “Playa Girón y Bahía de Cochinos figuran en la historia continental como el signo de un pueblo insumiso forjando su futuro y como una llaga para USA que pese a las décadas no cicatriza”.
Se recuerda que el Prof. Juan Bosch, en su esfuerzo por hacernos comprensible una historia del imperialismo en el Caribe, tituló su libro De Cristóbal Colón a Fidel Castro por considerar la victoria revolucionaria en las costas cubanas como “la primera derrota del imperialismo en América”.
Siguiendo la expresión de Emilio Durkheim pudiéramos retratar el “espíritu de la época” con el discurso del Che Guevara pronunciado ante la ONU en 1964: “Porque esta gran humanidad ha dicho: «¡Basta!», y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia”. Bajo esos propósitos, se expandieron las guerrillas por toda Latinoamérica, desde la Patagonia hasta el sur del Río Bravo, siendo emblemáticos los casos de: Tupamaros (Uruguay), Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo ERP (Argentina), FARC-EP, ELN o M-19 (Colombia), Fuerzas Armadas de Liberación Nacional FALN (Venezuela), Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN (Salvador), Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca URNG (Guatemala), Frente Sandinista para la Liberación Nacional FSLN (Nicaragua), Movimiento Revolucionario Tupac-Amaru (Perú), el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (México) entre otros.
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De acuerdo con Bacho, el ejemplo cubano en su lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista fue lo que llevó a que Minerva Mirabal proclamara el 6 de enero de 1959 que “si Cuba pudo, nosotros también podíamos”. Esta fue “la chispa que encendió la pradera”, provocando las expediciones del Movimiento de Liberación Dominicana en junio de 1959 y posteriormente la articulación del Movimiento Clandestino del 1J4 ya que “al principio de los años 60 no es que los jóvenes eran “come candela”. Es que el influjo de aquel momento histórico impactaba sentimientos generalizados por alcanzar un futuro de cambios sociales marcados por la dignidad social y soberana”. Desde esta perspectiva, el triunfo de los barbudos que se internaron en la Sierra Maestra tras el desembarco de Fidel Castro y sus acompañantes del Granma constituyó un verdadero parteaguas para los movimientos revolucionarios del continente por la exitosa experiencia de la guerra de guerrillas que resonó estruendosamente en las organizaciones insurgentes de la región.
En ese orden, Pérez Peña señala que los jóvenes militantes del 1j4 actuaban “bajo la frágil creencia de que se había espantado el fantasma de Trujillo, y la convicción de que Cuba le había “doblado el pulso” a los yanquis, lo demás se veía “al doblar de la esquina” en una juventud henchida de esperanzas”. Al respecto, se puede decir que Cuba abrió el “camino latinoamericano de la revolución” con un modelo estratégico diferente al maoísta, cuya doctrina de guerra revolucionaria condicionaba la lucha armada al establecimiento de una sólida base popular. Vale decir que la elaboración teórica del modelo cubano se encuentra contenida en el manual titulado La guerra de guerrillas del comandante Ernesto «Che» Guevara, el cual sintetiza la experiencia cubana en torno a tres axiomas: “1ro. Las fuerzas populares pueden ganar una guerra contra el ejército; 2do. No es siempre necesario esperar a que estén cumplidas todas las condiciones para la revolución: el centro insurreccional puede crearlas; 3ero. En la América subdesarrollada, el terreno de la lucha armada debe ser siempre el campo”.
Sobre estos criterios, comenzaron a estallar los primeros brotes insurreccionales en Guatemala, Venezuela y Perú, los cuales se confrontaron a múltiples dificultades y obstáculos en el seno de sus respectivas sociedades. Al parecer, el único movimiento guerrillero que operaba una guerra de guerrillas sobre bases más o menos sólidas se encontraba en Colombia donde “desde finales de la década anterior se habían establecido allí «repúblicas independientes» de inspiración comunista”. No obstante, tras “una severa derrota en 1964, el movimiento guerrillero colombiano se recompuso bajo el liderazgo de Manuel Marulanda (alías “Tirofijo”) en un «Bloque Sur» rebautizado como Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dos años después”. En ese orden, resulta imprescindible evocar que las FARC fueron una guerrilla de origen campesino que “adoptaron cautelosamente la teoría del foco y se mantuvieron pragmáticas en su aplicación de la guerra de guerrillas”.
A nuestro juicio, para el 1j4, la decisión de asumir el “foquismo” no fue imitativa, sino adaptativa ya que entre los habitantes de los pueblos de José Martí y Máximo Gómez existían similitudes estratégicas (a nivel geográfico, climático, cultural, social, político y económico) que permitían transferir parte del modelo cubano a la realidad dominicana. Es importante tener presente en el análisis la cada vez más creciente incidencia norteamericana en el país y especialmente las contradicciones políticas que se manifestaban entre los grupos de derecha e izquierda en las calles de Santo Domingo, realidades que sirvieron de base para que la dirigencia del 14 de Junio asumiera el foquismo cómo una necesidad operativa, tomando en cuenta las lecciones y enseñanzas adquiridas en el exitoso precedente existente en materia de lucha armada.