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Militares, 1J4 y Bosch en frontera imperial

AREITO/P2/60 ANIVERSARIO DEL 1J4/TIENE SUS FOTOS

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A René Fortunato, por su invaluable labor y el respeto a la memoria de Manolo y el 1J4.

La muerte de René Fortunato constituye una sensible pérdida para los que trabajamos por el rescate de la memoria histórica del pueblo dominicano sobre su pasado reciente. Su profesionalidad en el ámbito historiográfico es un tema que amerita ser abordado en profundidad para que se pueda comprender mejor el valor de sus documentales y, por ende, el aporte a nuestra sociedad desde el punto de vista educativo. En efecto, si tomamos como ejemplo el documental Bosch: Presidente en la frontera imperial, podemos apreciar cómo René Fortunato se alejó de la visión psicologista que formularon los máximos representantes del imperialismo en el país, entre ellos Bernard D. Collier, corresponsal para América Latina del New York Herald Tribune, quien intentó explicar la situación política en el país durante esa etapa, a partir de ciertos rasgos en la personalidad de Juan Bosch.

En efecto, lejos de adentrarse en el temperamento del presidente, Fortunato inscribió su narrativa sobre el golpe de Estado en las estructuras geopolíticas, ideológicas, económicas y sociales de la sociedad dominicana de 1963. Así pues, el documental expuso la tenaz oposición que sufrió el gobierno del PRD por parte de las principales familias de la oligarquía criolla, resaltando la importancia que jugaron las élites económicas y los sectores de poder en la trama golpista. De igual forma, se aprecia el esfuerzo desplegado por el gobierno de los Estados Unidos, específicamente durante la administración del presidente John F. Kennedy, en materia de cooperación militar, tecnológica, política y económica para contener la denominada “subversión”. Desde esta perspectiva, el laureado cineasta inscribió el proceso socio-histórico dominicano dentro de un marco mucho más amplio que envolvió a los pueblos de América Latina y el Caribe.

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En ese orden, Fortunato no solo señaló la serie de golpes de Estado que se llevaron a cabo entre 1961 y 1963, sino que expuso su relación directa con la Escuela de las Américas, poniendo también en evidencia la posición asumida por la Organización de Estados Americanos, OEA, convertida desde entonces, según el dirigente catorcista José Espaillat, en un verdadero “Ministerio de Colonias”. Ante el complejo panorama que se iba desarrollando, el 14 de Junio entendió que debía asumir un método de lucha cómo necesidad operativa para enfrentar las dificultades propias de un movimiento revolucionario. En el editorial de El 1J4 del 14 de febrero de 1962 titulado “Los Peligros Reales Que Acechan a Nuestro Pueblo”, se expone que “mientras se tienda una cortina de humo con el argumento Trujilllista del “comunismo” y del “extremismo” están ocurriendo en nuestro país una serie de acontecimientos que son los que verdaderamente ponen en peligro el presente y el futuro económico-político de la República”.

Entre esos acontecimientos, subrayados en el referido escrito, se aprecia la preocupación que les provocaba en el plano militar: “La presencia de una misión militar norteamericana en el país”. Para la dirigencia catorcista, no había dudas de que la CIA tenía sus ojos puestos en la República Dominicana tanto por la proximidad geográfica con Cuba como por la historia reciente de lucha antitrujillista. Siguiendo lo que nos muestra Fortunato, es imposible que los principales dirigentes de la organización verde y negra desconocieran la asesoría que proporcionaban los estadounidenses a los militares dominicanos en técnicas antiguerrilla y contrainsurgencia. Había conciencia de que una derrota de los sectores progresistas, revolucionarios y de los militares honestos, acarrearía que “el pueblo dominicano continuaría siendo gobernado y explotado por una minoría privilegiada” y que “el movimiento obrero y estudiantil perdieran su posición de vanguardia en la lucha por las reivindicaciones del pueblo dominicano”, entre otras realidades.

Ciertamente, el partido liderado por Manolo Tavárez se caracterizó desde el primer momento por el combate frontal contra los trujillistas, dando la pelea cuerpo a cuerpo en las calles contra sus remanentes hasta lograr la salida del país de Ramfis y sus familiares en noviembre de 1961. Posteriormente, se radicalizaron sus contradicciones con la Unión Cívica Nacional, UCN, a la que El 1J4 le enrostró en su mencionado editorial, la “negativa del Consejo de Estado a destrujillizar los cuerpos armados y las instituciones civiles”. Sobre el particular, Juan Bosch explica que en las elecciones de 1962 “los altos mandos le temían a la UCN en el poder porque UCN había sido decisiva en la lucha contra Ramfis Trujillo y ellos habían sido cómplices y sostenedores de Ramfis; pero en 1963, la UCN estaba asociada a ellos en los planes golpistas”.

De manera específica, la primera denuncia pública contra el golpe se formuló el 17 de marzo de 1963, apenas tres semanas después de Juan Bosch haber asumido el poder, tal como se consignó en la portada del periódico El Caribe donde salió una nota de prensa en la que se indicaba que La Agrupación Política 14 de Junio reiteró su denuncia sobre la existencia de “una trama golpista encabezada por los partidos políticos ultraconservadores”. Así pues, en el texto se refleja de manera clara la idea que tenían sobre los sectores empresariales y eclesiásticos, los cuales, a juicio de los catorcistas, no permitirían un gobierno democrático y mucho menos tolerarían la amenaza que representaba un proyecto político del 1J4 en nuestra sociedad. Es en ese contexto que tiene lugar el conato de golpe de Estado en San Isidro, el 13 de julio de 1963, cuando un grupo de oficiales reunidos en la Aviación fueron a decirle al presidente Bosch que podía contar con ellos en cualquier medida que tomara contra los catorcistas. Ante esa situación nos señala Bosch, en el libro autobiográfico editado por Matías Bosch titulado Prefiero vivir luchando, que él jugó “la carta que tenía, la carta política, porque no contaba ni con una fuerza militar leal, comandada por generales leales, ni con un partido en capacidad de contrarrestar un golpe de Estado. Estaba llevando a los militares contra las cuerdas con mi capacidad de presión política”. Para ese momento, agrega Bosch “los tutumpotes cívicos habían perdido la batalla de los trucos legales: entonces se dedicaron con toda el alma a echar las bases políticas del golpe de Estado que lograron dar, al fin, en septiembre de 1963”. En la próxima entrega abordaremos la reacción del 1j4 y el PRD tras el golpe de Estado de 1963.

Sobre el autor

Amaurys Pérez Vargas

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