Creación
“Siempre Salomé”: Una exposición para recordar
Lidia León ha sabido elegir tanto a quienes exponen como al equipo que ha curado y montado un conjunto de obras, reuniendo dibujo, pintura, cerámica, fotografías, instalación.

Homenaje: mural y estatua de Salomé Ureña en el Instituto de Señoritas Salomé Ureña.
No es fácil organizar una exposición homenaje, que las obras puedan imponerse por su propia expresión sin descansar en una excesiva transposición, pero se inspiren de una personalidad sobresaliente. Así sucede con la colectiva “Siempre Salomé”.
Lidia León ha sabido elegir tanto a quienes exponen como al equipo que ha curado y montado un conjunto, reuniendo dibujo, pintura, cerámica, fotografías, instalación.
Participan Elsa Núñez, Iris Pérez, Inés Tolentino, Iris de Mondesert, Mayra Johnson, Guadalupe Casasnovas y Lidia León.
Por cierto, son mujeres artistas, en consonancia con la persona homenajeada, Salomé Ureña de Henríquez, tal vez la mujer ilustre, más completa en la historia dominicana. Así mismo lo siente Lidia León, cuyas hermosas palabras, acerca de Dos Calles, introducen la exposición:
“Su primera exposición, SIEMPRE SALOMÉ, rinde homenaje a una mujer valiente, culta, patriota, docente, hija y madre. Su voz, escrita hace más de un siglo, sigue hablándonos de identidad, libertad y justicia. Y este proyecto busca devolverle vigencia, situándola en el corazón de nuestra memoria cultural, no como una figura inmóvil, sino como una presencia viva que inspira”.
Lo que nos agrada especialmente es que la inspiración, eminente en las expositoras, propone también a la mujer que sufre, angustiada por la prolongada ausencia de su esposo y le dice textualmente que acabe y que llegue... Varios versos y sobre todo las cartas a Federico Henríquez demuestran amor, dolor, soledad, siempre digna, que no impide a Salomé Ureña continuar enseñando.
Un arte plural y expresivo
Ahora bien, los escritos poéticos, la correspondencia forman parte de la motivación que, junto a la creatividad personal, culmina en el enfoque visual de las obras de Elsa Núñez, Inés Tolentino, Iris Pérez, Lidia León.
Elsa Núñez es la maestra cuya excelente obra rima pictóricamente con la poesía de Salomé Ureña, ”¡Pobre avecilla!”. Se siente en esta pintura romántica y delicadamente ecológica, una emoción que enlaza líneas y formas, que construye armoniosamente una visión, que armoniza los colores, que las “tonaliza”, culminando en un blanco puro. Esta iluminación parece acoger al ave, la cual, alas desplegadas, busca el abrazo de su salvadora. Hay realismo, expresionismo y una ligera nota de abstracción…al casi fundir pelo y cielo.
Iris Pérez nos deleita con un mosaico, que consta como una de sus mejores trabajos, integrando la cerámica, la pintura, la destreza lineal, sin que olvidemos una construcción ejemplar de 27 piezas, iguales en tamaño y distintas en contenido. Es ciertamente una obra contundente de “la Iris Pérez ceramista”… La emotividad brota en la escritura que adivinamos, como en los relieves de corazones y otros elementos sensibles. Cada color, ardiente, claro u oscuro, se valora como exclusivo sobre el calor del amarillo.
La versatilidad técnica de Inés Tolentino convierte su obra en algo especial. Modula su expresión muy contemporánea, con procesos neoclásicos: un dibujo igualmente virtuoso de la anatomía a la naturaleza, la costura y el bordado para animar la superficie, un rejuego entre espacio y composición. Llega a definir el amor y el dolor de Salomé Ureña con la reproducción de cartas sueltas, pero fijadas con hilo… Hay simultáneamente solidez, complejidad, soltura, buen humor aún, en ambos dibujos, tan atractivos como dramáticos.
Lidia León concibió, investigó, realizó una instalación que impone al entorno oscuro, una luminosidad y un ritmo, convirtiendo los versos patrióticos de Salomé Ureña casi en un brote sobrenatural, finalmente evoca hasta una resurrección impresionante. Gracias a los contrastes, blanco y negro, movimiento circular y autoría por una letrista perenne, espectador externo pero conmovido interiormente, no la podremos olvidar. Ojalá permanezca allí, cual un sello identificador de la artista y de Dos Calles, su “espacio creativo”.
Las fotografías de Mayra Johnson y Guadalupe Casasnovas, prácticamente todas firmadas por ambas maestras de la fotografía, llegan a proponer mucho más que documentales. Si bien es cierto que captan sitios familiares de Salomé Ureña, su entorno, su itinerario, su instituto de señoritas y evidentemente su “retrato” en tres dimensiones -una escultura impresionante-, su valor sobrepasa imágenes técnicamente impecables. Tanto los enfoques y la emoción que transmiten, testimonian la sensibilidad particular de las fotógrafas, que probablemente habrán hecho su propia curaduría entre centenares de tomas.
Ahora bien, la exposición amerita más de una visita, y nos falta, entre las obras presentadas – ya que la colaboración de Iris de Mondesert figura en medios de comunicación- , el disfrute del video, a la vez biográfico y alegórico, de Salomé Ureña, que contó con la colaboración mayor de Chiqui Vicioso, orgullo nacional de las letras.
Mencionaremos el aporte invitado de un escogido alumnado de Altos de Chavón, con su ingeniosa instalación de fibras multicolores, siendo cada fibra metáfora de un verso de Salomé Ureña.
Coda
Lidia León reunió, para la puesta en valor de las obras, a expertos distinguidos en sus respectivas disciplinas, entre los cuales la historiadora del arte Lilián Carrasco para la curaduría, y el arquitecto Raúl Morilla para la museografía.