Interesante
Agua bendita: origen, significado y uso en la religión
El agua un rol muy importante en las ceremonias cristianas, judías e islámicas. Quién introdujo la bendición de los sacerdotes con agua hasta la forma correcta de construir una pila bautismal. Los otros “sacramentales” que forman parte de la vida cotidiana de los creyentes. El peligro que implica su mala utilización

El Papa Francisco bautiza a un bebé durante una misa en la Capilla Sixtina
El agua es un símbolo poderoso, que adquiere diferentes significados que siempre atañen a los momentos de transición más importantes de la existencia. Es el símbolo por excelencia de la vida, el renacimiento y la purificación, y por ello también está presente en ocasiones en los ritos funerarios. Encarna el principio femenino, tanto por aspectos relacionados con la fertilidad como por su carácter de elemento líquido, puro, adaptable y receptivo. Es visto como un elemento de fuerza misteriosa, capaz de transformarse continuamente, penetrando el suelo y las rocas y nutriendo la tierra en forma de lluvia.
El simbolismo del agua es articulado y complejo y cambia según el tipo de agua: el océano, por ejemplo, es visto tradicionalmente como una fuerza o divinidad masculina, mientras que los manantiales, próximos a la selva y los bosques, se asocian a divinidades femeninas.
El simbolismo y las alegorías de los mitos antiguos se pueden encontrar en las grandes religiones, y todos estos elementos unen las grandes narrativas sagradas de la humanidad, desde los baños rituales de los Misterios eleusinos de la antigua Grecia hasta la meditación de los monjes sintoístas del Japón.
Partiendo de la religión más cercana a nosotros, el cristianismo, hacemos un recorrido por el mundo para descubrir lo sagrado en el agua.

El secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, rocía agua bendita durante una misa
En el judaísmo, el agua juega un papel importante, siendo protagonista de las abluciones rituales ligadas a la purificación, indicadas por la “Ley judía” (la Halajá): se trata de la tevilah, una inmersión completa en agua de mar o de río que toma la nombre “mikvek” que es un baño ritual que sirve para purificar el cuerpo tras ciertos actos impuros.
El agua que llena la cuenca de la mikve debe provenir de una fuente natural, de un acuífero, por lo que la inmersión también puede tener lugar en un océano o un lago.
Según la tradición, no debe haber barreras entre la mujer y el agua, por lo que se deben quitar la ropa, las joyas, el maquillaje, las uñas postizas y los productos para el cabello.
En el judaísmo ortodoxo la inmersión en la mikve es obligatoria después de la menstruación y antes de reiniciar las relaciones matrimoniales; después del parto y antes de reanudar las relaciones matrimoniales; para una novia, como preparación para la boda y como parte del proceso de conversión al judaísmo.

El bautismo de Jesús por Juan en las aguas del Jordán
El lavado ritual de manos, que se produce en numerosas ocasiones, por ejemplo antes de rezar, al despertar por la mañana o antes de dormir o al salir del cementerio, entre otras. O entre las abluciones, una de las más importantes es “netilat yadayim”, el lavado que se realiza antes de tocar el pan.
Cada lavado va siempre acompañado de una bendición específica y las abluciones son tan importantes que en algunos casos uno puede incluso ser excomulgado por no haberlas realizado.
Para los católicos, desde niños nos han enseñado que, al entrar a la iglesia, es importante mojar los dedos en la pila bautismal o en una pila de agua bendita y hacer la señal de la Cruz con el agua bendita. Es una manera de recordar el valor de nuestro Bautismo y recordar cómo hemos llegado a ser en todos los aspectos parte de la Iglesia.
En el Evangelio según Juan, Jesús dice a la samaritana: “Si supieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘¡Dame de beber!’, le habrías pedido y él te habría dado agua viva” (Jn 4,10). Esta “agua viva” de la que habla Jesús es Él mismo.
El agua siempre ha tenido una importancia fundamental en las Sagradas Escrituras, como símbolo de salvación y purificación. La Liturgia se ha apropiado de esta dimensión espiritual del agua, convirtiéndola en uno de sus símbolos más importantes, con el Sacramento del Bautismo, y haciendo del agua bendita un sacramental.
El uso inapropiado del agua bendita
El uso inapropiado del agua bendita, así como de otro símbolo sacramental y, más en general, sagrado, debe considerarse una falta, pero muchas veces no es por maldad, sino por no saber de qué se trata.
Muy a menudo aquellos que no practican ninguna fe se aprovechan de la despreocupación o la ignorancia de los creyentes para desacreditarlos a ellos y a sus creencias, precisamente aprovechándose de los errores y la despreocupación en el uso de símbolos y rituales.
Es muy fácil caer en la superstición, utilizando incorrectamente los sacramentales y los propios sacramentos.
No podemos obligar a Dios a que nos conceda todo lo que queremos sólo porque nos portamos bien y mucho menos si podemos hacerlo con fórmulas mágicas y rituales improvisados en casa.
El agua bendita no tiene poderes mágicos. No es un medicamento, no sirve para limpiar la casa, ni para alejar el mal de ojo si lo llevamos siempre en el bolsillo o colgado del cuello como amuleto de la suerte. Es sólo Dios quien decide lo que merecemos y lo que no, lo que nos debe pasar, bueno o malo.
La única verdadera “magia” para un cristiano consiste en confiarse a su voluntad la cual como buen Padre, nunca puede ser mala y sobre todo debemos atesorar y hacer rendir los talentos que pone en nosotros.