Arte
Ernest Breleur, maestro infinito
Hace muchos años que no se celebraba en el país una exposción internacional, tan extensa, tan contundente, tan apasionante. Además, es un artista del Caribe.

Ernest Breleur trabajando
Evocar el arte del Caribe nos duele en Santo Domingo por el fallecimiento de la Bienal del Caribe -éramos su centro de celebración y organización- y por la ilusión de una sustituta Trienal que también falleció. Pero no se puede perder la esperanza de una resurrección, y nos sentimos felices cuando tenemos el privilegio de “recibir” a un artista caribeño: es memoria viva.
Ahora, la felicidad se convierte en alegría y fascinación por tener el privilegio de una obra y retrospectiva excepcional, que sus mentores titularon “El Maestro Breleur. La fragilidad de un corazón de cristal”. Creemos que nadie puede controlar una emoción, previa aún, al contemplar el afiche gigante que anuncia la exposición en la fachada del Museo de Arte Moderno.
Un acontecimiento de esa magnitud no hubiera podido producirse sin una interacción plural, institucional y personal. La Dirección Nacional de Museos concedió, para ese despliegue expositivo, el Museo de Arte Moderno, también otorgado por su director.
La muy reputada asociación martiniqueña, Fondation Clément, aportó eficiente colaboración y generosos recursos.
Un equipo de expertos, encabezados por la gestora, ejecutiva e historiadora Dominique Brébion, acogió y apoyó la iniciativa de Delia Blanco, crítica de arte y embajadora de la francofonía. La misma Dominique y Olivia Breleur asumieron la curaduría, otra hazaña aparte de la recolección de las obras y su transporte.
La extensión, la complejidad, el refinamiento del conjunto y de cada una de las piezas, requirió pues una competencia -poco común-, culminando en una exposición espléndida, de la cual Ernest Breleur ha sido autor y también actor.
No cabe duda de que el Museo de Arte Moderno, por su prestancia y su arquitectura exterior e interior, era en nuestro país, el lugar idóneo para esta exposición.
José Tejada, talentoso museógrafo, dispuso las piezas entre la primera planta –plataforma y sala cerrada- y el sótano -prevaleciendo allí la tercera dimensión-, sin que olvidemos una instalación colgante impresionante. ¡Una museografía difícil y un montaje muy bien logrado!
Hemos de señalar otro ejemplo a seguir, aunque muy exigente: los textos explicativos, cortos, claros, completos, numerosos. Más que permitir, invitan a observar, disfrutar y recorrer.
No son detalles, sino datos que contribuyen a los atractivos extraordinarios - en un sentido etimológico - que la muestra retrospectiva brinda a un público obviamente receptivo.
El maestro Breleur
“El maestro Breleur. La fragilidad de un corazón de cristal”, así se llama esta exposición real-maravillosa, un título muy poético que le ha conferido Olivia Breleur, hija del artista. Por cierto, nos hace pensar y aún interpretar: la fragilidad de un corazón de cristal evoca a la vez la vida, la belleza y un peligro de ruptura.
Lo entendemos más bien como preciosidad y refinamiento, algo que no caducará ni se deformará, pues la creatividad de Ernest Breleur es infinita. No lo es en un sentido de sacralización, sino que el maestro siempre se renueva y su creación renace, admirable, sin que los anteriores períodos pierdan valor. Por el contrario, permanecen únicas sus “series”, vinculadas y diferentes.
Por supuesto, Ernest Breleur es un maestro. En el arte, domina todo, el concepto y la técnica, los materiales y su transformación, la entrega y el coraje. Para él, no guardan secretos el dibujo, la pintura, el ensamblaje, la escultura... y mucho más –una obra íntegra rayos X-. No olvidemos mencionar los soportes de su creación, igualmente sin límites. También es un maestro, por la cantidad de discípulos, por tantos artistas que él inspira y que lo siguen.
En una segunda parte, desarrollaremos las impresiones y emociones que contemplar sus obras nos ha propiciado y producido sucesivamente.
El maestro Breleur es un hijo de Martinica, que auna las características de ser una isla del Caribe y un departamento francés de ultramar. Ese país caribeño se destaca por una particular riqueza en las artes visuales, la música, las letras, y tiene orgullo de su patrimonio criollo.
Si Ernest Breleur se expresa “genialmente” a través del arte, simultáneamente es un literato que domina la palabra increíblemente. Basta escucharle y leer textos que en él surgieron acerca de sus obras. Hasta la poesía reina, y les ofreceremos un brevísimo ejemplo:
“Mis retratos sin rostro son los de hombres y mujeres ‘extranjeros’que no merecen jamás una mirada humana. Mis retratos sin rostro son también los de todos los que están olvidados aùn antes de cualquier encuentro, como si el corazón del humano fuera también la máquina de excluir, de triturar, y que así se evitaría en él toda inscripción del otro.
Mis retratos sin rostro parten del mundo que, en cada instante, pierde más el rostro: mundialización obliga.” (Kreyol Factory, 2009, p. 160.
(Continuará)