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El personero, de Efraím Castillo, y el capítulo del trepador, una novela corta dentro de la novela

Portada de la segunda edición de la novela El personero (1).

Portada de la segunda edición de la novela El personero (1).

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§ 29. El cinismo es la nueva manera de triunfar en dictaduras y en democracia y Gómez, le recomienda A Martínez, arquetipo trepador dominicano: «Para sobrevivir es preciso hacerse el pendejo. Al ignorarlo todo, sabiéndolo todo, y al callar, deseándolo decir todo, el superviviente entra en una categoría histórica que podría llamarse, con el perdón de los sabelotodo[s], de la pendejada, de la oblicuidad, de caminar siempre al sesgo.» (P. 213). Pero campesino que da para arzobispo, al superar a su mentor Gómez, Martínez aspira siempre a más: Trujillo le ha prometido que le tiene reservado un cargo en la diplomacia o un alto cargo en la industria azucarera, la suya por supuesto. Es la alcahueta Quina quien le transmite esa información, la cual es quizá -no lo sabemos- una distracción o una promesa falsa.

§ 30. Martínez escurre el bulto cuando Gómez le informa que todo está listo para matar a Trujillo y le pregunta: «¿Qué pasa contigo, hombre?» Gómez ignoraba la visita de Martínez esa misma mañana a La Caoba, para curarse en salud ante las insinuaciones de que participara en un complot contra Trujillo (p. 245) y las palabras de Quina aún resonaban en sus oídos de trepador: -Señor Martínez, usted es un hombre de suerte. El Jefe quiere que se prepare para una carrera diplomática. - ¡Pero a mi edad! ¡No tengo base escolar, Quina! - ¡Eso no importa, señor Martínez! El Jefe es un mago, un hacedor de milagros. ¿Acaso no es Doctor Honoris Causa, Príncipe, Benefactor y Padre de la Patria Nueva? ¡Usted tiene suerte, señor Martínez! - ¡Bueno, tendré que prepararme, Quina! ¿No cree usted? (P. 245). (Cabe aquí una cita que, falsa o no, Orlando Objío atribuye al Jefe en su libro Trujillo y Peña Batlle. El tirano y el sabio, t. I. (Santo Domingo: Editora Universitaria de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 2019, p. 4) que reza así: «Yo no necesito a nadie. Yo cojo a una mierda y la hago una personalidad y cojo a una personalidad y la hago una mierda.» Error o arrogancia de Trujillo. Ya Constancio, el padre de Constantino, le había advertido a su hijo que uno no gobierna solo. Trujillo necesitó a los Salomones y con ellos gobernó.

§ 31. Ante el arrepentimiento de Martínez de participar en el complot del capitán De Marchena, este niega que asintiera a tal compromiso y responde a Gómez: «- ¡Estás cada vez más loco, Gómez! ¡Estoy en mi mejor momento! ¿Por qué habría de querer que Trujillo desaparezca del mapa? No es una botella lo que tengo en Obras Públicas, sino un botellón. Además, soy parte de la Junta de Ornato y Embellecimiento de San Cristóbal y poseo una subcontrata para el parque Radhamés, siendo invitado a todos los actos que realiza el glorioso Partido Dominicano. ¡Qué más quieres, Gómez? ¿Crees que con todas esas prebendas puedo odiar a Trujillo hasta el extremo de desear tumbarlo?» (P.245).

§ 32. Gómez se apercibe de que el discípulo le ha superado en las lecciones de supervivencia y cinismo: - ¡Cuánto has cambiado, Martínez! (“El trepador”, Ibid.). En este enfrentamiento con un Gómez bajeado por la dictadura y cancelado de su cargo público por tener un primo en el exilio, Martínez tuvo en mente quizá esta frase que en su euforia política pronunció frente a su maestro: «¿Has pensado en lo de tu hija, en cómo te reconocerá la historia? Martínez responde: ‘- ¡Mierda! ¡Lo que dices es pura mierda, Gómez! ¡La historia es esta que estamos viviendo, aquí, en el Trocadero, en esta bohemia que nos rodea y deleita! ¿Para qué pensar en el futuro, o en el pasado, o en este mismo presente? El Jefe nos absorbe, nos guía, nos detiene y adelanta y él es un faro, Gómez, ¡no lo olvides jamás!’» (P. 252). En su hiperadulación, Martínez dice que Trujillo «se parece a Supermán» (p. 315).

§ 33. Es este éxito total del advenedizo Martínez el que precisamente no soportan los áulicos de Trujillo y nuestro trepador se duele de eso ante su contraparte Gómez, quien le conmina a integrarse al proyecto del capitán De Marchena de matar al Jefe: «¡Si volamos a Trujillo… (después de pronunciar ¡Si volamos a Trujillo!, Martínez bajó aún más su voz y miró alrededor, moviendo nerviosamente la cabeza)… volarán por los aires muchos de sus acompañantes: Paulino, Leyba Pou, Caamaño, Sánchez, Monegal, Álvarez! ¡Todos! ¡Parecerán estatuas destrozadas, Gómez! ¡Parecerán montoncillos de mierda esparcidos por las aceras y calles!» (P. 280).

§ 34. Estos altos personajes citados por Martínez son quienes le rechazan y aborrecen debido a que les ha desplazado de la cercanía del Jefe y no porque sea una amenaza a sus intereses y privilegios económicos: «¿Has visto cómo me tratan cuando me coloco detrás de ellos? ¡Soy el padre de la querida favorita del Jefe y eso no lo soportan! No soportan verme al lado de Trujillo y me tildan de arribista, Gómez. Me miran de soslayo y luego de abajo hacia arriba riéndose entre dientes, como diciéndome: ¡Ahí está el carajete ese que vendió a su hija por menos de 30 monedas! Entonces me descienden, me degradan, me empujan a sentirme nada más y nada menos que como un recadero: ¡Martínez, pásale este papelito al Jefe! ¡Martínez, coloca la silla del Jefe en su sitio, que se puede caer! ¡Martínez, búscale agua al Perínclito! (Ibid.). El desprecio es el destino de cualquier trepador social que haya escalado hasta la cúspide donde mora el príncipe. Pero la lección de supervivencia y de nuevo cinismo son el arma trituradora del advenedizo que desprecia a esos encumbrados que quizá, para subir donde están, hicieron igual o peor que Martínez.

§ 35. Pero las características que definen al trepador social no se encuentran todas, aún, en Martínez, quien llega solamente a arquetipo local. En la cultura española, el modelo de trepador social es el Buscón don Pablos, de Quevedo, antecedido en 1554 por el Lazarillo de Tormes, el ciego, el clérigo y el escudero, así como los personajes de la picaresca que asumen esa conducta. En la genealogía cultural dominicana está la herencia de todos los pobretones españoles que vinieron de la Península y salieron a conquistar la Tierra Firme y sus islas a golpe de violencia y corrupción. Los Cortés, Velázquez, Pizarro, Alvarado, Pedrarias Dávila, Jiménez de Quesada, Ponce de León, Vasco Porcallo de Figueroa, Pedro de Urzúa, Lope de Aguirre, etc., todos eran unos arrancados. La literatura hispanoamericana les ha cogido por temas.

§ 36. Pero también dicha literatura se ha criollizado y ha seguido los modelos del Buscón. En Venezuela con La trepadora, de Gallegos; en nuestro país con las novelas de Veloz Maggiolo y Deive que hablan de Hernando de Montoro, Francisco Roldán, los encomenderos, los repartimientos y las devastaciones de Osorio. En el siglo XIX, “Barriga Verde”, de Penson; en los albores del XX, los trepadores de La sangre (Antonio Portocarrero), de Cestero; ¡Ay de los vencidos! (Silvia Sarmiento y su padre), de Damirón; (en Los civilizadores, de Horacio Read (el padre busca afanosamente matrimoniar a una de sus dos hijas (ambas sin nombre) con un invasor yanqui para escalar socialmente).

Efraím Castillo, publicista y escritor de poesías, cuentos, teatro y novelas.

Efraím Castillo, publicista y escritor de poesías, cuentos, teatro y novelas.

§ 37. A mitad siglo XX, las llamadas novelas de la tierra y de la caña tienen sus proto-trepadores (Mario Acosta en Los enemigos de la tierra (p. 29-34), de Andrés Requena; los generales de pacotilla Fello Macario y Monsito Peña en La Mañosa, de Bosch; el general bolo y veleta Ventura Castro, en Cañas y bueyes (p. 146-148), de Moscoso Puello; Danielito Comprés intenta acabar con su pobreza en el central Romana y lo que consigue es un puesto de bodeguero de un batey con salario de ocho pesos semanales reducidos a casi nada con los descuentos, en Over (pp. 145-159), de Marrero Aristy; el médico Herrera y el sargento Enerio García en Jengibre, de Pérez Cabral; y Romualdo Carranza como trepador violento, termina asesinado (p. 585) en El terrateniente, de Manuel Antonio Amiama.

§ 38. Igualmente, a final de dicha centuria aparecen tipos emblemáticos de trepadores fracasados como el teniente Sotero de los Santos y Lucila, la sirvienta, y los que no pudieron ascender socialmente y formaron parte de la primera ola migratoria que fue a pescar “el sueño americano” a los Estados Unidos en Solo cenizas hallarás, de Pedro Vergés, así como el desfile de advenedizos de su otra novela Yo ya estaré lejos, donde Ñen Tejera (p. 192) es el prototipo de trepador social. De ahora en adelante, habida cuenta del rol protagónico de la pequeña burguesía en sus diferentes capas en la historia dominicana, es obligatorio analizar los textos ideológicos y de ficción con ella, colocada en el centro de las acciones, porque se encuentra indisolublemente relacionada con el colectivo y la literatura no como imitación o copia de la realidad, sino como transformación del lenguaje en y por un sujeto. Se deberá tomar en cuenta que la estrategia de vida del pequeño burgués es tomar sus ilusiones por la realidad, según Bosch.

§ 39. Para remate, este personaje de Martínez, en El personero, quien es un escalador social exitoso, incluso más que su hija Marta, quien como amante preferida del Jefe, acumuló menos fortuna que su padre, aunque quizá le superó en depravación. Con excepción de Trujillo, arquetipo insuperable del trepador social dominicano. En la ficción, Marta le fue infiel a Trujillo con Monegal y en el colegio mantuvo relaciones sexuales con la monja Gatusa, pero esta le confesó que toda su vida había sido un hombre y que, desde su entrada al colegio se prendó de ella y al no corresponderle, la maltrataba. El disfraz como engaño es una instancia de poder de los trepadores sociales.

§ 40. Para su pulimento social e intelectual, que él no tuvo, Trujillo inscribió a Marta en el colegio de monjas que él financiaba en San Cristóbal para que hiciera el bachillerato. Pero lo importante de Marta y Martínez (paronomasia: Marta está contenida en Martínez, de padre a hija, indisolubles) reside en que, como personajes, salieron indemnes del derrumbe de la dictadura de 31 años que culminó justamente con el ajusticiamiento de su encarnación camino al nido de amor de La Caoba, aquel 30 de mayo de 1961 (PP. 335, 340).

§ 41. Aunque una sombra de duda se cierne sobre Martínez con respecto al asesinato de Gómez en 1959. ¿Está bien logrado el personaje de Marta en la pluma de un narrador y un autor masculino? Janet I. Pérez, una feminista convencida, durante mucho tiempo lectora de revistas indexadas como la Modern Language Association, sostiene que para España -y quizá valga para la sociedad dominicana- «… los textos masculinos proveerán, por lo menos, ejemplos de cómo ciertos hombres -escritores- entendían la ‘naturaleza’ femenina y la situación de la mujer. El estudio de las ficciones masculinas no nos revela cómo eran o son las mujeres; solamente nos dice cómo ciertos hombres las percibían, o cómo ellos y sus lectores las imaginaban, o acaso querían que fuesen. Inevitablemente, sin embargo, su análisis echa luz sobre la construcción de los géneros masculino y femenino en el determinado momento histórico y contribuye a iluminar la condición de la mujer de la época.» (“Representaciones de la mujer en la novela masculina de entreguerras”, en Iris M Zavala (coord..). Breve historia feminista de la literatura española (en lengua castellana). III. La mujer en la literatura española (Del siglo XVIII a la actualidad. Barcelona: Universidad de Puerto Rico/Anthropos, 1996, p. 239).

§ 42. La afirmación de Janet Pérez sugiere, sin decirlo explícitamente, que únicamente la mujer escritora posee el poder capaz de comunicar a cabalidad la verdadera imagen de las mujeres en un determinado momento histórico, lo cual es falso. Nadie, nunca, sea escritor, sicólogo o sicoanalista, podrá penetrar por completo en el cerebro de lo que es, piensa y dice una mujer. La escritura masculina o femenina sobre la situación de una mujer específica en una sociedad determinada será siempre una aproximación. Tal es el caso de Marta en El personero. Ella dijo lo que era y lo que hacía y el relato del padre completó la historia. Pero si una mujer hiciera tal en la vida real, nunca sabremos lo que fue, dijo e hizo. No estamos supuestos a conocer la historia completa de una mujer de la vida real, porque sus secretos más íntimos nunca serán revelados al público, sea por vergüenza o por seguridad personal del sujeto. La descripción novelesca masculina o femenina de los personajes será siempre, sin moralina ni compromiso sociopolítico, ni mímesis, una aproximación. (FIN).

C:/areíto sábado 29 de noviembre de 2025 personero 3 de 3 bis.

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DIÓGENES CÉSPEDES

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