Mensaje de la Editora «El matrimonio es para amar, y amar es una decisión, no un sentimiento.»
Con frecuencia tomamos decisiones a la ligera, sin percatarnos de sus consecuencias. La prisa con que llevamos la vida, o la superficialidad de nuestros pensamientos, no permiten el momento de reflexión, antes de tomar una decisión, sobre todo aquellas, que nos afectarán para toda la vida. Una de ellas es el matrimonio.
Cuando tomamos la decisión de unirnos «para toda la vida» a otro ser humano, deberíamos haber meditado y reflexionado seriamente en todo lo que ello conlleva. Pero lamentablemente, la decisión de casarse responde en ocasiones más a la ilusión de toda la parafernalia que esta involucra, que a las verdaderas razones que lo hacen un compartir la vida, día a día, en las buenas y en las malas, con la persona que hemos escogido como pareja. Una decisión que involucrará la parte más vital de la sobrevivencia, que es la conformación de las familias. Muchas parejas solo atinan a decir que están enamoradas y ciertamente el amor transita sigiloso los caminos de los seres humanos, pero no siempre se asienta en ellos. Para acunar el amor, hay que aprender a amar. Y luego, para compartirlo, hay que tomar la decisión de que el amor prime sobre todo egoismo, desavenencia o tiempo.
Porque el amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga, traiga problemas. El amor ama hoy y mañana. El capricho solo lo hace hoy. Es por ello que vemos tantos supuestos «amores» desmoronarse, porque lo cierto es que no estaban cimentados en un verdadero amor.
Quevedo afirmó: «Si quieres ser amado, ama». Y por supuesto que tiene razón. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz.
La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. Esta es la culminación del amor y ciertamente, el inicio de una vida plena, porque el amor matrimonial es como una fogata: se apaga si no la alimentas. En consecuencia, detengámonos un momento para reflexionar en cada una de nuestras relaciones, sean cortas o largas, o sean acunadas con ilusión para un futuro cercano. Una regla que nunca falla es el termometro del amor. Cada acción, por más sencilla que sea, desde un saludo, una queja, un juicio acelerado, un diálogo abierto, debe ser evaluada con el termometro del amor. Si asi lo hacemos, estaremos dándonos cuenta de cuán egoistas solemos ser, muchas veces sin darnos cuenta. Porque el amor frena la ira, despoja el odio, refrena la lengua desbocada y alimenta el espíritu con el perdón. Ciertamente, para perdonar necesitamos sentir y dar amor. En consecuencia, hay que asumir que en la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto. Porque es fácil ser coherente algunos dias, pero correcto es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la alegría, correcto es serlo en la de la tribulación. Y la coherencia que dura a lo largo de toda la vida se llama fidelidad. Una palabra clave en la vida de las parejas. Un sentimiento que no es espontáneo sino que se sazona y se abona con la entrega. Un sentimiento que quizás empieza con el «Si, quiero» frente al sacerdote o el juez civil, y permanece sólo bajo la decisión de amar de la pareja. Porque el amar es empezar a decir «siempre» y en adelante no volver a decir «nunca».
En esta edición especial de NOVIAS, hemos tocado el tema de «Novias de Ayer y de Hoy», haciendo un análisis gráfico de las similitudes de los símbolos y la tradición de las costumbres, que no han sucumbido a los excesos de la post modernidad. Un día especial y único en la vida de las parejas, a quienes dedicamos este contenido, lleno de información, sugerencias e historia. ¡Disfuténlo!
Hasta la próxima y que Dios los bendiga,