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EFE. REPORTAJE. Aún quedan destinos por descubrir. Aún es posible allegarse hasta una playa virgen, coronar un monte en solitario, bucear entre arrecifes de coral inexplorados. Aún cabe encontrar un remoto poblado tradicional o vestigios coloniales olvidados… sólo hay que atreverse a dar un paso más allá: bienvenido a Timor Oriental.

En el rosario de islas que se desgrana entre el vientre de Asia y el norte de Australia, entre los océanos Índico y Pacífico, se encuentra Timor Oriental, uno de los países más jóvenes y desconocidos del planeta.

Apartado de las rutas más trilladas del turismo internacional, esta pequeña nación ofrece paisajes naturales y humanos increíbles aptos para todo aquel que busque ceder algunas de sus comodidades a cambio de aliñar su viaje con una buena dosis de aventura.

Nacido en 2002, Timor Oriental ocupa cerca de 15,000 kilómetros cuadrados -un tamaño similar a Las Bahamas o Montenegro- de una isla compartida con la vecina Indonesia, así como un par de islotes menores. Allí conviven 16 grupos étnicos distintos, la mayoría con tradiciones e idiomas propios, como los tetun, los mambai, los fataluku o los galoli. Durante más de cuatro siglos, Timor Oriental fue uno de los principales enclaves comerciales portugueses en Asia. La codiciada madera de sándalo era el tesoro que escondía esta distante pieza de su imperio de ultramar. Pero a diferencia de otras regiones, Timor quedó muchas veces relegado en el olvido de Lisboa.

Independiente desde 1999. Tres meses después, y con el respaldo indispensable de Estados Unidos y Australia, el ejército indonesio invadió Timor Oriental. Eran los años de la Guerra Fría, Washington acababa de abandonar la desastrosa campaña de Vietnam

Algunos llegaron a hablar del establecimiento de una “nueva Cuba” en Asia.

La dominación duró 24 años. La independencia no llegaría hasta 1999, cuando la presión internacional por los desmanes de Indonesia, azuzada por sucesos como la Masacre de Santa Cruz.

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Aires coloniales
El único bullicio puede encontrarse en los mercados de verduras o “tais” -un apreciado tejido artesanal- y, las tardes de los fines de semana, en la playa.

Una visita somera a la mayor ciudad de Timor no debe dejar de lado la estatua de Cristo Rey, levantada en un alto en el extremo oriental de la capital; la antigua sede del Gobernador; el Hotel Turismo; la vieja Cámara de Comercio china; la catedral de la Inmaculada Concepción, que es la mayor del Sudeste Asiático, y la iglesia de Motael.

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