Entrevista
León Félix Batista traduce a CAConrad
Puedo suponer que el interés por la poesía de un creador tan magnético como Conrad tiene algún tiempo en tu radar personal. Cuéntanos, más bien, cómo surgió la idea en la editorial de publicar su poesía.

Portada de desviado de CAConrad, traducción de León Félix Batista
POR: VÍCTOR CORAL
Puedo suponer que el interés por la poesía de un creador tan magnético como Conrad tiene algún tiempo en tu radar personal. Cuéntanos, más bien, cómo surgió la idea en la editorial de publicar su poesía.
Pues te cuento que el recorrido de estas versiones es ligeramente bizarro. Conrad y yo somos contemporáneos (él de 1966, yo de 1964), y esa proximidad hacía remota la posibilidad de que lo tradujera alguna vez, y menos a nivel de libro, debido a que he preferido por lo común verter a nuestro idioma poetas de camadas anteriores a la mi franja etaria. El de mayor edad, si no yerro, es Richard Kenney, quien nació en Nueva York en 1948.
Así que la propuesta me llegó directamente del reconocido poeta y académico chileno Yanko González Cangas, director de las Ediciones de la Universidad Austral de Chile, además de querido amigo. Yanko es un lector curioso y acucioso y, por alguna razón que solo él conoce en su fuero interno, le parecía –y así me lo comunicó vía llamada– que resultaría interesante si yo le pusiera voz a Conrad, y publicarlo en esa riquísima colección que es Caballo de Proa, en la que importa tanto el traducido como el traductor. Me sentí sumamente honrado.
Una vez asumida la misión, lo que no esperaba es que su imaginario fuera tan potente y su inmersión en el oficio tan singular y novedosa. Todo un impacto. Poemas sueltos suyos traducidos previamente proyectaban una luz parcial del estallido (de paso, hago constar mi reconocimiento a sus autores: el argentino Jacob Steinberg, el chileno Carlos Soto Román y el mexicano Román Luján).
Los intercambios con Conrad fluyeron con naturalidad, y la aventura inmersiva en su estética y mundología me nutrió bastante. Y así tenemos a desviado, un libro al que hubo que extirparle casi 40 páginas, pues tan extasiado estuve traduciendo que me excedí los límites.
Algo que define a la poesía de Conrad es los (Soma)tic Poetry Rituals. ¿Puedes definir esta propuesta brevemente para conocimiento de nuestros lectores?
Sí, claro. La poesía (somá)tica es, ante todo, una práctica. “La poesía (somá)tica es una praxis que he desarrollado para involucrarme más plenamente en lo cotidiano a través de la escritura”, declara Conrad en el Manifiesto del derecho a manifestarse, Introducción a los ejercicios de poesía (somá)tica y los poemas resultantes con que abre Una hermosa tarde marsupial (2012).
En la Filadelfia de 2005, tras una epifanía, una súbita iluminación, el poeta dedujo que “necesitaba una nueva relación con el tiempo”, y así creó los Rituales de Poesía (Somá)ticos, “para anclarme en el presente, creando lo que yo llamo un presente extremo, lo que significa que no puedo pensar en nada más que en lo que tengo delante”.

Portada de desviado de CAConrad, traducción de León Félix Batista
No deberíamos asumir en su contexto lo “somático” como en los ámbitos médico y psicológico, como tampoco en el sentido sintetizado de lo perteneciente o relativo a la parte material o corpórea de un ser animado, pues “soma es una palabra indo-persa que significa «lo divino». Y somático es griego. Su significado se traduce como «el tejido» o «el sistema nervioso». El objetivo es fusionar soma y somático, mientras se triangulan los patrones de experiencia con el mundo que nos rodea”, continúa detallando Conrad en el Manifesto. El trámite consta de los ejercicios (somá)ticos y los poemas que de ellos se derivan, considerándose ambos textos el poema, complementado.
Tal vez sea sólo una divagación sonora, pero leo ese magnífico poema “Visitar a un ser vivo para comer lo que cae de su cuerpo” y siento la voz, la presencia, en cierto grado, de Ginsberg…
No creo que andes muy descaminado. Como detallo en el prólogo, Conrad resulta inubicable. No se ajusta a ninguna de las generaciones que sobrevinieron después del eje Pound-Eliot-Williams. No es Beat ni confesional, ni Language ni ecopoeta, sino que se inscribe en una corriente interdisciplinaria que desafía las formas convencionales del verso, incorporando rituales, corporalidad y magia como parte del proceso creativo y combinando lo confesional, lo político y lo visionario.
Pero es obvio que abreva, como cualquiera, en distintos manantiales. En las páginas de El libro de Frank, su primero, Conrad lucha con sus demonios internos, catalizando de forma sublimada el duelo por el asesinato de su novio, y así se acerca a lo confesional. La disposición formalmente tortuosa, sinuosa, ensortijada de muchos de sus poemas le puede parecer a algún lector un dejo Language. La ecopoesía no es lo suyo, y aun así escribió Ecodesviación: (Somá)ticas para el futuro agreste, en el 2014, el cual ha sido descrito como un “silabario subversivo para una ecopoética queer”, y en ese aspecto es cercano a poetas que exploran la relación entre cuerpo, entorno y lenguaje como forma de resistencia. Se puede decir que Conrad desarrolla una vanguardia queer y ritualista, con fuertes vínculos con la poesía performativa, ecológica y espiritual. Yo creo que en lo queer y en el performance navega cerca de Ginsberg.
La retorcida belleza de “Denise Levertov contra Bruce Lee” me conmovió y me asombró. Entendí, una vez más que hay un espacio para sensibilidades otras, y que estas otras tal vez son las mismas, pero como cargadas de otro signo, como partículas cuánticas reconocibles pero que exigen una mente abierta para ser asimiladas (ojo con el verbo). Me parece uno de los mejores poemas del conjunto.
¡A mí también! La conjugación de efectos muy dispares en ese texto es simplemente mágica, como aquello de leer en voz alta en un cementerio un poema de Denise Levertov teniendo como coro de fondo los chillidos marciales de Bruce Lee. “Los mejores rituales son aquellos en los que se cuela lo inesperado” se dice allí. Y el “Poema como tormenta, no como refugio”, resultante de las notas tomadas en el ritual, es también bastante bueno.
Cuéntanos un poco de tu labor como traductor. Qué poetas has traducido hasta el momento y, sobre todo, qué tan difícil, laborioso, estimulante, etcétera, fue traducir a Conrad.
Primero lo primero: hasta hace poco, siempre traduje por impulso, estimulado por saber cómo sonaría la voz de un poeta X en mi oído-lengua. Conrad ha resultado ser mi primera traducción, digamos, por encargo; pero me ha sobrecogido hacerlo, pues se trata de un poeta formidable, del que seguiremos oyendo hablar por mucho tiempo.
He traído a mi español caribeño poemas de –entre quienes recuerdo– David Antin, John Ashbery, W. H. Auden, William Blake, Raymond Carver, Guy Davenport, Clayton Eshleman, Lyn Hejinian, Richard Kenney, Ted Hughes, Philip Lamantia, Marlene NourbeSe Philip, Ezra Pound, Adrienne Rich, James Schuyler, Charles Simic, Charles Tomlinson, Derek Walcott, Charles Wrigth, y de varios más.
Versionar a CAConrad no ha sido más ni menos complicado que versionar a otros: mi “método” consiste en, primero, impregnarme del discurrir poético original, y después tratar de domar el potro, pero con mis propias bridas.