Literatura
José Mármol y las angustias de la posmodernidad
En su más reciente obra, Otras angustias de la posmodernidad. Aceleración, descontento y luchas identitarias publicada en la colección La Rama Dorada de la reconocida casa editorial española Huerga & Fierro,

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Fue en las postrimerías de 1979 cuando, tras abandonar el vecindario de los arquetipos estéticos surgirá por primera vez el concepto de posmodernidad en referencia a una nueva fase de la historia humana reciente en la cual, de acuerdo con el galo Jean Françoise Lyotard, razón y sujeto serán sus primeras víctimas. Como la mayor explosión cultural acaecida en épocas recientes, la posmodernidad nacerá como consecuencia de la desaparición de las utopías y demás metarrelatos posterior a la fractura del saber; un saber cuya subsecuente caótica fragmentación le transformará en pura mercancía obediente a la lógica cultural del capitalismo tardío.
En su más reciente obra, Otras angustias de la posmodernidad. Aceleración, descontento y luchas identitarias publicada en la colección La Rama Dorada de la reconocida casa editorial española Huerga & Fierro, el respetado filósofo y mejor ensayista José Mármol se lanza, exitosamente vale decir, a la configuración de toda una bitácora ilustrativa de cada una de las angustias -como él llama los accidentes del vivir- que en la contemporaneidad global sacuden el pensamiento y existir del Homo sapiens de estos tiempos: desde la pandemia del COVID-19, imperecedera peste de la modernidad tardía; desde los dilemas y peligros de la realidad virtual, la tecnología cibernética y el universo digital; desde la filosofía, el poder y las identidades, hasta el devenir de lo creado o imaginado en las orillas del arte y la literatura.
Hay, a nuestro ver, una primordial razón de ser tras las disquisiciones y alertas plasmadas por el autor en los rincones de estas páginas: su preocupación ante la amenaza de muerte que se yergue sobre la ética, disciplina del pensamiento que según la Grecia antigua estaba a cargo del estudio de la moral, y, con ello de la comprensión de los actos humanos a fin de lograr el bien. Mármol es irrevocable cuando afirma que la mayor entre esas amenazas no es sólo la degradación de la ética misma sino sobre todo su instrumentalización y manipulación ideológicas. Propone, el también galardonado vate, que, como responsabilidad intrínseca a nuestra condición humana hemos de velar amorosamente por el otro. En este contexto, de asumir la función de la ética de dicha manera estaríamos exaltándola “como principio de comunión, como poesía de la vida y del porvenir”.
El lector del libro que nos convoca encontrará en su interior un extenso catálogo de microensayos, podría decirse, los cuales, concebidos como propuestas de pensamiento encapsuladas en 600 palabras fueron publicados en la desaparecida columna Carpe Diem del periódico El Día entre 2018 y 2023. Defino los textos de nuestro autor de esa manera porque, aunque se observe en ellos el impacto del sometimiento al rigor del espacio limitado propio de lo periodístico, no menos cierto es que las afirmaciones vertidas en sus párrafos representan profundas meditaciones sobre los desasosiegos experimentados por hombres y mujeres de estas épocas, tiempos líquidos y evanescentes de “cambios atolondrados”.
Desde sus mejores momentos, e incluso en la actualidad, aunque en menor grado, la prensa nacional se vanaglorió de mantener columnas regulares publicadas por distinguidas plumas como las de Enriquillo Sánchez, Pedro Delgado Malagón, Ángela Hernández, Basilio Belliard, Manuel Matos Moquete, Soledad Álvarez, Andrés L. Mateo, Tony Raful y Plinio Chahín, entre muchos otros. Gracias a esas contribuciones los medios impresos del país se convirtieron en fuente de aprendizaje y debate para el ciudadano no experto, así como también de disfrute literario en la mejor acepción del término en tanto que en aquellas páginas se lucía la mejor prosa poética y riqueza intelectual del momento. En Carpe Diem asistimos a algo similar en esta ocasión a manos de José Mármol, consagrado y pulido escritor que ha hecho del pensar su mejor arma llevando la creatividad literaria y las preocupaciones existenciales al espacio de lo diario.
En Otras angustias de la posmodernidad somos testigos de una cuasi urgente defensa del futuro, de la Tierra y de lo mejor de nuestra humanidad; Mármol lo hace a través de provocadoras cavilaciones sobre lo acontecido en este presente de vaivenes donde la mentira ha dejado de serlo a favor de las nuevas “verdades” y viceversa. Donde la “vida” virtual, el universo digital y la cibernética se constituyen en peligrosas adicciones y colosales manipuladoras del sujeto, de su tiempo y de su propia identidad alcanzando las cumbres de lo que el autor llama un “cansancio cósmico”:
“Es el cansancio de la soledad. Un cansancio, en verdad temible. Nos arropó, como una nube turbia, el fastidio provocado por el fanatismo que hizo de la modernización e industrialización sin parapetos éticos, de la autonomía de la técnica y la autoexplotación digital y de la aceleración sin límites en el escenario de vida consumista, una religión de esclavos. En este cansancio cósmico se proyecta el cansancio mismo de nuestra historia”.
Y si del plano de lo estrictamente íntimo se tratase, en este volumen Mármol se explaya en las angustias particulares que, a decir de Heidegger, hacen patente la nada; una de ellas, la desmesura de la autorrepresentación instantánea otorgada por el selfi, a su modo de ver desnuda la grave amenaza a la que el sujeto del hoy se encuentra enfrentado: “La consagración narcisista de un yo deficitario de su autoestima”. En efecto, ya habíamos dicho que ese ubicuo autorretrato habitante de la hiperpública cotidianidad contemporánea individualista y autorreferencial va más allá de los yoes que la impronta digital pretende construir; porque se trata, no quepa duda, de la manipulación de la verdad y de lo visto a manos de una nueva subespecie: el Homo photographicus.
El poeta Mármol dedica numerosos artículos a la filosofía, particularmente a su relevancia en el escenario vivido en este presente de populismos, genocidios, criptomonedas y amenazas medioambientales; en acuerdo con Bauman nos recuerda que el filósofo es la persona dotada de acceso directo a la razón despojado de toda mezquindad y perversidad quien, al abrazar el espíritu rebelde, iconoclasta y transformador característico de aquella disciplina la convertirá en voz de las víctimas. En este caso la verdad asesinada develada por doquier a manos de publicistas, presidentes y vocingleros de toda calaña.
En un evocador texto en el que Mármol cuestiona el futuro de la poesía como expresión simbólica de los sistemas de representación, saber y poder de una época o cultura, se nos recuerda, con todo el pesar justificable, cómo la sensibilidad y el lenguaje parecen sucumbir “ante la supremacía del cálculo, del dato, la aceleración, el consumismo y la caducidad.” Atemorizado ante la duda de si la soledad posmoderna nos ha robado la palabra (como ya casi se ha robado la memoria) nuestro autor sentencia inequívocamente el destino de aquel género, uno que habremos de abrazar y proteger a toda costa: “La poesía persiste en su supervivencia inútil o precaria. Inútil, aunque paradójicamente necesaria, porque ni el desarrollo económico ni los adelantos científicos y tecnológicos ni la orgía o el tsunami del orden digital podrán despojar al espíritu y a la cultura del hálito enternecedor o terrible de la presencia o sospecha de la poesía.”
Conscientes de la naturaleza desafiante innata a la poesía, de su sempiterna fuerza provocadora sobre todo en momentos como los actuales en los que el silencio inducido por los poderes amenaza la conciencia del sujeto, abrazamos las afirmaciones de José Mármol vertidas en este ensayo, las referentes a la poesía propiamente dicha y las que aluden a todo lo concerniente a nuestra sacudida existencia. Lo hacemos recordando las pertinentes palabras de Huidobro en el prefacio de su Altazor en las que se hace evidente que el poema no es más que una pira de magias y de sueños: “Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.”
Jochy Herrera es cardiólogo y escritor, Premio Nacional de Ensayo de la República Dominicana 2024. Autor de Carne y alma. Imágenes de la corporalidad (Huerga & Fierro, Madrid 2025).