Era digital
Pantallas vs. libros: leer en voz alta, una tradición en riesgo
De acuerdo con un informe de la UNESCO, la lectura en voz alta favorece la comprensión, la memoria y el desarrollo del lenguaje, además de fortalecer vínculos familiares y comunitarios.

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En el marco del Día Internacional de la Lectura, especialistas advierten que la práctica de leer en voz alta, tan común en generaciones anteriores, está desapareciendo frente al avance de las pantallas y los hábitos digitales. Lo que antes era un ejercicio cotidiano en escuelas y hogares, hoy se ve desplazado por el consumo rápido de contenidos audiovisuales y el uso extendido de dispositivos electrónicos.
De acuerdo con un informe de la UNESCO, la lectura en voz alta favorece la comprensión, la memoria y el desarrollo del lenguaje, además de fortalecer vínculos familiares y comunitarios. Sin embargo, estudios recientes muestran que cada vez menos niños y jóvenes participan en esta práctica, lo que preocupa a educadores y psicólogos.
La irrupción de las pantallas ha transformado los hábitos de lectura. Los dispositivos móviles ofrecen inmediatez y entretenimiento, pero también fomentan la lectura fragmentada y silenciosa. “El problema no es la tecnología en sí, sino el abandono de una tradición que potencia la imaginación y la capacidad crítica”, señaló la pedagoga española María José Rodríguez en declaraciones recogidas por El País.
En las escuelas, los docentes reconocen que la lectura en voz alta ha perdido espacio frente a metodologías más visuales. Sin embargo, expertos insisten en que recuperar esta práctica es clave para mejorar la atención y la expresión oral de los estudiantes. Además, leer en voz alta en casa fortalece la relación entre padres e hijos, creando momentos de aprendizaje compartido.
La tendencia plantea un desafío cultural: cómo equilibrar el uso de pantallas con la preservación de hábitos que han demostrado beneficios duraderos. Organismos internacionales recomiendan incluir programas de lectura en voz alta en currículos escolares y campañas públicas que promuevan la lectura como actividad social y no solo individual.