Entrevista
Tania Báez “empezar de nuevo no es fracasar”
Tania Báez llega “Sin pedir permiso” a retarse a sí misma y a todas esas mujeres que merecen un despertar y las fuerzas que necesitan para vivir sin miedos ni prejuicios.

Tania Báez vive una etapa creativa y llena de agradecimiento.
La experiencia le ha regalado a Tania Báez, la veteranía profesional en diversas ramas, pero también la seguridad de saber qué quiere, cuando lo quiere y cómo lo quiere, y eso es algo innegociable, según lo que ha demostrado en estos años.
Hoy, Báez se encuentra en una etapa creativa en su carrera, que la he llevado a explorar su capacidad profesional y de ahí nace “Sin pedir permiso”, un proyecto teatral que representa su madurez en todas sus facetas.
¿Qué la inspiró a escribir esta obra?
La necesidad de decir en voz alta conversaciones que llevábamos años susurrando. Durante mucho tiempo las mujeres hemos aprendido a sostener, a callar y a adaptarnos. Sin pedir permiso nace del deseo de poner esas verdades sobre la mesa, sin drama, sin victimismo y con humor. Es una obra sobre la vida real: equivocarnos, reconstruirnos y volver a elegirnos.
“Sin pedir permiso”, llega para revolucionar, para acompañar y ¿por qué no? también a incomodar a un sector que a pesar de todo, aún sigue cuestionando a las mujeres por ser ellas.
En este viaje, Tania se hace a acompañar de un grupo de mujeres, las cuales define como las ideales para la obra escrita y producida por Báez. Carla Hernández, Rosmery Herrand, Pamela Sued y Milagros Germán, estarán los días jueves 19, viernes 20, sábado 21 y 28 de marzo en Escenario 360.
¿Qué fue eso que te llamó la atención de cada una?
Quería mujeres reales, no personajes perfectos. Milagros tiene una profundidad emocional enorme, Pamela una cercanía generacional poderosa, Rosemary una verdad fresca y sin filtros, y Carla representa la mirada nueva, vulnerable y valiente. Juntas somos cinco décadas dialogando. No es un casting: es una conversación viva entre generaciones.
¿Qué ha sido lo más satisfactorio de trabajar con este grupo?
Hemos llorado, reído y construido juntas desde nuestras propias historias. Este proyecto nos unió más allá del escenario y confirmó algo hermoso: cuando las mujeres colaboran, la competencia desaparece y aparece la creación.
¿Cuál es el mensaje con el que te gustaría que salga la gente al ver la obra?
¡Son muchos! Que vivir con autenticidad siempre vale la pena. Que no hay edad para empezar de nuevo. Y que muchas de las cosas que creemos que solo nos pasan a nosotros… en realidad nos pasan a todos. Que nadie está solo en sus dudas. Que empezar de nuevo no es fracasar. Y que muchas conversaciones difíciles pueden convertirse en puentes si nos atrevemos a tenerlas. Esta obra no busca dar respuestas; busca abrir conversaciones en parejas, familias y amistades.
¿Cómo te hicieron sentir los ataques y reacciones despectivas sobre lo que mereces o no a tu edad?
Más que afectarme, me confirmó que todavía hay conversaciones pendientes sobre edadismo y sobre el derecho de las mujeres a elegir. Me sorprendió menos de lo que la gente cree. Cuando una mujer habla con libertad, siempre incomoda a quienes todavía viven desde el miedo.
Me confirmó que todavía existe incomodidad cuando una mujer madura habla desde la elección y no desde la resignación. Pero también abrió una conversación necesaria sobre edadismo y sobre el derecho de las mujeres a seguir deseando, soñando y eligiendo a cualquier edad.
¿Te afectó el comentario de Luisín Jiménez?
No. Me ocupó más que me afectó, porque abrió una conversación necesaria. Si algo provocó fue reflexión. Y si una conversación incomoda ayuda a cuestionar ideas viejas, entonces ya cumplió un propósito.
¿Qué sigue luego?
Creo que a “Sin pedir permiso”, le queda mucho ¡sueño con llevarla a escenarios internacionales. Estoy en una etapa donde quiero crear, producir y actuar desde lugares que tengan propósito. Hoy elijo proyectos que me reten.