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Estrategia coherente

BCRD y Hacienda: alineados ante choque externo

Tanto el Banco Central como el Ministerio de Hacienda han venido retirando liquidez del sistema mediante colocaciones de deuda

Banco Central

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Mario Mendez
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A diciembre de 2025, la tasa activa promedio ponderada de la banca múltiple había descendido hasta aproximadamente 13.2% anual —desde 14.24% en diciembre de 2024 —, según datos del Banco Central de la República Dominicana. De igual forma, la tasa pasiva promedio ponderada se situó en torno al 6.0% anual. Este comportamiento reflejaba, con claridad, una reducción en el costo del crédito hacia el ocaso de ese año.

Sin embargo, en 2026 la tendencia pareció tomar un leve giro: la tasa activa promedio ponderada se ubicó en 13.28% para la banca múltiple en marzo, mientras que la pasiva ascendió a 6.28%. Un movimiento sutil, pero revelador, especialmente en el caso de la tasa pasiva, que insinúa un cambio en las corrientes subyacentes del sistema financiero.

¿Qué ha impulsado esta inflexión? ¿Se trata de una falta de coordinación entre el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, o más bien de un viraje deliberado en las prioridades de política económica?

Los datos invitan a descartar la primera hipótesis. Tanto el Banco Central como el Ministerio de Hacienda de la República Dominicana han venido retirando liquidez del sistema mediante colocaciones de deuda. Así lo evidencia el hecho de que Hacienda haya absorbido cerca de RD$100,000 millones en apenas un mes, mientras que el Banco Central, por su parte, colocó el 18 de marzo unos RD$10,000 millones en notas a una tasa promedio ponderada de 10.07%.

Si bien en marzo confluyeron varias subastas de Hacienda que incidieron en las tasas, ello no constituye, necesariamente, un síntoma de descoordinación estructural. Más bien sugiere una sincronía tácita frente a un entorno que exige mayor cautela. Ambos actores, lejos de transitar caminos divergentes, convergen en un mismo destino: menor liquidez y mayores tasas de interés.

¿Qué ha cambiado, entonces? El telón de fondo. A inicios de 2026, cuando el crecimiento mostraba signos de debilidad (en torno al 2.1%), la prioridad era dinamizar la economía, lo que justificaba una política de tasas más bajas. Hoy, en cambio, el escenario internacional se ha tornado más áspero. La guerra en el Medio Oriente irrumpe como un factor de incertidumbre, acompañado de presiones sobre los precios —particularmente en energía— y un clima global menos predecible.

Ante estas amenazas, capaces de empujar la inflación por encima de su cauce objetivo, la brújula de la política económica se reorienta. La prioridad ya no es estimular, sino contener; no expandir, sino preservar. Y ese giro exige, inevitablemente, el endurecimiento de las condiciones monetarias: tasas al alza y liquidez en retirada.

Todo apunta, en suma, a una estrategia coherente, no a un juego de fuerzas contrapuestas. De existir descoordinación, observaríamos señales en direcciones opuestas: una institución inyectando liquidez mientras la otra la drena. Pero no es el caso. Aquí, ambas manos del Estado se mueven al unísono, restringiendo el flujo monetario en defensa de la estabilidad macroeconómica.

Sobre el autor
Mario Mendez

Mario Mendez

Licenciado en Economía, del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), con más de 40 años de ejercicio en el periódico HOY.

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