Película
“Colson, renovarse o morir”, una joya del cine dominicano
Este homenaje a Jaime Colson debería difundirse ampliamente. Es a la vez informativo, dramático y divertido. No cabe duda de que ese genio dominicano del arte lo merecía: entre evocación y resurrección. Incluye una labor ejemplar de producción, dirección y equipo.

Myrna Guerrero, directora del Museo Bellapart, con Juan Miguel Grisolía, cofundador de la Fundación Colson y “guardián’ de su memoria.
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Acompañar la película “Colson, renovarse o morir” con una relectura de “Jaime Colson, memorias de un pintor trashumante”, es un privilegio. La Fundación Colson, soporte de la película con el Museo Bellapart, haría un gran favor a la bibliografía dominicana, con una nueva edición del libro.
Muy accesible, ameno en escritura, aparte de las estridencias, a menudo justificadas, de Colson, está rico en aportes sobre el arte -no solo el dominicano- y en críticas constructivas acerca del medio, ¡las cuales no siempre han perdido su valor!
El documental, como es lógico, siguiendo los pasos de Jaime Colson en su carrera, sus éxitos como sus desavenencias, ha sabido consultar, integrar y llevar a la pantalla una fuente fundamental y personal de información.
Cualidades especiales
Agrada mucho pues la correspondencia entre la versión cinematográfica y las publicaciones, que incluyen “Colson, la vanguardia trashumante”, una monografía cuyo autor es el siempre activo y destacado Ricardo Ramón Jarne. Esta investigación exhaustiva incluye textos afines de críticos, sobre todo reproduce el pensamiento del propio Colson, y evidentemente imágenes de sus cuadros. He aquí un libro enjundioso y próximo a un catálogo razonado.
Muy justa es la presencia frecuente, participativa y elocuente, de Ricardo Ramón, que se asocia al guion de Gina Giudicelli: contribuye tanto a la coherencia como a la continuidad de la narrativa y filmación.
Habíamos mencionado los “personajes”, no enfocados como simples entrevistados, sino participantes. Aunque los hay principales y secundarios, no los confundimos con actores: no interpretan papeles. Son testigos que han trabajado, recibido clases, conversado con Jaime Colson y/o reflexionado sobre su obra: experiencia, comentarios y anécdotas animan el desarrollo fílmico.
Ahora bien, en este contexto, figuran como colaboradores esenciales, Myrna Guerrero, directora del Museo Bellapart, y los familiares cercanos de Colson -sobrina nieta y sobrino nieto-.
Este último, Juan-Miguel Grisolía, cofundador de la Fundación Colson y “guardián’ de su memoria, tiene una importancia singular. Hace pensar aun en los estudiosos de manuscritos seculares, pero con las cartas de Jaime Colson, tan bellas – lo dijimos-, tan expresivas, tan fascinantes, que se anhelaría leerlas en pantalla.
En especial, cuánto agrada la correspondencia entre Jaime y Toyo, “T. Kurimoto, pintora, dibujante y ceramista”, “abnegada esposa” -así mismo la calificaba Colson-. De Tomás Hernández Franco, gran contertuliano y compañero de libaciones, se reproduce un retrato que Colson dedicó a su amigo, más allá de que la muerte los separe.
Sin embargo, hay una actuación, la de Iris Pérez, una artista joven que se convierte… en Jaime Colson, saltando, delineando, pintando, mezclando pigmento, moviendo papeles… Paréntesis en vivo, que propician un documental abierto y distinto. Así mismo, músicos y parejas… llevan a lo real el cuadro más célebre de Colson, “Merengue”, y sorpresa cual un guiño de ojo, un bailarín imponente parece plasmar el amor de Colson por el cuerpo humano.
El Museo Bellapart
Ahora bien, todavía no nos hemos referido al Museo Bellapart, ya auspiciador de la monografía, que ha tenido ahora un papel preponderante y polifacético como soporte. No solamente se trata de la iniciativa de la película, de su seguimiento, de su presentación, sino de Juan-José Bellapart, ideólogo y fundador del museo, coleccionista sin par de Jaime Colson.
Una de las secuencias más relevantes y la más emocionante, es la de Juan-José Bellapart, en su museo, hablando, también con una luminosidad particular a la vez real y simbólica. Sus hijas, Maribel y Maripili, que continúan su legado, intervienen, aportando testimonios llenos de sensibilidad y elocuencia.
Myrna Guerrero, desde las primeras imágenes, en “uniforme” de conservadora, camina hacia los cuadros de Colson, ejemplarmente guardados en su depósito, ayuda a colocar uno... y lo mira. Animadora principal de la película, comparte evocaciones y opiniones con Juan-Miguel Grisolía, se expresa con autoridad y reserva, acorde con su personalidad. Asumió múltiples responsabilidades… hasta la programación de “Colson, renovarse o morir”.
Nos queda esperar que este documental -ya que pertenece a ese género-, el Museo Bellapart lo pueda difundir nacional e internacionalmente, contribuyendo así al reconocimiento de Jaime Colson. Se ignoró de él, hasta un cubismo unico, integrando a Haití, su gente, y su tipología, con humor y con amor.
Compartimos, con la muy talentosa Gina Giudicelli, su directora y guionista, la convicción de que, gracias a la película, al fin un maestro dominicano, genial en dibujo y pintura, pensador, crítico, poeta y viajero…, acceda al pináculo continental y transcontinental que le corresponde.
¡“Colson, renovarse o morir” puede y debe viajar por los museos del mundo!
Coda
Algunos datos importantes:
Directora: Gina Giudicelli
Codirectora: Elsa Turull de Alma
Director de fotografía: Jaime Gómez:
Productor: Antonio Alma
Casa productora: Larimar