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Habichuelas, legumbres con mucho juego

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Que “en todos lados cuecen habas” no es, por tanto, un refrán baladí. Las habichuelas provienen de una planta que se cultiva anualmente en todo el mundo, en sus diferentes variedades.

Según excavaciones arqueológicas, el origen de este alimento proviene del sur de México y Centroamérica desde hace más de 7.000 años. En México los aztecas usaron el frijol como parte principal de su dieta. Por otro lado, los incas se encargaron de introducirlo al resto de Suramérica.

Proteína de los pobres

La propagación y popularidad de los frijoles fue rápida, ya que los aborígenes de toda América, además de vegetales y otras semillas, se alimentaban primordialmente de éstas desde mucho tiempo antes de la Conquista por parte de los españoles. No en vano, fueron conscientes de su alto poder nutritivo y lo convirtieron, junto al arroz y el maíz, en su principal materia de sustento.

Independientemente de su frecuente combinación con alimentos como el arroz o el huevo, las habichuelas poseen un alto contenido en proteínas y fibra, siendo también una fuente excelente de minerales, como el potasio, hierro, selenio y ácido fólico. De ahí que popularmente se le haya llamado “la proteína de los pobres”, pese a que sea un deleite de comensales de todas las extracciones sociales.

Las habichuelas negras forman parte de los alimentos de la canasta básica en México, pero al mismo tiempo son un elemento necesario para una gran cantidad de especialidades mexicanas.

En este país son tan consumidos que ya forman parte del acervo popular frases como “Me echaron sus frijoles”, que significa “me regañaron”, o “échale un ojito a los frijoles”, que quiere decir estar atento a los asuntos.

Sus posibilidades en la gastronomía mexicana son múltiples, tanto con tortillas, arroz, en sopa, con pollo o en tostadas.

También en chile son consumidos con profusión, aunque allí se les conoce con el nombre de porotos, denominación que proviene del quechua (purutu), por eso uno puede ser “más chileno que los porotos”.

En Venezuela, sin embargo, se conoce el frijol negro como caraota. Allí suele cocinarse de la manera tradicional, es decir, combinando el arroz blanco con frijoles cocinados, bien negros o rojos.

Se trata del típico plato de la cocina criolla antillana, conocido por los venezolanos como ‘pabellón’. En Cuba, sin embargo, se prefiere denominar este plato como ‘moros y cristianos’.

Las habichuelas blancas, conocidas como alubias, ya existían en la antigua civilización mediterránea. Curiosamente, el frijol alubia en la cultura griega servía como ficha de votación para la elección de magistrados. De ahí que cuando Plutarco escribió: “Absténganse de las alubias”, no se refería a ninguna dieta; aconsejaba a sus lectores alejarse de la política.

Cristóbal Colón pudo haber sido el primer europeo que probó los frijoles americanos. Los descubrió en Huevitas, Cuba, y de ahí los envió a Europa, como hizo con otros alimentos como la papa o el tomate. Sin embargo, en esos tiempos las habichuelas no causaron tanto impacto en Europa como lo hicieron tras la conquista, cuando nuevamente se envió a España esta leguminosa.EFE-REPORTAJES

Lasagna de habichuelas negras

Ingredientes:
8 láminas de lasagna crudas
3.5 onzas de carne de soya troceado
1/2 cucharadita de pimienta
2 pimientos verdes
2 tazas de frijoles negros, hidratados
Sal al gusto
1 tarro de salsa de tomates
1 puñado de cilantro fresco
1 cebolla picada, muy fina

Preparación:

Cocer las láminas de lasagna, según las instrucciones del paquete.

Combinar la carne de soya y la cebolla sofrita junto a los pimientos verdes troceados.

Rellenar las láminas de lasagna con la mezcla. Poner los rollos en una bandeja untada con mantequilla y al horno, unos 25 minutos o hasta que se caliente suficiente.

Antes de servir, poner salsa sobre los rollos y un poco de cilantro fresco si se desea.

(Autor: Francisco Vásquez Neira)

Las habichuelas en RD
Las diferentes variedades de frijoles, pero sobre todo las habichuelas rojas y negras, son muy consumidas en el país, tanto así que son parte primordial de la llamada “bandera dominicana”, que es el plato más cotidiano con que cuentan los quisqueyanos, y que consta además de arroz, carnes y ensaladas.

Pero no sólo guisadas para acompañar el arroz se consumen estas leguminosas, también se preparan en moros, cremas, sancochos de habichuelas, y hasta con azúcar, en las famosas habichuelas con dulce, que constituye uno de los platos estrellas que habitualmente se preparan en Cuaresma.

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