Arte contemporáneo
Presencia de Rosa Tavárez
El legado excepcional e inspirador de Rosa Tavárez (1939-2023) revela la presencia de su carismática personalidad y los resultados de sus vitales reflexiones estéticas y pedagógicas desde la Escuela Nacional de Artes Visuales, institución que dirigió desde 2000 hasta 2004, marcando de forma indeleble la vocación y sensibilidad de un grupo de artistas y educadores destacados de la actualidad.

Rosa Tavárez. La huida. Óleo sobre tela, 50x60 pulgadas, 1989.
Han pasado tres años desde que nuestra insigne artista y educadora Rosa Tavárez (1939-2023), iniciara su viaje ineluctable hacia la inextinguible luz de las estrellas; hacia el místico e incesante cortafuego de la trascendencia que se va condensando y cristalizando cada vez que desde los espacios dialécticos de nuestra realidad artística y cultural se evoca su radiante personalidad y, sobre todo, siempre que en estos mismos espacios se impone la mirada revalorizadora de su legado estético excepcional y sus notables aportes al desarrollo de las artes visuales y la educación artística en Santo Domingo.
Tras la partida física de Rosa Tavárez el domingo 05 de febrero de 2023, su energética personalidad, su fructífera trayectoria creadora, su radical vocación de maestra y la profundidad de sus convicciones estéticas, han sido exaltadas en diversas jornadas expositivas y reflexivas centradas en los exponentes magistrales de nuestras artes plásticas y visuales, organizadas por importantes instituciones artísticas, educativas y culturales como el Centro Cultural Mirador; la Escuela Nacional de Artes Visuales; el Museo de Arte Moderno; el Centro Cultural Perelló y la Fundación Cultural Verónica Sención (Fundaver).
Entre los primeros accionistas de estas actividades, destacan algunos reconocidos colegas de travesías y designios de Rosa Tavárez como Elsa Núñez, Dionisio Blanco, Antonio Guadalupe, Freddy Javier, Manuel Montilla, Lizett Mejía, Iris Pérez Romero, directora de la Escuela Nacional de Artes Visuales, y algunos de los más apasionados estudiosos y admiradores de su obra como Abil Peralta Agüero, Purísima de León, Mildred Canahuate, Ranier Sebelén, Verónica Sención y Julia Castillo, directora del Centro Cultural Perelló.

Rosa Tavárez. La huida. Óleo sobre tela, 50x60 pulgadas, 1989.
Paradójicamente, la ausencia resulta de hecho una presencia constante no sólo en la historia universal del arte, sino también en la cotidianidad de nuestra existencia. En este sentido se puede afirmar con certeza absoluta que, en su ausencia física, Rosa Tavárez sigue más presente que nunca en las miradas evocadoras y reflexivas de sus incondicionales admiradores y los estudiosos de sus ideas y sus aportes, así como en las más integras palpitaciones de la realidad artística y cultural dominicana de la actualidad.
Sólo un leve roce reflexivo a la noción radical de ausencia, exigiría encarar un collage excesivo de relatos, epígrafes y exégesis sobre la materia, la inmaterialidad, la nada, el vacío, la irrealidad, lo fraccionario, lo abstracto y lo invisible, entre otras cuestiones clave del debate filosófico sobre la naturaleza, la existencia, la muerte, el espacio, el tiempo y la memoria.
Entonces, todo apunte absorto y expectante sobre las nociones básicas de ausencia y presencia, debería iniciar admitiendo que ambas definen una dualidad insoluble. La ausencia sólo puede determinarse en relación con su otredad, pues si pensamos la ausencia, habría que retar el nudo supremo de su zaga y su reverso, aunque igual podríamos corresponder a la impecable invitación de Hermann Hesse (1877-1962), dudando siempre hasta autocuestionarnos: ¿Qué es la presencia y qué no es la ausencia?
Areíto
20 obras de la colección Báez-Tavárez donadas al Museo Reina Sofía De España
Amable López Meléndez
Sea como sea, el arte es una de las realidades donde lo humano jamás está ausente. Las creaciones de los artistas fallecidos, operan como rastro inefable de su ausencia. En el caso especial de Rosa Tavárez, a través de cada una de sus obras y de toda su producción, su ausencia se proclama como presencia que se desdobla e irradia cada vez más, inspirando nuestros mejores instantes vitales y nuestros sueños hacia los ignotos horizontes del devenir.
Y es que, en primera y última instancia, lo que Rosa Tavárez cristaliza de forma esplendorosa en toda su obra no es otra cosa que el grado máximo de elaboración simbólica que admiten la consciencia nacional, la historicidad, la corporeidad, la memoria emocional y las esencias culturales identitarias del pueblo dominicano...